Binóculo Nº 334

El pueblo y la maldición del gas

Apenas la semana pasada publiqué un reportaje para el semanario Notitarde, en el que los vecinos de diferentes comunidades estaban pagando hasta 200 soberanos por una bombona de gas de 10 kilogramos. Es decir, veinte millones de los fuertes o de los recién sacados de circulación. Ya era una grosería pagar ese monto, cuando, en ausencia de una política de sinceración de precios, esa bombonita cuesta, según el gobierno, 20 bolívares de los viejos, es decir, 0,0002 bolívares soberanos. No hay moneda para pagar eso. Ya puede imaginar el lector cuánto paga quien tiene una bombona de 47 kilos, si es que la consigue.

Pues cuál sería mi sorpresa que, en Flor Amarillo, este sábado 24 en la tarde, antes de ayer apenas, una gigantesca comunidad del sureste de Valencia, generó un serio conato de violencia, cuando al menos unas 500 personas que hacen colas desde días anteriores, se encontraron con que los bachaqueros estaban vendiendo esa bombonita de diez kilos en nada menos que mil soberanos, es decir, cien millones de bolívares fuertes.

Vamos a hacer memoria. Por siempre la distribución de gas estuvo en manos de privados, que fundamentalmente controlaron los españoles canarios. Había muchas empresas registradas en Pdvsa, que se responsabilizaban de distribuir el gas. Algunas empresas incluso, tenían instalados llenaderos directos, que eran cargados por la estatal petrolera y la compañía simplemente se encargaba de llenar sus bombonas, marcadas con sus distintivos. En términos reales, una bombona de gas nunca costó nada o demasiado poco, es decir, no significaba una carga familiar. Y, además, bastaba que uno levantara el teléfono y llamara a su distribuidor, para que, en un máximo de tres días, estuviera el camión con la bombona en la puerta de su casa.

Todos sabemos que el gas no cuesta nada en el caso de esta nación. Y que, además, Venezuela está entre los cinco países con las mayores reservas. Algunos conocedores de la materia, aseguran que tenemos gas para 700 años. Vale decir, que aun cuando hay que pagar los costos operacionales, la venta de gas no solo pagaría esos costos, sino que dejaría ganancias. Y en la última propuesta de Chávez sobre el tema, estaba eliminar la venta de gasolina en Venezuela y que todo el mundo circulara con vehículos a gas. Por ello todas las estaciones de servicio comenzaron a instalar islas adicionales para el suministro de gas de manera gratuita. Y, además, hubo una política de instalación de bombonas y dispositivos en todos los vehículos, pero gratis. Debo aclarar que nada de eso existe en este momento. Incluso se fabricaron unas muy pocas bombonas de fibras y plástico de un proyecto que había para sustituir a las de metal.

Fue el mismo Chávez quien se preocupó porque la gente tuviera gas de manera directa, porque no solamente está en las entrañas de mi amado país, sino porque es un derecho del pueblo, razón por la cual se diseñó todo un proyecto que comenzó instalando tuberías directas en las comunidades. Conocí este servicio en un sector del 23 de Enero en Caracas y en una comunidad de la avenida Sesquicentenaria en Valencia. Ignoro si en estos momentos está funcionando. Es decir, la tubería llega directo a su casa y hay una especie de estación a donde se conectan todas las casas, a donde llega el surtido que a su vez es distribuido casa por casa. Era por demás, una reivindicación más del Nieto de Maisanta para el pueblo venezolano. Y las cosas comenzaron bien, para variar. Chávez en varias oportunidades cuestionó la actitud de las empresas privadas por el cobro del gas que a su juicio le parecía excesivo, por lo que significaba un robo a los consumidores. Si estuviera vivo y viera los precios.

Y en aras de construir una colectivización de la sociedad, también el tema del gas se incorporó a ese montón de estructuras y organismos que hay en las comunidades y que ni el gobierno ni el partido les paran bolas, bajo la figura de Mesa Técnica del Gas.

