Venezuela en el ojo del huracán

La guerra de espectro completo contra Venezuela -en la que se combinan múltiples dimensiones y se implementan todas las formas de lucha de manera simultánea- se intensifica en la medida en que se aproxima la recta final de la campaña para la Asamblea Nacional Constituyente, tal situación trae consigo un escenario de notable complejidad.

En momentos de crisis, las correlaciones de fuerzas tienden a la inestabilidad. Algunas contradicciones dadas en las últimas semanas, han alterado la percepción del momento político en Venezuela, e incluso, algunos cambios cualitativos han determinado un escenario convulso y de gran complejidad, pero que significa una oportunidad para construir hegemonía en torno a los objetivos estratégicos de la revolución bolivariana.

Aunque la convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) no logró su propósito de instaurar un debate nacional para construir la paz (pues la derecha se negó a participar), ese proceso redundó en un reimpulso subjetivo de las fuerzas bolivarianas, pues permitió retomar la iniciativa política y plantear una instancia para dar respuestas concretas a los problemas más sentidos de la población y es una oportunidad para discutir cuáles son los modelos de país en pugna.

El enemigo desenmascarado

La extraordinaria demostración de fuerza política y capacidad de movilización del chavismo en el marco del simulacro electoral fue tan relevante en el mundo político, que desencadenó un craso error táctico por parte del enemigo, dado porque gobierno de los EE.UU. ha asumido de manera directa la responsabilidad de la ofensiva que pretende el derrocamiento del presidente Nicolás Maduro y la destrucción del orden constitucional en Venezuela.

Las amenazas de fuertes y rápidas sanciones económicas contra Venezuela, emitidas por Donald Trump, así como el comunicado del Departamento de Estado, demuestran que es cierta la denuncia reiterada del gobierno bolivariano de la existencia de un frente de agresión internacional, y que en el conflicto venezolano están en juego intereses geopolíticos y económicos de gran escala. De igual manera, ponen en evidencia que la derecha venezolana actúa como un peón en el ajedrez estratégico de ese país, y que la contradicción esencial se produce entre el proyecto histórico-político de la revolución bolivariana con el imperialismo.

La condición subordinada de la MUD quedó aún más explícita porque justo después de las amenazas desproporcionadas y arrogantes de sus jefes, los voceros de esa parcialidad política anunciaron la denominada hora cero, la cual según palabras de varios de sus dirigentes, tiene la finalidad de profundizar y hacer irreversible el conflicto, mediante la agudización de hechos de violencia y el desconocimiento absoluto y rotundo del tejido institucional venezolano.

La hora cero como agenda insurreccional

La ejecución de la nueva agenda, denominada por los voceros de la MUD como la hora cero, posee al menos cuatro (04) frentes tácticos fundamentales, adicionales al estratégico-internacional que es implementado directamente por el gobierno de los Estados Unidos.

El primer frente táctico sigue siendo el de la escalada de violencia para promover el desarrollo de una guerra civil. Las operaciones realizadas por los grupos de choque de la derecha, asumen nuevos rasgos en la ejecución de acciones ofensivas, mediante el uso de armas potencialmente mortales –convencionales y no convencionales-, así como el desarrollo de acciones inherentes a escenarios de guerra, tales como asesinatos selectivos, ataques a unidades de la fuerza pública, batallas por posiciones territoriales, atentados contra infraestructura o logística entre otras.

El segundo frente táctico es el de la crisis institucional inducida: sobre la base de la doctrina del golpe suave han adelantado una política de desconocimiento sistemático de las instituciones y el ordenamiento jurídico. Ese frente estima que ha llegado el momento de su climax, por tal motivo aceleró la juramentación de magistrados del Tribunal Supremo de Justicia y anunció que elegirán al presidente del gobierno de unión nacional.

Los otros dos frentes –el asedio económico-financiera y las operaciones de guerra sicológica- tienen como finalidad socavar la moral del pueblo venezolano, por una parte a través de la asfixia de nuestra economía y el deterioro sistemático de sus capacidades de satisfacer necesidades básicas, y por otra parte, mediante el desarrollo de matrices de opinión y noticias tergiversadas, que además de desprestigiar al gobierno, pretenden justificar y legitimar la violencia fascista de la derecha, así como producir zozobra e incertidumbre en la población.

Dos nuevos focos de conflicto

En el marco de la misma agenda, la derecha pretende llevar al clímax la confrontación, mediante dos acciones tácticas adicionales. En primer término, una huelga general anunciada para el 26 de julio, como medio para paralizar el país y provocar una conmoción nacional a través de la combinación de protestas en la calle con bloqueos de vías y operaciones de violencia insurreccional.

En segundo término, mediante la amenaza de atacar los centros electorales el próximo domingo, con lo cual esperan un hecho desencadenante de violencia: sea una confrontación entre civiles, o una respuesta de fuerza desproporcionada por parte del Estado.

Una semana decisiva

La semana que inicia con la conmemoración del natalicio del Libertador Simón Bolívar, será crucial para el devenir histórico de Venezuela. Los hechos han demostrado que a pesar de más de un centenar de víctimas mortales, de las campañas de mentiras en los medios, de las agresiones al tejido social e institucional del país, de daños irreparables a la economía nacional y de un accionar tremendista -abiertamente insurrecto-, la derecha agrupada en la MUD no tiene la fuerza suficiente para alcanzar sus objetivos (una fractura en la FANB o una confrontación bélica interna), por el contrario enfrenta un desgaste pronunciado y una pérdida estrepitosa de capital político.

