Binóculo Nº 253

"Esos colectivos de mierda"

"Esos colectivos de mierda"

Circula un chiste por las redes que me hizo reír mucho. Una chica le dice a otra "marica, estoy preñada y ahora qué le digo a mi papá". "Dile que fueron los colectivos", le contestó la otra.

Ahora se habla de los colectivos como la cosa pérfida que defiende al proceso, porque que son monstruos capaces de matar a cualquiera o descuartizar a cualquiera. Es la última táctica de los terroristas de cometer fechorías y echarle la culpa a los colectivos. Decir que los colectivos se infiltraron. La ignorancia es osada, sin duda. En la época del triunfo de la revolución cubana, yo era niño, pero recuerdo a mucha gente amiga de mi papá, decirle que tenían amigos o conocidos a quienes los cubanos les había quitado el hijo, lo habían matado y se lo había dado de alimento a la población. Fue una matriz de opinión que voló por el mundo de entonces y que se decía hasta por la naciente televisión. Los comunistas comen niños, vieja expresión salida de las pérfidas mentes de gringos enfermos de ignorancia y de anticomunismo.

Estando yo en casa de una amiga en la urbanización Prebo en el norte de Valencia, en pleno paro petrolero, de repente llegó un grupo de personas para decirle que era hora de atrincherarse y protegerse porque Chávez había ordenado a los colectivos de Naguanagua que atacaran Prebo y El Trigal. No podía creer lo que estaba escuchando. En ese grupo había un médico, dos ingenieras, dos empresarios, tres abogadas y mi amiga, profesora universitaria. Lo que más me impresionó fue no solo el comportamiento paranoico, sino que efectivamente estaban organizados y en un cuarto de depósito de ese edificio, había varias pistolas y hasta dos fusiles. Había mucha medicina, sobretodo cosas de primeros auxilios, agua, alimentos enlatados, como 200 bombas molotov, granadas militares y muchas balas. Y más impresionante aún, es que en las noches, la entrada del edifico era cerrada con alambres de púas, un vecino hacía guardia abajo con un fusil y otro en la azotea con el otro fusil. Estaban jugando a la guerra, sin duda. Le estaban haciendo caso al pérfido mensaje de algún hijo de puta, sin siquiera detenerse a pensar qué les decía el sentido común. Por cierto, uno de esos empresarios, hizo luego pacto con el General Eructo y se hizo multimillonario durante su estadía en la gobernación, como todos los que hicieron pacto con él. Como los hubiera querido ver en Bosnia, Siria o El Líbano

Esa era la paranoia del 2002. Como lo fue la campaña de "con mis hijos no te metas", porque a algún imbécil se le ocurrió decir que el gobierno le iba a quitar los hijos a los padres. Eran tan imbéciles y estaban tan envenenados que el sentido común no les dijo que el menos interesado en cuidar muchachos, era el Estado, simplemente porque tenía todos los problemas del mundo y no tenía tiempo para eso. O como aquella estupidez que todos creyeron de que le iban a meter a un cubano a vivir en su casa, cosa que no ocurre hoy ni siquiera en Cuba. Y por cierto, los cubanos tienen un problema grave de población. Mal se iban a venir a un cuarto donde los iban a despreciar. Fue Goebbels quien dijo que una mentira dicha mil veces se convierte en verdad.

Y han saltado de un experimento a otro en su campaña de desprestigio, esta oposición desalmada que no está midiendo las consecuencias de lo que está edificando. Desde aquellas acusaciones y burlas contra Chávez, tildándolo de mono, drogadicto y aberrado sexual, a la cocaína de Nicolás, francotiradores, guarimbas, descargas de arrechera, salidas, quemas de bienes del Estado, asesinatos y pare de contar, hasta el más malo de todos los venezolanos, el que según Marcos Rubio, el senador sin patria de Estados Unidos, es el responsable de todo lo que ocurre en Venezuela: Diosdado Cabello.

Ahora son los colectivos los culpables de todo. Más torpes no puede ser esta oposición. Sumergidos en ese odio, perdieron la capacidad de analizar, de pensar, necesitan por supuesto sicólogos y siquiatras, porque ese comportamiento de destruir y echarle la culpa a los demás, son problemas arrastrados de la infancia. Padres maltratadores y dominantes, madres sumisas sumergidas en el alcohol o las drogas, mucha carencia de afecto. Todo ese cúmulo de frustraciones tienen que descargarlo, y quién más sino el pobre diablo que estaba atravesado cuando ellos llegaron a destruir. Aún tengo en mi hipófisis la imagen del pobre viejo que debió salir corriendo para que no lo mataran, allí en la avenida Bolívar de Valencia, cuyo kisoco de periódicos destruyeron por completo. "Ya no puedo volver a comenzar porque no tengo para comprar los periódicos" alcanzó a decirme con una lágrima de resignación. Ese es el comportamiento pacífico de estos pichones de terrorista. A ello se agrega un peligroso ingrediente: la alianza con la delincuencia organizada. Creen que una sociedad con las bandas de ladrones y asesinos, les garantiza poder controlarlos después. Deberían pensar bien en qué se están metiendo.

