Pueblo que no lee el pretérito, está perpetuaado en la ignorancia; lo que hace serlo un cuerpo sin densidad histórica

"Por hábito de historiador, yo estudio siempre el pasado, pero es para buscar en el pasado el origen del presente y para encontrar en las tradiciones de mi país nuevas energías con que continuar la obra de preparar el porvenir" (José Gil Fortoul, historiador, 1861-1934).

Aunque parezca una retórica más, en este diálogo sin interlocutor, no pretendo subestimar la conducta de nuestro pueblo que, en Lato Sensu, es el alma viva de Venezuela; vivaz, noble, confiado e inteligente en grado sumo. No obstante, considero que, como elemento activo de la sociedad, debemos ayudarle, ni que olvide su historia, sino que cavile sobre sí mismo, su entorno, sus deberes; y poder consolidar su destino. En estos momentos de grandes dificultades; la hora que nos corresponde vivir, a mi juicio, no es para perder las esperanzas; pero tampoco perder los principios, nuestras creencias, valores; y no dejarnos llevar por ideales desamparados y baja autoestima. Que no nos inunde la crisis de la desesperación. Además de la actitud espiritual, debemos armarnos del conocimiento histórico; para saber de dónde venimos y hacia dónde vamos.

Mis invisibles aporreahabientes, esto lo traigo a colación en vista de la ocasión de los eventos pasados, en la frontera con nuestra hermana Colombia, donde la supuesta ayuda humanitaria que se transformó en auxilio deshumanitario, dio mucho qué hablar dentro y fuera de nuestra amada Nación. Episodios que fueron la luz del día de los grandes medios de comunicación social impresos, radiales y televisivos; aunado a ellos, la gran activación de las redes sociales que pulularon como hormigas en un terrón de azúcar. Está demás decirlo, pero usted lo sabe mejor que este pecador; fue un fin de semana que parecía que no tenía fin. Las contenciones entre el oficialismo y el sector de la oposición se recrudecieron al máximo. La razón y la barbarie se fusionaron en un mismo cuerpo. Los contendores como púgiles, lanzaban puñetazos cada quien desde el cuadrilátero.

Lo cierto de todo fue, que a los días siguientes de los acontecimientos, me encontraba en un sector determinado de la población de Cagua. En el ínterin que esperaba al técnico que me había reparado una bomba de agua; me acerqué hasta una venta de chucherías que estaba cerquita. Después de degustar un sabroso cafecito, entré en calor de la conversación con los dueños del tarantín; de pronto empezaron a referirse a los episodios en los puentes fronterizos. Durante el desarrollo de la misma; una de las almas que allí estaba, me pregunta: "¿¡Qué piensa usted señor, de todo esto!?" Le riposto de una manera objetiva; dándole mis puntos de vista de una manera didáctica, empleando términos que toda la ciudadanía debe saber, como: Conceptos de soberanía, Nación, Estado, etc. Una señora con aires de tibieza, me increpa: "¿¡Usted, cómo que es Chavista!?".

Creo que todos los que estaban allí, esperaban una respuesta incontinenti. Le respondí que, "sí", simpatizaba con la filosofía Chavista; no obstante, mis sentencias no correspondían a una ideología partidista, sino que eran definiciones que todo compatriota debería saber por sentido de pertenencia a su país. No necesariamente tenían que ser politólogos, políticos activos o abogados. Y que para argumentar cuestiones de esa naturaleza, tenían que poseer ciertos conocimientos fundamentales; ya que no podía defenderse una posición determinada con apasionamientos viscerales y conductas compulsivas. Sutilmente, continué con mis proposiciones a lo conducente; tratando de, no convencerlos, sino que al menos, intentaran despejar sus propias conclusiones. Noté que varios de los presentes, fueron retirándose progresivamente, calladitos.

A mi modo de ver las cosas, dentro de tantas crisis que pueden ocurrirle a una Nación, creo que debe considerarse la crisis literaria. Esa carestía de la lectura por saber de nuestros antepasados, nuestras gestas emancipadoras, tradiciones, costumbres y ese bagaje axiológico que nos ha consolidado como pueblo. Pienso, que esa falta de atadura entre el lector y su ambiente nacional, en cierta medida nos ha hecho mucho daño. Mientras no logremos asimilar nuestra propia historia, estimo que será difícil incorporar a nuestro acervo de base nuevos valores de la cultura. En las lecturas de nuestra historia deben estar encajados -pienso yo- esos factores de hechos constructivos que han valorizado y le han dado forma a nuestra nacionalidad. La poderosa razón del tiempo, en algún momento nos otorgará ese tesoro que forma parte de la conciencia nacional.

Ahora bien, considero, que esta conciencia deberá ir desarrollándose desde la infancia. Aunque las nuevas generaciones estén siendo bombardeadas por la tecnología y culturas foráneas, sin subestimar ambos elementos; no debe perderse, por ningún momento la enseñanza de nuestros valores históricos, no solamente para rellenar requisitos en efemérides, sino para darle sentido patriótico, espíritu de venezolanidad, esta gran empresa que tanto sacrificio costó. Aprender del pasado todo lo generoso que pudo habernos acreditado; y que hoy, a pesar, de las dificultades saber llevar en nuestras responsabilidades con orgullo el conocimiento en nuestro presente. Por ello, considero que todo compatriota niño, adulto, anciano, hombre, mujer, etc. no deben ver la historia de nuestra patria como un pasatiempo más. Debemos impregnarnos de densidad histórica.

guaicaipuro14@hotmail.com



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