El retiro de Venezuela de la OEA: un nuevo hito geopolítico del hemisferio

El 26 de abril de 2017 se hizo oficial la decisión del Gobierno Bolivariano de Venezuela de retirar su delegación permanente ante la Organización de Estados Americanos, como medida para otorgarle más legitimidad a los procesos de intervencionismo e interpelación tendenciosa sobre la base de la tergiversación de la realidad. Cabe subrayar, estos procesos fueron realizados mediante mecanismos que contravienen los principios y las normas del organismo multilateral, y en la práctica significan una reedición de la época más lúgubre de la diplomacia en el continente.

Este hecho constituye una ruptura notable para el curso de las relaciones diplomáticas (únicamente equiparable a la expulsión de Cuba de ese organismo en 1962), y significa la apertura de un nuevo escenario en la dialéctica de la confrontación entre el proyecto de neocolonización de los Estados Unidos de América sobre todo el hemisferio, y las posiciones contra hegemónicas emergidas a partir de la revolución bolivariana.

En el presente trabajo se parte de la hipótesis que desde su génesis, la OEA fue diseñada con un instrumento de la política exterior de los EE.UU., y su funcionamiento ha estado subordinado a los intereses de ese país. Para sustentar esa afirmación se expone una síntesis –denominado expediente- de las actuaciones de la OEA ante algunos escenarios conflictivos.

Breve Expediente de subordinación de la OEA a los intereses de los EE.UU.:

La actuación de la OEA en la historia política del continente, ha estado signada por su subordinación a los designios e intereses de los EE.UU., en escenarios convulsos como: Golpes de Estado y Dictaduras cruentas; Invasiones militares de la potencia norteamericana perpetradas contra países miembros del organismo; acciones geopolíticas de intervencionismo de los Estados Unidos para influir en la política de naciones del continente; Ocupaciones que implican una violación de la soberanía de los países en los cuales se instalan esas bases militares.

Es preciso señalar que la crisis actual forma parte de esa tendencia, pues se produjo a partir de las tensiones generadas entre la geopolítica imperialista del gigante de Norte América, y la geopolítica de independencia e integración abanderada por la revolución bolivariana. En ese contexto, Venezuela ha denunciado que la OEA es instrumento de una estrategia destinada al deterioro sistemático –fundado en mentiras y tergiversaciones- de su imagen ante la comunidad internacional, cuya agenda forma parte orgánica de la guerra que adelantan los Estados Unidos contra la revolución bolivariana.

1. La OEA como instrumento geopolítico de los EE.UU

La Organización de Estados Americanos (OEA) fue fundada en 1948, como estrategia de los EE.UU., para instaurar un instrumento de naturaleza geopolítica que permita garantizar su hegemonía sobre el continente, sobre la base de la Doctrina Monroe y en el marco de la nueva correlación de fuerzas creada después de la segunda guerra mundial.

Desde su fundación, la OEA ha sido instrumento de agresiones a la autodeterminación de los pueblos y de prácticas de intervencionismo promovidas por los EE.UU., tal es el caso de la expulsión de ese organismo de la República de Cuba en la conferencia de Punta del Este, Uruguay (en 1962), bajo el argumento de que ese país estaba regentado por una ideología que iba en contra de los principios de la democracia occidental, en una violación explícita al derecho de autodeterminación de los pueblos consagrado en la propia carta fundacional de esta organización.

La subordinación originaria e histórica de este organismo multilateral y sus diversos instrumentos (tales como la Comisión de Derechos Humanos, la Corte de Derechos Humanos, y las Agencias de cooperación internacional), a los intereses de los Estados Unidos de América, ha derivado en que el mismo se le haya calificado como el Ministerio de Las Colonias de los EE.UU.

La OEA ante las Invasiones de los EE.UU.

La OEA no activó sus mecanismos para condenar las agresiones militares explícitas de los EE.UU. contra otros Estados miembros, sino que por el contrario, guardó un silencio cómplice, y en algunas ocasiones una actitud apologética, ante dichas agresiones. A continuación se señalan algunas de las invasiones militares más cruentas sobre pueblos de nuestra América:

§ 1961 Ataque bélico en contra de Cuba: la operación Bahía de Cochinos.

§ 1965 Invasión a República Dominicana para aniquilar un movimiento popular que pretendía devolver al poder al presidente legítimo Juan Bosch (derrocado en 1963 por un golpe militar patrocinado por los Estados Unidos.

§ 1983 Invasión de Granada y asesinato de su presidente Maurice Bishop.

§ 1989 Invasión de Panamá: esta operación se realizó con el pretexto de derrocar a Manuel Noriega (antiguo colaborador de la CIA), y la misma dejó un saldo de aproximadamente 3000 civiles asesinados.

