Escritos en revolución

III congreso y la juventud

Extraña y preocupa que nuestros jóvenes progresistas y revolucionarios, en el 3er Congreso que les convoca a la discusión de las políticas y preocupaciones socioeconómicas del país, olviden, renieguen o silencien el tema de la corrupción. O, en todo caso, no jerarquizan, la corrupción, en una Línea de Acción para el debate previsto.

Si partimos de la premisa "los jóvenes son la fuerza activa para la transformación del Estado", urge entonces bien administrar el debate y la lucha para que no los sorprenda las arrugas de la utopía; y, al volver la mirada al espejo de lo andado, se encuentren con el mismo Estado y los mismos males. Hasta ahora se ha impuesto en su accionar, la moda discursiva, el arribo al poder para la sumisión y no para la rebeldía (revolucionaria), el temor a la denuncia y la autocrítica, la masa en movimiento y la idea inerte, sin acción. La excepción, cabe en un metro cuadrado.

Sin obviar la importancia de discutir las seis líneas de acciones acordadas (o impuestas), por la dinámica mediática y la necesidad de atender siempre la batalla opositora y contrarrevolucionaria, para contrarrestarla y vencer, es impostergable afinar la lucha para la verdadera transformación. No se trata tan sólo de mantener en la cúpula del poder político al partido o de promover a cargos ministeriales a jóvenes activistas; eso es fundamental, pero no es la victoria sobre todo cuando aquel partido y estos jóvenes se corroen, y por comisión u omisión se hacen cómplices de la corrupción que ha reinado en el país desde tiempos adeco-copeyanos.

Y no habrá transformación del Estado si no nos decidimos con verdadera voluntad a atacar la corrupción, en cualquier nivel donde esté enquistada o pretenda anidarse (así en PDVSA, como en los Claps; en los que se fueron del Ministerio Público, como en los que se quedaron; en los Ministros que traicionaron, como en los que aún traicionan; en los Jueces y tribunales que lanzaron billetes por una ventana, como en los que se quedan con dólares en sus manos por una sentencia). Es una lucha urgente y primera, porque es moral y cultural; y la revolución si no es cultural y moral, no es revolución. Afuera está el imperio y el capitalismo, con sus armas económicas y de plomo; pero, adentro, la inercia y el arribismo, el silencio cómplice y la corrupción.

Los jóvenes revolucionarios deben enseñar, mostrarse en el amor al otro, con consciencia humilde de la otroriedad; corrigiendo y superando las expectativas creadas en su entorno socio político. Bastante hay que defender de lo logrado hasta ahora: en palabras del camarada Elías jagua, "éramos el país más desigual en la distribución de su ingreso para 1998, pero para el 2016 estamos entre los primeros lugares en la distribución del ingreso…", rescate del sistema público y gratuito de la educación en todos sus niveles, analfabetismo "cero", cien por ciento de las personas en edad de jubilación con pensiones dignas (aunque mejorables), política de protección del salario de los trabajadores, asignación de viviendas a la población humilde, etc; pero mucho más es lo que queda por hacer.


Que no muera la sonrisa joven en el letargo de la inmoralidad. Es tiempo de vencer la traición aquella que mandó descamisado a la muerte a Bolívar; e inoculó el cáncer, a Chávez.


Es tiempo de transformar. Hagamos revolución.


Venceremos!
 

Twitter: @raulrreges

Correo: rrreges@hotmail.com



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