Desde allí hasta el día de hoy, tener gas es, literalmente, una tragedia. Basta con circular por las comunidades para ver enormes colas de gente que llevan días esperando que llegue un camión con una bombona de gas. Al igual que el cuento de Cortázar "La autopista sur" la gente ha desarrollado una vida en medio de esa calamidad. Los vecinos se cuentan sus tragedias en aras de encontrar, quizás, una historia menos trágica que la de ellos a fin de que llegue el consuelo. "Aquí llegan hasta diez policías con una camioneta y les despachan gas para el comisario, el inspector, el jefe y todo el mundo. Esos malditos no hacen cola y uno no puede arrecharse y reclamar porque en seguida te quieren joder", me comentó Andrés. "Y los guardias son iguales. Esos coños de su madre dizque guardias bolivarianos y lo que están es para robar y que le den el gas gratis", le ripostó Yelitza, quien tenía un sute mocoso y llorón en brazos.

La gente incluso incorporó en su horario el turno para obtener el gas. "Mañana me toca y voy a hacer la cola a las dos de la mañana, para ver si salgo a las once. Voy a aprovechar que me pagaron la pensión", me dijo Raúl.

El cuento ahora es así. Las mafias que negocian con el gas, tienen negocios con los despachadores y con los administradores del combustible, donde, por supuesto, están metidos los militares, quienes tienen control de todo lo atinente a Pdvsa. Lo convirtieron en un negocio tan impresionante que la putrefacción llegó a las zonas altas de la sociedad. "Donde viven los ricos" como dicen los humildes. Por ejemplo, los habitantes de un edificio, que reciben gas directo de una bombona de 25 mil litros instalada en las áreas comunes, no es llenada en un lapso de dos semanas. Los residentes deciden pagar lo que los llenadores cobran. Entre cinco y diez mil soberanos, más el pago legal por la carga. Es decir, que los vecinos deben pagar esa coima, o si no, no tienen gas. "No señora, esa plata no es para nosotros, sino para la gente allá adentro", le confesó un chofer a una dirigente de una junta de condominio.

Y otra de las modalidades de la corrupción, es que las Mesas Técnicas, elaboran una lista de los beneficiarios de la comunidad. Los transportistas toman esta lista, cargan el gas sobre los datos de esa lista y le venden el gas a otra comunidad, todo a precio de bachaquero. Y, además, en algunas comunidades hay gente que por apoyo interno en Pdvsa, o de algún poderoso del gobierno, recibe unas 200 bombonas de manera directa que vende al precio que le da la gana, pasando por encima de la Mesa Técnica de la comunidad, que vende al precio regulado.

De tal manera que las intenciones de Chávez, de darle felicidad a su pueblo, cayó en la desgracia de ver madres sentadas en una acera, con niños hambrientos y llorando, que han hecho colas por tres días, para ver si con la llegada del próximo camión, le toca la fortuna de obtener su bombona. Hasta tienen una filosofía de la vida, como Yurma, quien vive en el barrio La Cochinera de Miguel Peña: "Bueno, a veces me siento triste porque no sé qué hacer y me da lástima con los niños. Pero a veces hasta me digo, bueno y para qué me van a dar la bombona, si no tengo qué cocinar".

Caminito de hormigas…

De 90 profesores que habían en el liceo Carabobo en Valencia, solo quedan 25, los demás se fueron del país… Están promoviendo a los alumnos en los liceos, sin que hayan visto la materia por falta de profesor. "A mi hija la pasaron de tercer año para cuarto, sin que viera cinco materias por falta de profesores", me comentó un profesor de un liceo del sur de Valencia.



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Rafael Rodríguez Olmos

Periodista, analista político, profesor universitario y articulista. Desde hace nueve años mantiene su programa de radio ¿Aquí no es así?, que se transmite en Valencia por Tecnológica 93.7 FM.

 rafaelolmos101@gmail.com      @aureliano2327

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