El capitalismo es sinónimo de destrucción de la naturaleza

Con el discurrir del ambiente, la acumulación de riquezas por parte del ser humano ha traído consigo problemas de tipo ambiental, ya que el hombre formado bajo el enfoque capitalista entiende al ambiente y su gestión, como el camino para la acumulación de bienes con el consecuente olvido de la consideración ética por la naturaleza, tras las decisiones orientadas al uso desmedido de sus recursos, lo cual ha ocasionado degradación en los ecosistemas especialmente en los países en vías de desarrollo. Es la destrucción y degradación del nicho donde mora el hombre; es la consecución de un beneficio económico en el corto plazo sin importar las consecuencias que se deriven en perjuicio del capital natural. Asimismo, alimenta la generación de nuevas necesidades, descubrimiento y creación de nuevos usos de los escasos recursos con que cuenta el ser humano. Es el vicio que ha dejado la sociedad de consumo occidental; el úselo y tírelo. Es decir, ofrece fugacidades, las cosas etiquetadas como durables mueren al nacer. Es el imperio de lo perecedero, de lo volátil, del engaño publicitario, del marketing; donde todo se convierte en chatarra para que la demanda aumente y las ganancias se incrementen y, los escasos bienes naturales con que se dispone, no soporten el delirio universal del consumismo en un mundo globalizado por el dinero y, el rejuvenecimiento garantizando el equilibrio económico mundial aislando al del ser humano de su entorno natural.

Es un abanico hacia rumbos infinitos en la tierra en búsqueda de materia prima para complacer el surgimiento de estas nuevas necesidades. Es el modelo que Occidente ha impuesto a sangre y fuego en función de las políticas de desarrollo y, donde emerge la siguiente interrogante: ¿hacia dónde apunta este fenómeno social?, y la respuesta inmediata es, a la desmedida ruptura del hilo ecológico por las ganancias…, lo cual es una conducta subrepticia del capitalismo o a la desidia y falta de responsabilidad interdependiente en la que cada uno se haga cargo responsablemente de la parcela mundo que le tocó para vivir su vida; pues resulta evidente observar un claro deterioro socio- ecológico de la comunidades, reflejado en la exagerada producción y acumulación de bienes y servicios y, de la ausencia de sistemas permanentes de contraloría ecológica, que se ve agudizada por la abulia de la población, la falta de participación ciudadana y la dejadez sobre la materia de parte de los entes competentes. En este orden de idea, Eduardo Galeano lo define como un "… sistema de vida que se ofrece como paraíso, fundado en la explotación del prójimo y en la aniquilación de la naturaleza, es el que nos está enfermando el cuerpo, nos está envenenando el alma y nos está dejando sin mundo". (Diario de Guayana, 19 de julio de 2009). En consecuencia, las sociedades apoyadas en el desarrollo científico y tecnológico han experimentado metamorfosis, pasando de ser sociedades apropiadoras a sociedades transformadoras de las especies animales y vegetales que la naturaleza engendra generosamente; dado que la expansión imperialista viene acompañada de un ritmo acelerado de la destrucción de los paisajes naturales derivado de la construcción de infraestructuras y de un urbanismo acelerado que ronda en lo caótico. Además, viene marcada por una drástica reducción de la biodiversidad en todo lo ancho y extenso del planeta tierra; perdiéndose de esta manera, la calidad de vida necesaria para el vivir bien, colocando al mismo tiempo en peligro la supervivencia misma de la especie humana; contradiciendo el Objetivo 5 del Plan de la Patria 2013-2017 (Asamblea Nacional, 2013) que plantea la preservación de la vida en el planeta y la salvación de la especie humana.

En esta perspectiva, se puede decir que el capitalismo empobrece a las regiones, margina al ser humano de vivir en un ambiente sano y de calidad; cuyas secuelas se pueden ver en el aire que se respira, en el agua que se ingiere y en los alimentos que se comen, los cuales se encuentran contaminados y acusados de ser agentes causantes de muchas enfermedades que padece la especie humana. En definitiva, este modelo económico considera a la naturaleza como una mercancía que puede ser expropiada y explotada a discreción. De esto se desprende que, la misma debe ser domada para arrancarle y saquearles sus bienes naturales; sufriendo la especie humana las consecuencias de un egoísmo que no deja observar el daño que se le está ocasionando a la pacha mama. Con esta acción destructora por la especie más inteligente que mora en la tierra, se está profundizando un proceso acumulativo mediante la conformación de un modelo extractivo de los bienes naturales que producen alteraciones desfavorables en el ambiente o en algunos de sus componentes, eludiendo toda responsabilidad las empresas que realizan estas actividades en los países menos desarrollados, labor que no pueden ejercer en los países que les sirven de mecenas.

