Elecciones en Nicaragua

Gana Daniel Ortega. ¿Qué opinaría Carlos Fonseca de esto?

 

 

 

“Desnudamos [a Daniel Ortega] de su falso ropaje revolucionario, no es más de izquierda, es un nuevo potentado, alumno aventajado del Fondo Monetario y de las políticas más duras del capitalismo salvaje”.

 

Hugo Torres, guerrillero sandinista

 

Daniel Ortega, candidato del Frente Sandinista de Liberación Nacional, se encamina hacia un cómodo triunfo en las elecciones de Nicaragua. Por tercera vez consecutiva será presidente de esa nación. ¿Qué significa eso?

 

En el ámbito de la democracia representativa, que en la esfera política domina ampliamente hoy en todo el mundo, que un mandatario se relija no es precisamente un problema. Lo de Ortega puede ser cuestionable, pues forzó la Constitución y se ha venido convirtiendo en una suerte de “nuevo Somoza”. Ahora, en un acto de nepotismo, coloca a su esposa, Rosario Murillo, como candidata a vicepresidenta, y a sus hijos en puestos claves de la administración. Por otro lado, merced a argucias legales, se sacó de encima cualquier oposición, llegando a las elecciones de ayer prácticamente como único candidato.

 

Además, en un acto que también contradice las formas “políticamente correctas” de estas democracias formales, no hubo observadores electorales, sino apenas algunos invitados especiales. Todo ello ha llevado a la derecha (interna e internacional) a denostar estas elecciones, por considerarlas viciadas. “Farsa electoral”, se la ha declarado.

 

Que Estados Unidos o una derecha recalcitrante en cualquier país se preocupe por esta falta de transparencia no es el problema. Las elecciones de mañana en Estados Unidos son tan viciadas, o más, que las nicaragüenses. Y el fraude en esa nación, más allá de sus actuales pomposas declaraciones en nombre de la libertad y la democracia observando el proceso nicaragüense, no es algo raro. Recuérdese la elección que ganó Al Gore en el 2000 sobre Bush hijo, negociada luego a espalda de los electores.

 

Lo que sí preocupa es lo que se viene haciendo en Nicaragua en estas dos administraciones en que Daniel Ortega fue presidente, y lo que vendrá a partir de esta nueva reelección. Por lo pronto, veamos estos dos íconos incontrastables que hablan por sí solos: el Banco Mundial y el ex comandante de la Contra, Edén Pastora. Ambos ponderan la labor del otrora guerrillero revolucionario Daniel Ortega.

 

Daniel Ortega, junto a su hermano Humberto, fue un militante revolucionario, antisomocista, antiimperialista. Pero los tiempos cambian. Una combatiente revolucionaria histórica del proceso sandinista, la comandante Mónica Baltodano, dijo alguna vez en una entrevista, en el año 2008:

 

Argenpress: En Nicaragua gobierna hoy una administración que tuvo que ver, largos años atrás, con una revolución popular. ¿Es el actual gobierno una propuesta de izquierda?

Mónica Baltodano: Me apena reconocerlo, pero no es el caso. El actual gobierno de Nicaragua usa algunas veces un discurso izquierdista, una estridencia en la palabra que nada tiene que ver con su práctica real, muy distante con un proyecto de izquierda. Por el contrario, en Nicaragua se fortalecen y enriquecen los banqueros y la oligarquía tradicional y grupos económicos de ex revolucionarios convertidos en inversionistas, en comerciantes y especuladores. Se fortalecen los sectores más reaccionarios de la jerarquía católica, se eliminan derechos humanos esenciales como el de las mujeres al aborto terapéutico.

 

Lo que esta incorruptible luchadora decía algunos años atrás, siendo diputada opositora al claudicante Frente Sandinista que se aburguesó con la despreciable “piñata” de 1990 [léase: robo descarado de los bienes del Estado], tiene vigencia para el momento actual. Las políticas asistenciales que Ortega está llevando a cabo son parches, como toda política asistencial (beneficencia, en definitiva). Es cierto que en sus últimos dos gobiernos bajó el nivel de pobreza alarmante, de 42% a 30%. Pero eso no tiene nada que ver con una propuesta socialista. El poder popular que años atrás, durante la Revolución de 1979 se había comenzado a construir, hoy brilla por su ausencia. La demagogia populista la ha reemplazado. Y si el Banco Mundial felicita los “logros económicos” del actual proceso sandinista, algo anda mal. Ortega no es Somoza…, pero parece.

 

¿Qué diría Carlos Fonseca, uno de los fundadores del Frente Sandinista, revolucionario marxista inclaudicable, de esto que está pasando ahora en Nicaragua? Se espantaría, sin dudas.

 

Marcelo Colussi

mmcolussi@gmail.com

 

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