Por tanto, la hora cero depende del apoyo de las fuerzas del imperialismo (es decir: del frente internacional). No es casual que en este momento se insinúen sanciones al petróleo venezolano desde la Casa Blanca. Esto representa un cambio cualitativo notable, pues EE.UU. acentúa sus hostilidades hasta niveles inéditos. Ante lo cual, es probable que el autodenominado gobierno de unión nacional que anunciaron los voceros de la MUD, sea reconocido por el Washington y por todos los gobiernos subordinados a su geopolítica.

Ese reconocimiento significaría el punto de partida para una intervención de fuerzas transnacionales en Venezuela, en un primer momento a través de apoyo bélico enmascarado en cooperación económica. Dirigentes de la derecha venezolana, así como los presidentes de Perú y Colombia han planteado la posibilidad de crear zonas de exclusividad aérea para canales humanitarios (instrumento usado por la OTAN en Libia para precipitar la guerra civil y acelerar la intervención), y en un segundo momento sobre la base de una invasión directa, para garantizar sus intereses estratégicos: el control de los recursos energéticos y mineros de nuestro país.

Correlaciones de fuerza y lucha de clases en Venezuela

Sin embargo, estas agresiones que se ciernen contra Venezuela pueden generar repercusiones contradictorias en el escenario político venezolano. Los ataques explícitos del gobierno de los EE.UU. tienden a unificar al chavismo, que en medio de circunstancias tan adversas ha demostrado ser una fuerza política con plena vigencia de su proyecto histórico: independencia nacional, democracia participativa y protagónica y la justicia social.

Las amenazas contra Venezuela, estimulan la movilización de sectores del chavismo que por descontento se han distanciado del gobierno, generan repudio y producen rechazo en la población en general (en la amplia franja de población que no se identifica con el PSUV y la MUD, e incluso en amplios sectores que se identifican con la oposición).

Además hay que considerar que la escalada de violencia irracional de la derecha, ha generado desgaste de sus fuerzas y mucho malestar en la mayoría de la población. Este hecho resultó evidente en el denominado plebiscito, el cual contó con una asistencia importante, pero muy por debajo de las expectativas de los dirigentes de la MUD (aspecto que resultó evidente ante las primeras reacciones al momento del cierre de la jornada).

Aunque de ninguna manera este escrito pretende sugerir una lectura triunfalista, si es preciso identificar algunas potencialidades favorables en el contexto. En primer lugar, la premisa de defender el Estado democrático, social de derecho y de justicia y de poner en evidencia que la derecha siempre ha actuado en contra del orden constitucional (recordar que desarrollaron una agenda violenta unas semanas después de un triunfo electoral del chavismo en diciembre de 2013, el cual, curiosamente fue denominado por ellos como un plebiscito contra Maduro).

En segundo lugar, mantener la disposición para el diálogo como medio para la búsqueda de solución del conflicto actual. Aunque la derecha ha rehusado de manera reiterada los espacios de convergencia y de debate es preciso mantener esa puerta abierta.

Más allá de que la MUD haya rechazado la mediación del Papa Francisco –solicitada por ellos mismos-, que se haya negado a participar en la ANC y que no se haya pronunciado en torno a las elecciones regionales convocadas por el CNE para diciembre de 2017, la mayoría abrumadora del pueblo venezolano, independientemente de su filiación político-electoral, esperan que la solución al conflicto actual se produzca a través del diálogo y los canales constitucionales.

Desafíos para el proceso constituyente:

Es esencial que en el marco del proceso de debate constituyente, se reconozcan las particularidades del contexto y se conciba ese espacio como un instrumento para construir hegemonía política. Los cambios sustantivos que se planteen a la CRBV deben orientarse hacia el fortalecimiento del Estado democrático, social de derecho y de justicia, deben ser claros y precisos, y además deben ser divulgados y explicados a la población (para que no se repita un fenómeno como el sucedido en el marco de la fallida reforma constitucional en 2007).

De concretarse el proceso electoral del próximo domingo, la participación del pueblo será el baremo del apoyo a la agenda de las fuerzas bolivarianas, y su resultado será directamente proporcional con la capacidad de contención de las múltiples y muy diversas amenazas existentes contra el país. Tal situación exige visión estratégica y sentido táctico en la toma de decisiones –muy factiblemente bajo condiciones de presión-, así como una capacidad de seguimiento y evaluación permanente de la coyuntura.

El objetivo estratégico de la ANC debe ser la recuperación de la hegemonía política, la ANC debe ser concebida y materializada como un continuo histórico de la revolución bolivariana. Por tal motivo es preciso poner sobre el tapete la existencia de dos modelos antagónicos en el conflicto político actual: el modelo bolivariano cuyos pilares son la independencia, la soberanía, la democracia participativa y protagónica y la justicia social; y el modelo que pretende imponer la MUD, que significa la subordinación al capital transnacional y la restauración del neoliberalismo en nuestro país.

Estamos en presencia de una crisis de notable gravedad y complejidad, pero la opción no puede ser de ninguna manera destruir la república para supeditarse a los designios de los Estados Unidos. Es el pueblo venezolano en toda su diversidad, el único que tiene el derecho a decidir su destino.

La agudización de contradicciones ha hecho visible que no estamos enfrentando a la dirigencia de la MUD, sino que enfrentamos al imperialismo norteamericano en su afán de recolonizar el continente. Ese hecho le otorga legitimidad ética y política a la necesidad de defender la independencia nacional, el derecho a la determinación y el derecho de vivir en paz.



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Jorge Forero

Integrante del Colectivo Pedro Correa / Profesor e Investigador

 boltxevike89@hotmail.com      @jorgeforero89

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