Por esa causa; esta ausencia de responsabilidades, se puede definir, como la Deuda ecológica del Norte hacia el Sur, es en esencia, la responsabilidad que tienen los países industrializados del Norte, de sus excesivas producción de gases de efectos invernaderos acusados de ser los culpables del calentamiento global del cambio climático al irse posesionando de forma progresiva del control de los recursos naturales, así como por la destrucción del planeta causada por sus patrones de consumo y producción, la generación exhaustiva de residuos, así como el capitalismo y el libre mercado, afectando a la sostenibilidad local y el futuro de la humanidad. (http://www.mrafundazioa.eus/es/articulos/consecuencias-ambientales-del-capitalismo-la-deuda-ecologica). Entonces, la Gaia, la diosa griega de la Tierra (Gaia, Gea o Gaya) es la acreedora y el deudor el Norte. Como consecuencia de esto, viene a colación aquel famoso eslogan que Fidel Castro Ruz expreso en la Cumbre de la Tierra (1992); "páguese la deuda ecológica y no la deuda externa", como un gesto de cofradía para con los países pobres del Sur debido al reclamo del pago de la deuda en dinero contante y sonante por parte de los países ricos del Norte, olvidándose estos últimos del enorme pasivo ambiental legado.

No obstante a esto, como resultado de las presiones del Vaticano, el clamor de tantas ONG y el acuerdo del G7 la condonación de este pasivo fue una propuesta que en el camino de cambio del milenio suscito mayor solidaridad de la opinión internacional, "Apareciendo, en el caso presente, el Norte como el tío-rico, que magnánimo y solidario presta su ayuda a la parentela empobrecida y al borde del desahucio". (Laserna, 1992). En esta dirección, Manuel Yepe (2017) manifiesta que "Los países pobres no necesitan caridad. Lo que necesitan es justicia. Y la justicia no es difícil de otorgar". (https://www.aporrea.org/internacionales/a240545.html). Con estas aseveraciones quizá lo que desea expresar este articulista es una indemnización a la diosa Gaia; es la restitución del capital que inicialmente aportó durante décadas.

Resumiendo lo planteado; el capitalismo y la ecología son antagónicos, por tal motivo se niegan frontalmente sin ninguna posibilidad de llegar a acuerdos o mediaciones. "Donde impera la práctica capitalista se envía al exilio o al limbo la preocupación ecológica". (Del Frade, 2015). Asimismo, el capitalismo se sustenta en la acumulación de riquezas sin importar los medios empleados para conseguirla. En otras palabras, no se exceptúa la totalidad de la naturaleza dado que la considera como una mercancía que la amolda de acuerdo a las necesidades del momento. En este sentido, el ser humano se encuentra en una crisis económica y ecológica debido al silogismo irradiado desde el Occidente mercantilista asentado en un modélico de acopio de patrimonio (Ídem), competencias desleales, egoísmo, individualismo y con el excesivo aprovechamiento de la naturaleza con la consecuente destrucción de los ecosistemas y de la biodiversidad. Como puede inferirse; esta aberración hacia la naturaleza, por parte del sistema capitalista implica un matrimonio asimétrico entre el ambiente y el ser humano. Siendo este último el depredador que destruye el nicho donde mora que conscientemente lo avala. Se cree un dios, pues su hábitat es el monte del Olimpo y, hasta ahora no se vislumbra un retador que ponga en peligro su sitial. Mata para sobrevivir y, está consciente de ello. Su crepúsculo empieza con el desmoronamiento del imperio norteamericano el 2010 bajo el mandato de Donald Trump tal como lo predijo Gatterb.

¡Chávez Vive!

¡La Patria sigue!



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