Binóculo Nº 232

Con el Arañero de Sabaneta

Las crisis políticas sirven no solo para agudizar las contradicciones entre dos factores antagónicos, sino que también funcionan para precisar el grado de compromiso y los niveles de conciencia de cada persona. Ello por supuesto supone un alto nivel de formación para entender cuál es la esencia de todo lo que genera la crisis y del enfrentamiento que es consecuencia de esa crisis.

La esencia de esta batalla política que se convirtió en una crisis, a mi juicio por estrategias equivocadas del gobierno, es la aplicación de una mayéutica. ¿Por qué un grupo de pandilleros que se erige como los capitalizadores del descontento de sectores importantes del país, no optan por la batalla política y se enfrentan al gobierno en el escenario de la calle por la vía de la concentración de masas que es la mejor forma de evidenciar el músculo político?

Hay dos factores que debemos precisar en este difícil entramado: Uno, que la esencia de la batalla es capitalismo contra socialismo. Eso no es tan simple. Significa dos conceptos distintos de entender y visualizar a la sociedad. La esencia del capital es el dinero, y es además, el eje principal de su accionar, el motor por el que las fuerzas se activan bien sea en las finanzas, la industria, el comercio o el agro. La única visión es la acumulación de capital, que es a su vez una relación con el poder. Hay una interacción allí, casi una simbiosis. Incluso hay momentos en que se metamorfosean, se imbrican, interactúan, uno priva sobre el otro y viceversa.

Esa es una visión del espacio, del mundo, de la vida y de la sociedad. Ello significa el sacrificio del elemento más importante que es el hombre, quien no es otra cosa que un instrumento para producir riqueza, es él, el sujeto principal de la explotación porque es él, el que produce riqueza. Es decir, el poder en manos de unos pocos, en alianza con la riqueza, conduce al sometimiento de la mayoría llevándolo a los estados de injusticia y de miseria en el que se encuentra la humanidad. Ni la palabra pueblo, ni la expresión "justicia social", forman parte del diccionario de este pequeño grupo social. Es decir, la burguesía.

En ese escenario, casi groseramente resumido, se ubica la oposición, que a su vez se divide en tres sectores: los que detenta el poder y que nadie ve, pero son quienes ordenan, deciden, ponen y quitan porque son los dueños del capital y de parte del poder político. Otro sector es, los que reciben las órdenes y ejecutan las acciones para que se produzcan resultados, que es la dirigencia política y sus huestes. Es la que da la cara por todos y a final de cuentas es sierva del poder. Se conforma con los mendrugos, es decir, algún negocio, el control de un ministerio u organismo público, una casa con piscina y viajes a Miami. Es términos económicos, comparado a los que harán los grandes negocios, eso siempre serán mendrugos. Y un tercer sector que es la clase media descontenta con el gobierno, porque le mermaron sus posibilidades de consumo, sus aspiraciones perennes de parecerse a la burguesía y su increíble capacidad de endeudarse hasta donde no puede, que a su vez genera la consecuencia más estúpida de todas: todos los ahorros se van a las clínicas privadas para curarles sus problemas cardíacos, de tensión, diabetes, tiroides, impotencia, esterilidad, histeria, mal humor y pare de contar. Esa clase media es la fuente de riqueza de las clínicas privadas. Los pobres van a los hospitales y a los Barrio Adentro, y los ricos chequean su salud fuera del país.

El otro factor del gran enfrentamiento, el socialismo, es el otro concepto del mundo, de la vida y del país. Y es menester aclarar que no existe socialismo en ninguna parte del mundo. No como está expuesto en las teorías políticas, sobre todo las de Marx, Lenin y Mao. El primer intento fue la extinta Unión Soviética, en donde surgieron casi de inmediato las dos principales contradicciones: la concentración del poder en manos de una cúpula que permitió incluso horribles matanzas; y el capitalismo de Estado que terminó pervirtiendo a la burocracia.

A partir de allí se han hecho varios intentos de construir el socialismo en distintas partes del mundo. Quizás la que más se pareció al socialismo real fue la extinta Yugoeslavia, donde a la muerte de Tito, el capitalismo acabó desmembrándola y convirtiéndola en lo que quiso.

No existe el socialismo en los países de Europa del Este, con economías en ruinas y poblaciones sobreviviendo a duras penas luego del derribamiento del Muro de Berlín.

