Los Valentino Gravani de Jorge Rodríguez vs los zapatos rotos del Profesor José Ibarra

La justicia social que pregonó Hugo Chávez durante los 14 años que estuvo en el poder, más los 5 que tiene Maduro usurpando el mismo puesto, quedaron hecho añicos gracias a la travesura de alguien que se tomó la molestia de retratar en los pies del psiquiatra, y mano derecha del presidente, la ostentación del mundo en que viven los jerarcas del régimen, mientras el resto de Venezuela se hunde cada día en la más degradante de las miserias.

Los impecables zapatos rojos de la marca del diseñador Valentino Gravani, han resultado ser mucho más que una simple exhibición de lujo y opulencia desmedida por parte de uno de los más connotados miembros de la cúpula impuesta a hambre y fuego sobre Venezuela, más bien representa una muestra clara e inequívoca de los dos países que se yuxtaponen sobre un mismo espacio geográfico sin siquiera llegar a rozarse, dos caras de Venezuela totalmente distintas, sin posibilidades de reencontrarse en el corto tiempo, escindidas de facto por los que quieren gobernarla sobre sus ruinas y miedos.

Ni en los tiempos de la muy mentada cuarta república llegó a producirse semejante desproporción entre el extracto mas privilegiado de la sociedad y las grandes mayorías empobrecidas, la oligarquía puntofijista se quedó como un indefenso niño de pecho ante la nueva elite que saqueo a Venezuela en tiempo record, sin ningún tipo de pudor ni consideración. Jamás un discurso tuvo tan poca relación con la praxis; para ellos, ser rico no ha resultado tan malo después de todo, poco les importa si el camello puede entrar, o no, por el ojo de la aguja, para la cúpula madurista eso es algo irrelevante. Que los ricos no puedan entrar al reino de los cielos tampoco les preocupa, su dinero se encargará que ese paraíso tenga su dirección y código postal aquí en la tierra.

Jorge Rodríguez, es tan solo una de las caras más visibles de un régimen corrupto que no tiene ningún problema en restregarnos por la cara cuanto disfrutan de las mieles del poder, es un personaje siniestro y cínico, cargado de un resentimiento social de vieja data; como lo confeso su hermana Delcy Eloina, hace pocos días en una entrevista televisiva: "la revolución es nuestra venganza personal". Jorge es megalómano, de eso no hay dudas, su sonrisa sardónica es una bofetada perpetua contra una nación humillada y golpeada hasta la saciedad, este Rasputín tropical se ha ganado a pulso su espacio en el templo de los más abominables actores de la política venezolana de todos los tiempos. Sus Valentino Gravani de 800 dólares, no son más que la continuidad de su perfecto manual de vejación, tomando en cuenta que, con esa cantidad de dinero se podría cancelar el salario mínimo más cesta ticket de por lo menos 500 trabajadores venezolanos, alimentar a cientos de niños desnutridos, y comprar varias decenas de pares de zapatos para que profesores universitarios como José Ibarra puedan asistir a dictar sus sesiones de clases sin que los dedos de sus pies queden expuestos a las miradas curiosas y lastimeras de sus alumnos.

Pero, los zapaticos de Jorge, son apenas un diminuto punto dentro del enorme agujero negro en que, la cúpula madurista convirtió las finanzas del estado venezolano. Es notorio y comunicacional el saqueo sistemático cometido contra el erario público nacional, es tan grande el desfalco que solo se puede hablar de aproximaciones, que, según algunos conocedores del tema podría superar los 500.000 millones de dólares, y eso siendo arriesgadamente conservadores. Los testaferros de la mafia gobernante acumularon riquezas mil millonarios en divisas a través de empresas de maletín, dinero que se encargaron de distribuir en diferentes paraísos fiscales, y en la banca de los países desarrollados del mundo. Todo empieza a salir a la luz a raíz de las sanciones de Estados Unidos, y la Unión Europea, sus ahorros mal habidos se esfuman con la misma velocidad con que llegaron, sin embargo, aún es mucho lo que queda por descubrir, y es posible que nuestra capacidad de asombro vuelva a palidecer ante la infinita codicia de quienes desgobiernan a nuestra querida Venezuela.

Encontrar a alguien que por voluntad propia prefiera ser pobre puede resultar una tarea harto complicada. El ansia de superación forma parte intrínseca de la naturaleza humana, a nadie se le puede cuestionar por querer vivir dignamente, tener una buena casa, adquirir un vehículo, o incluso, acumular capital, siempre y cuando el mismo provenga del trabajo honesto, la creatividad, o, el esfuerzo; En el mundo de hoy existen muchos ejemplos de personas que han logrado acumular fortunas increíbles gracias a su talento y astucia, a la fecha, los tres individuos más ricos del planeta crearon su fortuna a través de ideas geniales que aportaron cambios significativos a la sociedad: Jeff Bezos, fundo Amazon, una empresa de comercio electrónico que permite que, a través de Internet puedas comprar lo que quieras sin apenas moverte de tu casa u oficina; Bill Gates transformo con Microsoft la industria del software, y Mark Zuckerberg, logró con Facebook, interconectar a miles de millones de personas alrededor del mundo. ¿Qué se han beneficiado económicamente de ello? Por supuesto, enhorabuena, se lo han ganado. Lo que nadie puede justificar es que, mientras, Venezuela y su pueblo sufren una tragedia económica sin precedentes, los Maduro, los Diosdado, los Lucena, o los Rodríguez, vivan en la más fastuosa opulencia, mientras miles comen de la basura, o se ven obligados a huir de su patria, ellos, lleven estilos de vida rimbombantes. Eso es inmoral, despreciable, y no podemos permitirlo.

Por suerte, la inmoralidad, la miseria humana, y la mentira, tienen patas cortas, nadie que haya cometido crímenes y delitos escapa indemne del largo brazo de la justicia; no importa el poder que tenga, o haya tenido en un momento determinado. Los corruptos y criminales siempre terminan por caer tarde o temprano.

Jorge Rodríguez y José Ibarra tienen pocas cosas en común; el primero usa zapatos de 800 dólares, el segundo va a trabajar prácticamente descalzo, porque sus ingresos no le alcanzan para costear los 20 millones de bolívares que vale el cambio de suela; pero existe una diferencia aún más grande entre ellos, Jorge Rodríguez es un ladrón y un criminal, que es repudiado por su pueblo; en cambio, José Ibarra es un hombre honesto, que cree en una Venezuela de justicia y progreso, que tiene moral y dignidad, que es respetado por todos quienes lo conocen, así tenga los zapatos rotos, así tenga que ir descalzo a impartir sus clases en la UCV.

Leisserrebolledo76@gmail.com



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