El post colapso

Ya no fueron las iguanas dotadas de increíbles habilidades para el sabotaje, tampoco la impericia técnica de un mono; las ardillas no figuran en esta nueva trama de ataque imperialista, ni el niño ni la niña, ahora la retórica del régimen da un paso adelante y se adentra mucho más en su mundo de fantasías, en su frenética y cínica batalla comunicacional para tratar de engañar al pueblo venezolano, para desviar la atención, en procura de ocultar lo que a todas luces ha sido un paso más hacia el desastre definitivo, hacia la destrucción de lo que queda de nuestro país. Ahora los "culpables" utilizan modernas tecnologías para "destruir" el sistema eléctrico nacional, desde algún laboratorio en Chicago o Houston nos mandan sus cargas electromagnéticas para someternos a la oscuridad y al caos, si esto no da los resultados esperados el imperio seguramente ya tiene preparado un plan aún más ambicioso: el próximo ataque contara con la participación de aliens, marcianos y porque no, goku y las chicas súper poderosas.

No estoy seguro si el título de este articulo sea el adecuado para el momento que vive Venezuela, sobre todo porque todo apunta a que el colapso apenas comienza, que tal vez, como dijo Delcy, esto es apenas una pequeña muestra de lo que está por ocurrir, incluso, si nos referimos al gran apagón, es algo que aún se encuentra en pleno desarrollo, ya que, en muchas regiones del país la ausencia del servicio ya se prolonga por más de 100 horas: más de 100 horas de oscuridad, caos y muerte, donde la cara más grotesca de lo que significa el régimen de Nicolás Maduro se ha presentado ante el mundo, sin tapujos, sin ningún atisbo de misericordia por sus compatriotas que padecen la tragedia más grande en la historia reciente de América Latina.

Nicolás Maduro y sus principales colaboradores sufren una especie de megalomanía compulsiva tipo paranoia, se mueven en la irrealidad, en esa especie de mundo paralelo que se han creado para desentenderse de los venezolanos y del mundo; negar lo innegable ya forma parte de su rutina cotidiana, de su modus vivendi; mienten con desparpajo, ya no les importa el que dirán, cuidar las formas tampoco les preocupa, juegan su propio juego, donde no hay más participantes que ellos mismos.

El gran apagón ocurrido en el país nos demuestra adonde son capaces de llegar; el hecho de no asumir ningún tipo de responsabilidad ante semejante tragedia los deja desnudos en toda su miseria, en toda su perversidad, la capacidad de asombro siempre se queda corta con este régimen nefasto y criminal, son maestros en escurrir el bulto, se han pasado el último lustro inventando enemigos para culparlos de sus propias falencias, para endilgarles su suprema mediocridad y su falta absoluta de probidad y eficiencia. El discurso del sabotaje permanente es su escudo, su perfecta táctica defensiva; los miles de millones de dólares destinados al mantenimiento e inversión en el sector eléctrico jamás existieron, desaparecieron sin más, como por arte de magia, como un truco visual de David Copperfield, Jesse convertido en Aladino con lámpara y todo.

El régimen de Maduro no tiene la capacidad para restablecer el sistema eléctrico al 100%, ni mucho menos mejorarlo, la falta de inversión es lo que nos ha llevado a este colapso, además, existe el problema adicional de que, la mayor parte del personal técnico especializado se ha ido del país producto de la severa crisis económica, lo cual nos deja un escenario dantesco; ya el propio Maduro hablo de que el pueblo tiene que equiparse con linternas y velas, también almacenar agua, así será de grave la situación que son capaces de recomendar semejantes tips de sobrevivencia. El futuro inmediato se presenta muy sombrío, lúgubre, como las oscuras noches sin luz eléctrica, como el corazón de los que usurpan Miraflores.

El colapso del servicio eléctrico en Venezuela fue de tal magnitud que no tiene parangón en el siglo xxi, un hecho como este ni siquiera ha ocurrido en países como Haití, reconocido como el más pobre del hemisferio occidental, ni en África; semejante desastre solo podría tener un foco de comparación con una nación en guerra, que no es el caso venezolano, aunque los indicadores sociales y económicos no distan mucho de un país arrasado por un conflicto bélico.

Varias zonas del país pueden considerarse tierra arrasada, en el Zulia por ejemplo fueron saqueados más de 400 establecimientos, la gente desesperada busca lo que el régimen es incapaz de proporcionar; una especie de gigantesco sálvese quien pueda, el pueblo no va a claudicar sin dar la pelea.

Venezuela entera es una convulsión social, una tragedia, los hospitales no tienen luz ni agua, no se sabe a ciencia cierta cuantas personas han muerto producto del apagón, pero sin duda la cifra debe rondar por varias centenas, y puede seguir aumentando en la medida que el problema no se resuelva, lo que se antoja como imposible mientras Maduro siga ejerciendo el poder de facto en Miraflores. Solo la caída del régimen nos garantiza poner punto final al caos que ellos han generado con su corrupción, indolencia e incapacidad.

Las pérdidas económicas a causa del apagón son millonarias: miles de comerciantes quebrados, millones de familias que vieron como sus artículos no perecederos terminaban descomponiéndose sin poder hacer nada para evitarlo, miles de negocios saqueados por la poblada hambrienta. La peor cara de Venezuela, la cara de la Venezuela que ha construido Nicolás Maduro ladrillo por ladrillo.

El régimen no tiene forma de controlar nada, ya solo actúa por reacción, por natural instinto de supervivencia. Como toda dictadura en su etapa final el madurismo enfila sus baterías contra todo vestigio de democracia: reprime con saña a quienes reclaman sus derechos, encarcela opositores y periodistas, mientras condena a millones a vivir en condiciones miserables. La violencia se ha convertido en su única estrategia, el mismo Maduro ordeno en cadena nacional la activación de sus colectivos, ya sabemos que significa eso. Sin embargo, a pesar de este complejo escenario la Venezuela que sueña en grande se la juega toda, sabe que el futuro depende de salir airosos de esta turbulencia; ya Juan Guaido marco la ruta, que no es otra que la conquista del poder a través de la insubordinación popular, el desconocimiento del régimen, la protesta pacífica: cada venezolano debe convertirse en guardián de la democracia, en defensor de su futuro, en paladín de su esperanza. Se vienen momentos muy difíciles, momentos de crisis, momentos de represión, donde el miedo intentara subyugarte, donde la barbarie echara el resto, momentos donde la fe inquebrantable de la mayoría tiene la obligación histórica de imponer condiciones.

El momento es ahora, el régimen, aunque moribundo todavía es peligroso, se defenderá con lo poco que le queda, la cúpula de las FANB y sus paramilitares; los sectores democráticos cuentan con un líder que unifico al país en un solo objetivo, además, se cuenta con un rotundo respaldo internacional, y la profunda vocación de libertad del pueblo venezolano. Repito, el momento es ahora, las próximas acciones de calle deben ser rotundas, contundentes, hasta que el sátrapa se vaya, una manifestación masiva y multitudinaria, sin retorno, en ello está mucho más que el rescate de la democracia, se trata de la existencia misma de Venezuela como nación. Si no asumimos con fervor el compromiso que tenemos será el final, será el apocalipsis.

Leisserrebolledo76@gmail.com

 

 



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