Vietnam intenta llevar elementos del socialismo, pero no es un país socialista. Derrotó a los japoneses, a los franceses y a los gringos en el campo de batalla en casi cien años de combate. Hoy Vietnam es la mayor maquila del mundo en donde las poderosísimas trasnacionales gringas tienen instaladas sus fábricas y pagan salarios miserables por entre diez y dieciséis horas de trabajo. Aún no se llega a los niveles de Filipinas, Tailandia o Malasia en cuanto explotación a trabajadores menores de edad, pero no está lejos.

Corea del Norte, no sabemos qué es. Con seguridad no es socialismo. Tiene algunos ingredientes de la justicia social y de la participación del hombre que esbozan las teorías, pero hasta allí. Corea del Norte es uno de los mayores misterios de la humanidad. Nadie sabe qué se encontrará el día que se destape.

Todas estas naciones, y otras no mencionadas, tienen un elemento en común: avanzaron en el concepto de justicia social y desarrollan políticas encaminadas a construir una referencia distinta al capitalismo. Para estos países, educación, salud y políticas sociales forman parte de la necesidad de la construcción de un nuevo sistema de vida y de una nueva sociedad. Pero ninguna se parece al socialismo, y mucho menos tiene instaurado un socialismo.

En ese contexto se inscribe Venezuela.

Fue Chávez el propulsor de una serie de políticas que contribuyeron de una manera impresionante a superar los niveles de miseria del pueblo. Pagó esa enorme deuda social y acercó a esos venezolanos –que son la mayoría- a su condición de ciudadanos y de protagonistas de la construcción del hombre nuevo. Ahora, suponer o afirmar que eso es socialismo, es un gravísimo error. No es ni siquiera un estado revolucionario. Ni siquiera nos acercamos al proceso de liberación nacional. Hay un avance en el sistema de compensación social, que incluso, aún no es una política, pero no se ha afectado al enemigo real, el invisible, el que nadie ve pero en realidad es la cédula de identidad del capital, como es el sistema financiero. La banca es el principal enemigo, la que planifica, opera, presiona, arrincona y financia las acciones en contra del proceso.

El gobierno de Maduro se ha enfrentado a todo. Creo que nadie ha sido más presionado en los últimos años. A ello tenemos que sumarle el impacto de la ausencia de Chávez, su estreno como Jefe del Estado, la ausencia de políticas económicas, la baja en los precios del petróleo, el robo de las reservas alimentarias establecidas por Chávez, el raspado de la olla que hicieron militares y muchos funcionarios del gobierno, las guarimbas, los sabotajes y el peligroso y prepotente yoismo de Nicolás. Todos esos factores operan por supuesto en contra de la agudización de las contradicciones y de la aparición de un debate que es primordial se dé ya: ¿hacia dónde vamos?

Esos son hándicaps que se contraponen a todas las cosas que se están haciendo, que son muchas, además importantes. Ningún país del mundo tiene un tercio de su población en la escuela. Ningún país del mundo le ha entregado, en menos de 15 años, un millón 300 mil viviendas a sus ciudadanos. La atención en salud, las políticas de financiamiento y tantas cosas que se hacen todos los días.

Es decir, jamás en la historia del país, habíamos llegado a estos niveles que son producto de políticas epilépticas, pero políticas al fin, que operan en función de los ciudadanos. No entender eso es una ausencia total de conciencia y una carencia de formación. Chávez lo dijo muchas veces: "del otro lado está la nada".

Puede que uno de los críticos más duros de este gobierno del pana Nicolás, sea quien esto escribe, que por cierto no echa atrás ni uno solo de sus cuestionamientos. Pero prestarse al peligroso juego del derrocamiento del gobierno a cuenta de sus errores para entregarle el poder a enemigos del país, es simplemente no entender la contradicción principal: capitalismo o socialismo.

Lo conquistado le pertenece al pueblo y es tarea de la vanguardia formarlo para que no se lo deje quitar. Es tarea de la vanguardia, echar agua a la semilla de la que algún día crecerá el árbol de la libertad, aunque sea en el poquito de tierra en el porrón de la sala de la casa. Es una deuda con la gente, pero también es un compromiso con el Arañero de Sabaneta.



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Rafael Rodríguez Olmos

Periodista, analista político, profesor universitario y articulista. Desde hace nueve años mantiene su programa de radio ¿Aquí no es así?, que se transmite en Valencia por Tecnológica 93.7 FM.

 rafaelolmos101@gmail.com      @aureliano2327

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