Rosales: Un producto del deterioro

Los discursos y la práctica proselitista de Manuel Rosales descubren una de las razones de la caída del puntofijismo. Recordemos que el actual gobernador del Zulia es adeco, aunque haya dejado de militar en Acción Democrática (AD). Es un representante del resultado final de todo un proceso degenerativo, que se inició en 1959 con la presidencia de Rómulo Betancourt, que tenía como antecedente al gobierno adeco del trienio 1945-48, luego del cruento golpe de Estado que derrocó al entonces Presidente Constitucional, general Medina Angarita.

Aunque fue corto su período de gobierno, demostraron con claridad quiénes eran y cuáles sus procedimientos. Autoritarios, represivos, sectarios, intolerantes y violentos en las luchas sindicales y políticas, aparte de tener un gusto particular por el erario público. Su hegemonía en el movimiento obrero la construyeron a través del asalto violento, con sus bandas armadas, a las sedes sindicales que les eran adversas, la mayoría en manos del Partido Comunista. Los dos primeros gobiernos de AD luego de 1958 fueron una lamentable profundización de estas prácticas.

La lucha contra Pérez Jiménez, sin embargo, les permitió organizarse y tener una vanguardia de gente valiosa y talentosa, la cual más temprano que tarde los abandona en divisiones que dieron nacimiento a otros grupos partidistas. A partir de entonces, AD queda sin dirigentes y militantes de talla, por lo que las posiciones de comando fueron cubiertas por los mediocres, los borrachos, los Lusinchi, los Ramos Allup, los Ledesma, los Ciliberto, los Ávila Vivas y los Alfaro. Bien lejos quedaron Gallegos, Prieto, Sáez Mérida, Paz Galarraga y otros.

Rosales es el resultado de ese proceso degenerativo, que terminó apartando a los pocos que hubieran podido mantener una cierta decencia organizativa y política. Por eso su pobreza intelectual, su ignorancia, la carencia de contenido de sus discursos, sus contradicciones, sus equivocaciones y confusiones, sus proposiciones demagógicas, su discurso plano y repetitivo, su hablar tartamudeante y su ausencia de afectividad. Uno no se explica cómo ha ganado dos veces las elecciones de gobernador en el estado Zulia, algo digno de ser estudiado y analizado profundamente.

Últimas Noticias, pp 70, 8-11-2006, Caracas.


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Luis Fuenmayor Toro


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