Y son por supuesto los responsables de diseñar estrategias mediáticas, los comprometidos de ese odio que ahora recae en los colectivos.

Hablan de los colectivos como si fuera un ente, una estructura organizada con mandos y disciplinas. Eso evidencia su ignorancia: la estigmatización de lo que no existe.

De hecho, los colectivos tienen muchísimo menos poder del que pretende atribuirle la oposición. El Estado y el gobierno los han cercado y les impiden su expresión libre, so pena de ser castigados si osan revelarse en contra de cualquier ente burocrático que pretende martillarlos para darles un crédito. Eso ocurre todos los días. Muchos incluso fueron permeados por la corrupción y ahora se debaten en los negocios turbios y el bachaqueo.

Pero hay sin duda, una fuerza moral que mantiene a los irreductibles, los que han estado toda la vida peleando junto al pueblo, los que existían antes de Chávez, los que creen en la posibilidad de construir un mundo mejor donde el hombre sea el eje de todo.

Es decir, hay consejos comunales comprometidos con este proceso. Gente que se ha mantenido vertical y siguen trabajando en función de la construcción de un proceso revolucionario. No solo consejos comunales, también eso que la oposición llama colectivos, grupos culturales, teatrales, deportivos, comunas, que no tienen nada que ver con la violencia. Hay mucha gente organizada en las comunidades que participan en diversas actividades, tanto de la comunidad como del país. Son entes conducidos por gente comprometida, en algunos casos militantes de izquierda, incluso del Psuv.

Pero además, en el caso de las comunas, que también deben ser colectivos –según la apreciación de los opositores- las no corrompidas, hacen un trabajo extraordinario en el seno de sus comunidades, con un gran éxito además. Por ejemplo, la comuna Negra Primero tiene hasta ganado, cuya carne vende no solo a su comunidad, sino a las comunidades adyacentes. La Comuna El Panal 2021 ha desarrollado una tarea extraordinaria en una de las zonas más difíciles de la gran Valencia como es Miguel Peña, la Escuela Agroecológica Alí Primera, no solo produce, sino que imparte clases de siembra, cosecha y reproducción, todo en colectivo; la comuna de La Yaguara tiene 17 lagunas llenas de cachamas, cría ganado, tiene cerdos, produce tanto para su comunidad como para las adyacentes y tantas otras que se han desarrollado a lo largo y ancho del país, generando beneficios concretos para la población. Es decir, son miles de comunas que creían en la revolución y en el hombre nuevo mucho antes de que llegara Chávez. Mal pueden ellos ahora subestimar el valor de un proceso, que a pesar de sus imperfecciones, ha contribuido de manera precisa al desarrollo de sectores que hoy se tuvieran muriendo de hambre.

La otra parte de la estupidez mediática, es ese cuento de colectivos armados. Pues deberían saber que ni siquiera los milicianos están armados y que las armas del país están bajo control de las Fuerzas Armadas, cosa que nunca he entendido pues eso no solo no ha eliminado la delincuencia en el país, sino que ahora son más poderosos, con armas que ya quisieran tener los cuerpos de seguridad del Estado.

No dudo que no haya una pistolita por ahí, enconchada, guardada en algún lado, pero eso de colectivos armados es una de las tantas estupideces, o de la pérfida intención de hacer bárbaros a gente que se dedica a muchas otras cosas, menos a enfrentar a un montón de terroristas que le ofrecen una coñaza a un tipo si se niega a atravesar una gandola en la autopista. "Si logramos detener a esos colectivos de mierda, te garantizo que sacamos a Maduro", me dijo un amigo en medio de su ignorancia y su envenenamiento. "Que bruto, póngale cero", diría El Chavo, pero es mi amigo y lo quiero mucho a pesar de sus tarugadas.

De hecho, los colectivos han pedido movilizarse para ir en defensa del proceso y tanto el gobierno como el partido se los han prohibido.

Lo que sí debe quedar claro, es que esos colectivos ya saben de qué se trata la vida, la política, el mundo y las relaciones de poder. Por años vivieron la represión de la Cuarta República y de la Quinta también. Llevan años formándose políticamente y tienen mucha experiencia organizativa. Están acostumbrados a todo, a comer mal y a no comer, a trabajar día y noche, a pasar frío y calor, a construir colectivamente, a producir colectivamente, a soñar colectivamente, a reír colectivamente y a vivir colectivamente.

Por ello, esos colectivos tienen absolutamente claro que si este proceso corriera el riesgo de perderse, pasarán por encima de gobierno y de partido para enfrentar a lo que ya es, a todas luces, esta dirigencia opositora, sin duda enemiga del país y deseosa de una guerra civil.



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Rafael Rodríguez Olmos

Periodista, analista político, profesor universitario y articulista. Desde hace nueve años mantiene su programa de radio ¿Aquí no es así?, que se transmite en Valencia por Tecnológica 93.7 FM.

 rafaelolmos101@gmail.com      @aureliano2327

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