Maduro no es guarimba ni terrorismo, lo que hay es hambre compañero

Confieso que he realizado un esfuerzo sobrehumano para escuchar al presidente Nicolás Maduro, he puesto en práctica todas las técnicas de relajación y autocontrol posibles, he probado hasta con el yoga, sentado con mis brazos extendidos lateralmente frente al televisor, sin embargo, no logro encontrar en sus elucubraciones la más mínima pista que nos pueda conducir al inicio del fin de esta tragedia que vivimos los más de treinta millones de venezolanos. No sé si estoy pecando de intransigente, desconfiado o inconformista, pero su discurso me da a entender claramente que el tipo está sumergido en otra realidad, que es habitante de otro país; que su gestión de gobierno es totalmente eficiente, donde no existen motivos para quejarse, ni mucho menos sentirse desilusionado. En su país la gente vive feliz, por ello él se divierte frente a las cámaras, nos prodiga con sus hazañas y anécdotas, nos entretiene con su buen gusto por la salsa, y sus habilidades como bailarín. En ese país mágico todo está perfecto, todo marcha bien, el hambre solo son seis letras que nadie conoce, porque sus recetas económicas nos han librado de todos esos males que padecen en otras latitudes. Gracias a dios nosotros tenemos a Nicolás.

A finales del año pasado en su cadena de salutación de fin de año a las FANB, lanzo uno de esos dardos que van directamente hacia el lugar donde se cobija el límite de la paciencia, como una especie de prestidigitador amenazo a aquellos que intentaran generar zozobra con aplicarles todo el peso de la ley, la amenaza iba dirigida expresamente a quienes en el venidero mes de enero buscarían paliar la falta de alimentos a través de los saqueos, ¿Cómo sabia Nicolás que en el nuevo año el pueblo hambriento iba a salir a buscar lo que el gobierno no puede garantizarle?, acaso sus servicios de inteligencia le advirtieron de una nueva estrategia del imperio para subvertir la paz, un nuevo sabotaje económico, pero esta vez con la complicidad de los desarrapados, alienados por el mensaje de odio de los medios de comunicación, esos mismos medios que ya ni se sienten, que no transmiten lo que pasa, que guardan un silencio cómplice, que están postrados ante la voluntad omnímoda del presidente obrero y sus alacranes.

Mientras el ciudadano de a pie se devana los sesos pensando que va a comer su familia al día siguiente, y después al siguiente, la cúpula gobernante nos enseña todo lo que necesitamos aprender sobre el cinismo, manejan las artes histriónicas con una facilidad que haría palidecer a los más connotados directores de cine; nadie habla de la crisis alimentaria, ninguno se atreve a reconocer que el pueblo está sufriendo una hambruna y falta de elementos básicos para la dignidad humana como la que presentan los países que se encuentran en guerra, ni siquiera tienen la valentía de acompañar al pueblo en esta situación trágica, como lo haría un gobernante responsable, como seguramente harían los políticos con un mínimo de decencia y amor propio. Todo ello me lleva a pensar que no estamos gobernados por políticos comunes y corrientes, en Venezuela el poder es ejercido por una mafia, y a las mafias no les importa el sufrimiento del pueblo, lo único realmente importante para ellos es llenar sus alforjas con lo que queda del menguado presupuesto público, como si ya no hubiesen defalcado a este país que cuenta con las mayores reservas de petróleo y oro en el mundo entero. Las mafias no tienen conciencia, solo codicia, solo los mueve su suprema ambición de riquezas fáciles.

La profecía de Nicolás se ha cumplido, en lo va del 2018 se han presentado en el país más de 250 manifestaciones y protestas, la mayoría de ellas con el mismo patrón; la gente protesta por hambre. En algunas ciudades proliferan los saqueos, la poblada ataca camiones cargados con alimentos, abastos, centros de acopio, y hasta se han visto casos que modestos vendedores de frutas y verduras también han sido víctimas de la desesperación de los comensales hambrientos, perdiendo con ello tal vez la única fuente de ingresos para sostener a los suyos.

La encrucijada que tenemos enfrente es terrible, el ciclo de violencia y saqueos es vez de solucionar en algo la escasez se convierte en una gran incubadora de miserias, los negocios saqueados en la mayoría de los casos ya no podrán reponer inventarios, por tanto, la crisis se agravara aún más, el desabastecimiento que ya es implacable se volverá total, un escenario catastrófico, todos los comercios con las santamarias abajo, esperando que pase la tormenta, esperando a ver si el país da un paso para salir de las tinieblas, de esta noche oscura y tenebrosa, de lo contrario nadie se arriesgara a exponer lo poco que le queda, entonces Maduro podrá cantar victoria, ya no habrán más saqueos, porque sencillamente la red de distribución será un triste recuerdo. Ya lo dijo Eduardo Galeano en su libro las venas abiertas de América Latina haciendo clara alusión a la teoría del despojo "si quieres acabar el hambre empieza eliminando a los comensales".

En días recientes también se ha hablado mucho acerca de los saqueos inducidos, de ser cierta esa teoría estaríamos hablando de la vergüenza hecho gobierno, empujar a la gente para que destruya lo poco que queda de las fuerzas productivas aparte de criminal nos revela una actitud demencial, bárbara, una conducta mercenaria para tratar de desviar la atención y endilgarle sus falencias a otros, como se ha hecho cotidiano en el último lustro, siempre existe un responsable de turno, los altos precios de los alimentos, o la inexistencia de los mismos, son producto de los comerciantes inescrupulosos que quieren tumbar al gobierno; en ese caso yo me pregunto ¿todo el sector comercial y productivo del país está jugando a quebrar sus negocios? ¿se hacen el harakiri para salir de Maduro?, difícil de creer, sobre todo porque los precios son regulados por el mismo gobierno, y son ellos con sus políticas económicas erradas los que nos han puesto en esta situación, acaso no fueron ellos quienes desaparecieron como por arte de magia más de 500.000 millones de dólares, no fueron ellos los que acabaron intencionalmente el aparato productivo nacional porque el negocio eran los dólares preferenciales para importar, ¿Quién hizo que PDVSA colapsara? Y ahora no tiene ni siquiera capacidad para suplir el mercado interno de gasolina y lubricantes, pienso que todo está muy claro, y lamentablemente el pueblo y la clase trabajadora es la que está pagando los platos que la cúpula rompió.

A todas estas el panorama económico para este año presagia más nubes negras, la tormenta parece interminable, nos encontramos prácticamente en el epicentro de un estallido social que nadie agradecerá, lo del año pasado será solo una caricia si no se tomen medidas a tiempo. En este momento debería privar la sensatez, no se puede seguir sacrificando al país por sus ansias desmedidas de poder, en nombre de dios les pido reflexión, por este pueblo que sufre la peor crisis de su historia, aunque, por mala suerte, tengo la certeza que no podemos esperar tanto de Maduro y su cúpula; entonces el pueblo tendrá que actuar con conciencia, vienen tiempos de grandes decisiones, es urgente salvar a Venezuela de la debacle definitiva, antes que sea tarde, antes que solo queden las ruinas de esta gran nación, la mejor del mundo sin duda.

Maduro la situación se agrava, tú debes saberlo, aunque te hagas el loco, el pueblo sufre cada día un poco más, hay tristeza, la esperanza se pierde por tu tozudez y ambición. Maduro, el pueblo venezolano no es guarimbero ni terrorista, este pueblo es grande, noble y valiente, no se merece esta tragedia. No se puede tapar el sol con un dedo, lo que hay es hambre compañero.

leisserrebolledo76@gmail.com



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