A Luisa Ortega y su Castillo de Naipes: El Ministerio Público

"Hay juegos que le están prohibido a los seres humanos. Soñar por ejemplo que puedo construir algo sin cimientes fuertes, que no tengan materiales con elementos o componentes de primera, donde se encuentran los valores humanos, es un riesgo muy grande el que se corre para edificar cualquier obra. Si somos osados en construir algo así, entonces estaremos creando una obra que implosionará todo el entorno y la desilusión será mayor, hagamos lo que hagamos"

Ya he escrito "suficiente" sobre Luisa Ortega, a quien como he dicho, se le acabaron los "Díaz"

A Luisa Ortega le llegaron sus Díaz. Ya se le observa la costura

La Sra. Luisa Ortega Díaz es una inmoral

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Después de ese descalabroso tormento de su esposo Germán Ferrer, detrás de esas tantas tribulaciones del caso de corrupción de este su diputado, Luisa tenía por necesidad de supervivencia, diseñar a la mayor brevedad ¿Cómo construir un Castillo de Naipes? Un Castillo donde pudiera protegerse junto a su esposo German de los "ataques" legales que se le vendrían encima a toda esa su humanidad, y nada más "astuto o habilidoso" que aprovechar la intemperie de la sofocación de los incendios, de las implacables balas que acabaron con centenas de invisibilazados, del martirio y el suplicio de las "magistrales" guarimbas, de los espectaculares asesinatos que solo se "podían ver y entender" desde un Castillo de Naipes llamado Ministerio Publico –claro está, a los involucrados-, un país donde todos los hechos que eran públicos y notorios a todos los alrededores de ese su Castillo… nunca, nunca, tenían culpables. Esta señora le agregó a este juego lúgubre y sombrío, un mundo de persecuciones fantasmales en las que siempre soñó mientras estaba en su Castillo de Naipes

Luisa Ortega ha sido ¿o era? una mujer que todos los Díaz jugaba a las cartas en las mesas de los medios de comunicación privados venezolanos y en las mesas de los emporios internacionales con desparpajo inmoral. Ayer jugaba a decir que había represión del gobierno. Hoy jugaba a decir que el estado violaba el estado de derecho de los ciudadanos inocentes ¿sus victimarios? Y luego seguía jugando a decir que mañana sufriría una ¨persecución política¨ y que tenía que huir de este régimen porque temía por su vida, como premeditando una jugada adelantada. Todos los Díaz que amanecerían en esta Tierra de Gracia, Luisa Ortega inventaba un juego, pretendiendo ganar con cartas que tenían palos y espadas –guayas, molotov, balas y cuchillos- que golpeaban y asesinaban a inocentes de una nación Grande que tiene luz soberana para todos los juegos y acciones democráticas que el mundo entero quiere jugar e imitar a Venezuela por su "exceso de democracia", pero eso sí, fuera de los Castillos de Naipes.

Luisa Ortega lo intentó todo, pero lo que siempre olvidó por su desespero –problema humano-, fue que los Castillos de Naipes por más que intentes construirlos una y otra vez de nuevo, siempre se derrumban, porque no tienen cimientos de valores que lo puedan sostener en el tiempo, son solo cartas que no cuentan para la verdadera construcción de la vida dentro y fuera de los Castillos.

Las cartas estaban echadas y Luisa Ortega jugó a los Naipes según sus reglas, pero no podemos ser el dueño de las cartas, ser el repartidor@, el jugador@ y a la vez el árbitr@ que decide que todas las tácticas y las estrategias a su antojo o a su imagen y semejanza lleguen a feliz término sin repercusiones

El Castillo de Naipes de Luisa Ortega, fue eso, un sueño convertido en una utopía inalcanzable. Así es la vida Luisa. Todo se le ha derrumbado sin poder recoger las cartas que ha echado durante este periplo que tuvo que recorrer, y como dice el refrán ¿Nadar tanto para morir en la orilla?

Como todos los juegos, siempre hay un comienzo y un final, unos ganan y otros pierden, y a Luisa le ha tocado lo segundo, lo primero para ella debió ser la justicia que su Castillo de Naipes que de acuerdo al artículo 5 debió darle al soberano como el oro de los naipes, LA CONSTITUCION DE LA REPUBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA

 

Nuestro legado… también es sagrado

 


 



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Iván Méndez


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