(Réplica a “El radicalismo y la perversión no son revolucionarios”)

Ser revolucionario es ser radical

Ser revolucionario es luchar por una transformación estructural de la sociedad. Para el revolucionario, tanto la crítica social como la práctica política deben ser ejercicios radicales. Ser políticamente radical es atender a la raíz de los fenómenos sociales, más que a sus expresiones superficiales. La diferencia entre reformismo y revolución es precisamente una cuestión de radicalidad.
En ocasiones se usa la palabra radical para denotar extremismo. Tal ejercicio no es inocente, se puede ver claramente que obedece al interés del conservadurismo, la asimilación de ambas nociones.
Al juzgar “extremista” una posición, el sujeto establece un marco de referencia, en este caso político. De modo que podemos inferir la propia posición de Fuenmayor Toro, a partir de qué es para él extremista.

En varias ocasiones me he referido al carácter del diario "Últimas Noticias". Considero que se trata del periódico más serio y plural de la oposición. Según Fuenmayor Toro,
"Basta esta última afirmación para ver lo que tiene en la cabeza este radical pseudorrevolucionario..."

Últimas Noticias saludó la dictadura de Carmona Estanga, en su editorial del día 13 de Abril, en los siguientes términos:
"La mayoría del país recibió complacida la formación de un nuevo gobierno presidido por Pedro Carmona Estanga; el decreto respectivo lo califica como gobierno de transición democrática y unidad nacional."
El día 15 de Abril, derrotado el carmonismo, Eleazar Díaz Rangel sostenía lo siguiente:
"creo oportuno insistir en la exhortación a los fanáticos que vieron en los medios la causa del derrocamiento de Chávez... Es injusta y temeraria esa conducta, que debe ser erradicada, y desde los más altos niveles del Gobierno deben contribuir a ello".

El sesgo de una proporción importante de los titulares del periódico, el tratamiento de temas como el asesinato de Danilo Anderson, y el despido del gran artista plástico Régulo Pérez, debido a su posición política, son algunas muestras más del carácter del periódico, y de los intereses a los que responde en última instancia.
El lector sabrá reconocer si opera un criterio extremista en la calificación de medio opositor para Últimas Noticias.

(Ver "Últimas Noticias: otro medio, el mismo fin" http://www.aporrea.org/dameletra.php?docid=16663 )

Fuenmayor pretende demostrar la objetividad del INE a través del anuncio de cifras en las que se evidenciaría el deterioro de ciertos indicadores sociales durante la gestión del gobierno bolivariano. Por un lado, es importante aclarar que la objetividad del INE depende de la calidad de su método, lo que no se puede demostrar citando sus propias cifras. Para defender la objetividad del INE basta con demostrar el carácter científico de su metodología.
Por otro lado, para afirmar que esos indicadores sociales han "empeorado" es necesario un manejo descontextualizado de las cifras, sin tomar en cuenta su evolución histórica, y la incidencia del sabotaje económico y golpista durante los años 2002 y 2003. Una defensa del INE que brinde a sus enemigos una "demostración" del empeoramiento de ciertos indicadores sociales, en realidad hace mucho en contra de "la credibilidad de las instituciones de la revolución".

Veamos otro señalamiento del Profesor Fuenmayor:
"En forma calumniosa y perversa, este sujeto dice que salí de la OPSU en medio de señalamientos públicos de corrupción... cerciórese que no está echando mano de material apócrifo, incompleto o de hechos administrativos no comprobados"

En la calificación de los señalamientos, hay un reconocimiento implícito de su existencia. Cosa que hubiera resultado difícil negar, además, por haber tenido estos señalamientos carácter público y notorio. Todos recuerdan la controversia pública sobre el manejo de las nóminas de las universidades públicas. No hay calumnia o perversión en la mención de un hecho objetivo.

También la salida de Fuenmayor Toro de un alto cargo en el Ministerio de Salud durante el gobierno de Caldera vio señalamientos semejantes, a finales del año 1997. Quizás luchaba contra la cuarta república desde adentro.

Por último, las denuncias anónimas contra corruptos anónimos son un recurso habitual de los columnistas mercenarios de la oposición. Fuenmayor defiende este estilo, utilizado en el artículo "Loca, vulgar y corrupta", diciendo que le ha "valido una gran cantidad de felicitaciones". Esto no merece comentario. Lo que sí vale la pena decir es que, si hemos responsabilizado a los medios oposicionistas por la publicación de este tipo literatura, por coherencia debemos mantener, por lo menos, el mismo rigor frente a los medios de comunicación revolucionarios. Para que sigan siendo revolucionarios.


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Simón Rodríguez Porras

Músico y militante del Partido Socialismo y Libertad.

 @guitarraylapiz

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