§ 1994 y 2004 Invasiones a Haití: en primer lugar para derrocar el gobierno legítimamente constituido de Jean Bertrand Aristide, y posteriormente para deponer e incluso secuestrar y llevar a Sur África al mismo presidente.

La OEA ante las prácticas de desestabilización e intervencionismo de los EE.UU

La OEA no ha condenado, ni ha actuado de manera alguna, ante las reiteradas y sistemáticas operaciones de desestabilización (muchas de ellas mediante acciones violentas) e intervencionismo de los Estados Unidos de América en diversos países del continente, para garantizar sus objetivos geopolíticos:

§ 1970-1973 Guerra económica y asedio diplomático en contra el gobierno del Presidente Allende en Chile.

§ Financiamiento, promoción y organización de ejércitos mercenarios –escuadrones de la muerte, grupos paramilitares, entre otros, en países como Guatemala, El Salvador, Perú, Bolivia y Colombia.

§ La tristemente célebre operación Irán-Contra (1981-1989): mediante el dinero obtenido por la venta ilegal de armas a Irán, y por la venta de cocaína colombiana, el gobierno de los EE.UU., promovió y organizó un ejército mercenario –denominado los contra- que desató una guerra civil en Nicaragua para ahogar en sangre a ese país como medio para destruir la Revolución Sandinista.

§ Guerra económica-financiera, asedio mediante bases militares, hostilidad diplomática, operaciones de terrorismo psicológico y promoción de violencia política en Venezuela (2001-2017).

La OEA ante la ocupación militar de los EE.UU.

La OEA ha mantenido y mantiene un silencio sepulcral ante las decenas de bases militares implantadas por las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos en diversos países del continente, las cuales constituyen una violación abierta a la soberanía de las naciones afectadas.

Solamente en Sur América, existen el registro de veintidós (22) bases militares de los EE.UU., en países como Chile (02), Paraguay (02), Perú (08), Colombia (09) y Guyana (01). Además se han diseñado e implementado planes estratégicos de signo militar, tales como el Plan Colombia (2000) y El Plan Puebla Panamá (2001).

2. La OEA como instrumento de una agresión contra de Venezuela

El 14 de marzo de 2017, Luis Almagro, Secretario General de la OEA, presentó un informe ante el Consejo Permanente de ese organismo, en el cual se acusa a Venezuela de la "alteración del orden constitucional" y del "orden democrático" en violación de la Carta Democrática Interamericana.

El informe Almagro sugiere la aplicación de las más fuertes sanciones contra Venezuela, sobre la base de tergiversaciones y lugares comunes masificados por agencias diplomáticas de los EE.UU., así como por los carteles de comunicación e información. En este informe, y en las declaraciones reiteradas del Secretario General de la OEA, se demuestra el accionar tendencioso y abiertamente hostil de los regentes administrativos de ese organismo contra nuestro país.

El informe sentencia que la OEA debe "restaurar los derechos" del pueblo venezolano, porque según sus conclusiones "el Estado de Derecho no está vigente en Venezuela", por ende: ""es hora de que el Consejo Permanente encamine acciones específicas con resultados concretos". En la historia de este organismo, ese tipo de declaraciones se han orientado a la promoción y justificación de agresiones militares dirigidas por los Estados Unidos de América.

Lagunas del Informe Almagro:

Almagro pretende fundamentar su versión de que en Venezuela no hay democracia ni Estado de derecho, sobre la base de informes de "Organizaciones Internacionales sin fines de lucro" (sic.), tales como Freedom House, e incluso la amarillista Internacional Crisis Group (ICG).

Almagro acusa al Consejo Nacional Electoral (CNE) de obstaculizar el referendo revocatorio. En ese sentido, señala de manera reiterada lo que denomina como "malas prácticas" por parte del CNE, pero no menciona la dilatación del proceso refrendario por parte de la MUD, instancia que solicitó de manera tardía la activación del procedimiento.

Almagro acusa a Venezuela de tener una política sistemática de persecución y represión por motivos políticos. En el informe se mencionan situaciones de tortura y de desaparición forzosa (sin identificación de víctimas, sin expedientes y sin referencia documental alguna).

Almagro insiste en hablar de represión y persecución política, pero oculta de manera deliberada que los denominados "presos políticos", son sujetos de procesos judiciales por casos de corrupción, por acciones violentas , o por delitos comunes (entre los que se encuentran también dirigentes del PSUV), y en el célebre caso de Leopoldo López "el preso político más emblemático" quien según Almagro fue "acusado injustamente", hay una circunstancia de rebelión e instigación a la violencia que en cualquier país del mundo es judicializada.

