Usted se equivocó, almirante James Stavridis

"Es hora de prepararse para una guerra civil en Venezuela",
sugiere el excomandante de la OTAN

Ya las apuestas con el juego del palito sobre la oreja para provocar "peleas" a la salida de clases, se acabaron hace bastante tiempo en los pueblos venezolanos. Ahora no es tan fácil exacerbar los ánimos entre paisanos, como usted pretende, almirante James Stavridis, al "arengar", al presidente de Estados Unidos Donald Trump para que se vaya preparando, porque Venezuela, este país que usted describe, de un poco más de 30 millones de habitantes, posee las más importantes reservas de petróleo del planeta.

Su proyecto de provocar una guerra civil entre los venezolanos, publicado recientemente en la revista Times de los Estados Unidos, como que llega tarde, pues eso no fue posible ni en las épocas de montoneras del siglo pasado, cuando el general Ezequiel Zamora (1817-1860) aupaba una insurrección campesina en reclamo de tierra, bajo las banderas de la conocida "guerra larga" o federal, con la consigna: "Tierra y hombres libres".

La guerra civil colombiana, que luego de cincuenta años está por terminar con un saldo de miles de muertos y lesionados de ambos bandos, se originó en acontecimientos distintos a la actual situación de Venezuela. Así que no esté pensando que al concluir definitivamente la guerra civil colombiana, esta debe ser reemplazada por otra guerra civil, ahora en Venezuela. No. La situación es otra. Las familias venezolanas están entroncadas por articulaciones sui generis que le dan vida propia, y tanto así es, que en más de medio siglo se han conservado las vecindades colombo-venezolanas, pero no se mezclaron los instrumentos de luchas revolucionarias. Ni siquiera en los años sesenta, cuando la insurgencia armada venezolana tomó las montañas en franco enfrentamiento a los gobiernos de turno, en la conocida Cuarta República, se unieron colombianos y venezolanos en una sola lucha. Hubo sincronía; obvio: eran grupos que se nutrían de la filosofía marxista como "savia" ideológica, pero cada quien con su particular acimut.

Y como usted bien dice, almirante, a los venezolanos no se les puede llegar por la vía armada, como ocurrió en el Medio Oriente con Irak y Libia, pues en la patria de Simón Bolívar, hoy, están los rusos y los chinos (sin contar otros países amigos, que también suman tanto en América latina como en otros lugares) de la mano con Nicolás Maduro.

Definitivamente, son otros tiempos y eso debe contemplarse. Ya usted ve como hace escasos días, del 16 al 19 de septiembre, se congregaron en Caracas delegaciones provenientes de sesenta países amigos bajo el eslogan: "Venezuela somos todos". Esa es una expresión de los nuevos tiempos: la solidaridad social, que está incidiendo como nunca en las actividades del hombre contemporáneo.

Usted dio fórmulas, almirante Stavridis (excomandante de la OTAN) para acabar con la Revolución Bolivariana, sugiere buscar condenas de organizaciones como la OEA y lograr aplicar sanciones conjuntas contra Venezuela. Es más, escribió: "Debemos utilizar nuestros activos a nivel de inteligencia, ya sean satélites, naves no tripuladas, así como la cibervigilancia en redes sociales para observar las tendencias online a nivel interno". Y advierte: "Debemos evitar ser sorprendidos tácticamente…".

Esas aportaciones de su artículo son delicadas (por injerencistas) porque Venezuela es un país democrático, libre e independiente, que maneja su destino al libre albedrío de sus habitantes representados también en la recién activada Asamblea Nacional Constituyente --elegida por más de ocho millones de venezolanos en un proceso legal y auditable--; y ocupa un puesto en la ONU, igual que los demás países que integran ese organismo mundial.

Y si "Venezuela somos todos", como acaban de expresarlo en Caracas representantes de los grupos políticos, profesionales, estudiantiles, sindicales, campesinos, etcétera, de este y otros continentes, entonces, las fronteras de este país suramericano se ensanchan considerablemente. Venezuela no está sola como muchos creen.

Quizá el mejor aporte que se pudiese hacer en estos momentos sería desistir de esa guerra de cuarta generación que criminalmente están aplicando a este país, cuyo ejército solo salió fuera de sus fronteras, bajo las órdenes del general Simón Bolívar, para ofrecer lo mejor de sí por la paz y contra la colonización impuesta en América por potencias extranjeras.

Venezuela, cuando supo de la pingüe riqueza petrolera que atesoran sus entrañas, llamó a todos los países del planeta para usufructuar juntos esos yacimientos; y se creó Petrocaribe, para distribuir los espacios de exploración y posterior explotación.

Y, como usted debe saber y tal vez guarde la información para después, Venezuela posee, además de petróleo, buenas tierras para la producción de alimentos; más de dos mil kilómetros (2000 kms) de costas marinas; y las segundas reservas de gas del mundo. También oro en cantidades considerables y ostenta el segundo lugar en el mundo como poseedores de uranio. Además tiene coltan (oro azul…).
Está llegando tarde, almirante.



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Nelson A. Rodríguez A.

Periodista y diplomático. Autor de ensayos, cuentos y poesía.

 nelsonrodrigueza@gmail.com

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