Vencedores de abril

Encontrar cómo regresar a casa luego de la marcha iba a ser difícil. Todos lo sabían y aún así permanecieron hasta el final. El metro aún no reabría las estaciones que durante todo el día habían permanecido cerradas por razones de seguridad. El metrobús tampoco prestaba servicio. Con las calles de Caracas cerradas muy pocas camioneticas (busetas o autobusetes de transporte público) habían trabajado. Pero eso no fue problema.

Poco a poco, la gente fue dejando la Avenida Bolívar en grupos, algunos pequeños y otros no tanto. En pleno corazón de Caracas, desde la Bolívar a cualquier punto de la ciudad la distancia a recorrer era larga. Algunos buscaron la Urdaneta, con la esperanza de que a esa hora ya la camioneticas estuviesen trabajando otra vez. Otros emprendieron a pie el camino a casa desde allí mismo. Nosotros para poder llegar a la nuestra debíamos ir a Petare y de allí a Dos Caminos. En camionetica si había suerte en la Urdaneta (si la suerte era mucha, no sería necesario llegar a Petare). En metro, desde Agua Salud, si la suerte no era tanta.

Algunas camioneticas, muy pocas, estaban trabajando. En la Urdaneta, hacia el este y hacia el oeste, todas pasaban completamente llenas. Las paradas, como era de esperar, también estaban repletas de gente que venía de la marcha. Nosotros cambiamos de acera varias veces, persiguiendo la suerte para tratar de montarnos en alguna camionetica que nos llevara en cualquier dirección. Claro, la suerte siempre era más rápida que nosotros y no alcanzábamos a montarnos en ninguna. Cuando ya estábamos decididos a caminar hasta Agua Salud pasó una no tan llena en esa dirección, en la cual nos subimos como pudimos.

Como el transporte escaseaba, en la Urdaneta parecía que la marcha seguía, sólo que esta vez era en sentido contrario, desde el centro de la ciudad hacia el oeste. En la vía todavía permanecían efectivos de la PNB o de la GNB. Antes de llegar a Miraflores la camioneta fue desviada hacia El Silencio porque el paso frente al palacio presidencial estaba cerrado. Un señor (sólo es cortesía) que venía de la marcha de la oposición no pudo evitar un comentario contra los jóvenes militares porque él tenía derecho a pasar frente a Miraflores cuantas veces le diera la gana. Como nadie le respondió (en una camioneta repleta de chavistas), se animó a contar sus heroicas peripecias por los lados de Altamira y Chacao, cómo había lanzado piedras y cuanta cosa pudo, incluyendo mentadas de madre, a los policías y militares.

Estoy convencido de que la paciencia de los chavistas es una vaina proverbial. Sólo cuando el hombre se atrevió a decir que él sería capaz de “meterle una pepa a uno de eso bichos que están ahí, tan mansitos” fue que una señora le respondió que esos muchachos también eran hijos, esposos y padres de familia como él mismo, como todos los que iban en la buseta, que ellos sólo hacían su trabajo. Y lo hacían muy bien. Son unos perros, dijo todavía el héroe de Altamira y Chacao. Por eso es que los hemos derrotado siempre, dijo la señora. Nosotros, los vencedores de abril, estamos llenos de amor. Usted va en una buseta llena de chavistas y las únicas palabras de odio y de amargura que se escuchan son las suyas.

La camioneta llegó hasta El Silencio porque no había paso por la Sucre y el chofer no quiso seguir hacia Agua Salud por el 23 de Enero como le pedíamos todos. Somos los vencedores de abril, tuvo tiempo de decirle la señora al héroe de Altamira, pero los vamos a derrotar también en febrero, en mayo, en diciembre y cuando sea necesario. Nosotros tenemos en esta pelea más de 500 años. Y la vamos a ganar porque esta pelea es también por usted, para que ya no se odie usted mismo creyendo que nos odia a nosotros.

Agua Salud aún estaba un poco lejos para nosotros. Con la Sucre cerrada por las cercanías de Miraflores, lo que hicimos fue atravesar el túnel del Calvario, dar un pequeño rodeo para llegar hasta Caño Amarillo y subir por la calle Los Jabillos para alcanzar la Sucre. No éramos los únicos, por supuesto. Otros grupos que venían de la marcha también tomaron esa vía. Aunque se notaba el cansancio de la jornada, a esa altura del trayecto todavía se podía escuchar la algarabía de los vencedores de abril, como los llamó la señora de la buseta. Algunos cantaban, otros sólo contaban lo que habían visto o hecho durante la marcha y la concentración en la Bolívar. Por el camino nos topamos con unos compañeros de trabajo que también habían ido a la marcha y vivían por la zona.

Ya en la Sucre agarramos rumbo hacia la estación del metro. Nos paramos a comprar un par de chupis (bambinos, como les dicen en mi pueblo) a un vendedor a quien, para nuestra suerte, le quedaban los últimos del día. Mientras caminábamos hacia el metro vimos pasar un pelotón de la Milicia Bolivariana. Iban al trote, comandados por una recia mujer que iba marcando el paso al canto del Himno de la Federación.. Estamos hablando de hombres y mujeres sin formación militar profesional. Con unos añitos y también unos kilitos encima algunos de ellos. De dónde sacaban fuerzas para ir trotando a esas alturas del partido, cuando ya nosotros arrastrábamos los pasos. De dónde pulmones para cantar Oligarcas temblad, viva la libertad casi a grito. Esos sí que eran vencedores de abril.

Llegamos a la estación de Agua Salud y de allí en metro hasta Petare. En Petare una camionetica hasta Dos Caminos y de allí a casa. Se había derrotado el golpe que tenían montado para ese día. La oposición no había llegado a Miraflores como pretendía. Pero la jornada no terminaba aún. Las imágenes de Altamira, Chacao, Chacaíto y Bello Monte, y las declaraciones de los voceros de la oposición no dejaban dudas. Aquello no terminaba todavía. La señora de la buseta tenía razón. Los vencedores de abril tendrán que salir otra vez a derrotar el fascismo. Mañana y pasado, en febrero, en mayo, en diciembre y cuando sea necesario.

domingo.medina@gmail.com


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