Almagro describe las presuntas condiciones de reclusión de López, su presunta incomunicación y una situación de aislamiento absoluto; la imposibilidad de recibir luz solar, de leer, entre otras (sin referencia documental alguna). Tal descripción contrasta con las versiones de personalidades internacionales que han tenido la oportunidad de conversar con el reo, y más bien parece una réplica de múltiples versiones que circulan en las redes sociales y medios de comunicación amarillistas.

Almagro insiste en criminalizar al gobierno venezolano en todos sus niveles como violador sistemático de Derechos Humanos, y como un Estado incapaz de garantizar los derechos fundamentales de la población. Esas afirmaciones temerarias del informa, además de ser imprecisas y partidarias, desconocen el haz de fuerzas que ha producido la crisis actual, y se sustentan en la combinación de fuentes respetables, con referencias de fuentes tendenciosas, lo que deriva en la presentación de cifras inconsistentes. En esencia, es evidente que la intención de Almagro no es problematizar la compleja situación para la búsqueda de soluciones, sino usar la misma como un instrumento para atacar a Venezuela y justificar el intervencionismo sobre sus asuntos internos.

Por último, Almagro asume como ciertas –sin derecho a la presunción de inocencia y sin la presentación de evidencias- las temerarias acusaciones de narcotráfico hacia funcionarios venezolanos por parte del gobierno de los EEUU. Esta operación tiene una alta gravedad, en la medida en que pretende significar la deslegitimación de la república y la apología hacia su destrucción.

La OEA se desenmascara nuevamente como el Ministerio de las Colonias de los Estados Unidos de América:

En el seno de la OEA y con el apoyo y beneplácito de sus autoridades administrativas, se han realizado maniobras que demuestran el carácter explícito de la agresión contra Venezuela, agresión que es evidente, es liderada por los EE.UU., e implementada gracias al apoyo de un grupo importante de gobiernos conservadores del hemisferio:

§ Convocatorias de "reunión informal" de la OEA, como espacios para interpelar y fustigar a Venezuela sin su consentimiento (en violación abierta a los principios y estatutos de ese organismo).

§ Desarrollo de reuniones conspirativas, de las cuales, se emiten documentos que son validados de manera arbitraria.

§ Golpe institucional contra la Presidencia de Bolivia ante el Consejo Permanente, para la realización de asambleas generales de embajadores, y más recientemente, para la convocatoria de una reunión de Cancilleres irregular e ilegal en la que se pretenden tratar con criterios de emergencia los asuntos internos de Venezuela, sin autorización de su delegación, y atropellando la función administrativa que desempeña la República Plurinacional de Bolivia ante este organismo.

3. El retiro de Venezuela de la OEA

La salida de Venezuela de la OEA, es una medida soberana, dirigida a romper el intervencionismo desarrollado desde esa instancia, con base en el dominio geopolítico de los EE.UU., y su consecuente influencia sobre la diplomacia de gobiernos que se subordinan a sus designios. Los sectores revolucionarios hemos planteado la necesidad de tomar esa medida desde hace más de una década, en virtud de que este organismo no tiene vigencia como instancia para la defensa de la democracia cuando históricamente ha guardado silencio cómplice ante invasiones de los EE.UU. (e incluso de potencias de ultramar, tal y como sucedió con la denominada guerra de Las Malvinas en Argentina).

La OEA también ha sido cómplice e incluso ha sido defensora de golpes de Estado, violaciones de derechos humanos a gran escala, terrorismo de Estado y crímenes de lesa humanidad (perpetrados siempre por factores asociados a la derecha y ocurridos siempre en países amigos de los intereses de los EE.UU.).

El contexto nos impone la necesidad de consolidar los instrumentos para la integración de nuestros pueblos creados al fragor del despertar de los pueblos y el cambio de época que se ha experimentado en América latina en los últimos años. Seguir en la OEA significa legitimar un organismo cuya naturaleza es la sumisión al imperialismo y la garantía de que América Latina y el Caribe se mantengan como el patio trasero de los Estados Unidos de América.

El escenario es complejo porque está en pleno desarrollo la contraofensiva de los Estados Unidos de América para restaurar su dominio sobre el continente, e incluso porque los últimos años han sido de reflujo del movimiento revolucionario en la correlación de fuerzas de la geopolítica del hemisferio.

Sin embargo, la lucha de clases sigue su marcha y los pueblos de Nuestra América no se rinden en su intención de construir una nueva lógica de relaciones (signadas por la independencia, la paz, la justicia social y la democracia auténtica). Estamos en presencia de un nuevo momento geopolítico, un momento crucial en la pugna histórica entre la Doctrina Monroe y el pensamiento libertario de Simón Bolívar.



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Jorge Forero

Integrante del Colectivo Pedro Correa / Profesor e Investigador

 boltxevike89@hotmail.com      @jorgeforero89

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