La importancia de moralizar a la revolución desde su dirección

Son los dirigentes y jefes políticos quienes deben actuar de manera ejemplar y moral. No se le puede exigir a un auditorio conciencia, ética si quien lo hace no demuestra que la tiene, es decir, si quien la exige se cree acabado, moralmente concluido, como si actuar moralmente es mostrarse incólume y nada más, sin tensiones, sin errores y contradicciones. El control que es lo que sostiene la conciencia. La palabra conciencia no hace la conciencia. Invocarla debería estr acompañado con una reflexión, con un acto de reflexión referido a aquello para lo cual exigimos conciencia. Por ejemplo, Aristóbulo Isturiz habla de "conciencia del deber social" pero no medita junto a su auditorio sobre lo que significa el deber social. En él, "conciencia del deber social" es solo discurso y nada más. No hay la intención de moralizar, de educar, de formar políticamente al auditorio. Y son ellos, los líderes, los señalados para moralizar a la sociedad que tanto lo necesita ahora. Las estadísticas y los discursos vacíos no convencen porque no se corresponden con lo vemos en la calle, con lo que siente y percibe la gente de los actos de gobierno, con la realidad. No convencen porque están ahí para otra cosa: vender una fachada de fidelidad, de compromiso, de patriotismo, de algo que avanza cuando en realidad el gobierno y el país están inertes; pero aún, cuando vivimos exactamente lo contrario.

Moralizar es una tarea exigente como lo es educarse a sí mismo. Requiere disciplina, sacrificio, control. Tan difícil como educar a los hijos dentro de principios y valores, porque sentimos que debemos dar buenos ejemplos. Es lo mismo. No es suficiente una autoridad militar para ganarse el respeto de la gente, hay que tener autoridad moral, respetar a los hijos, al otro, hablar siempre con la verdad o no mentir jamás.

Un líder tiene que educar a su gente como lo haría con sus hijos. Y de hecho, lo que es el líder en su práctica de vida lo copian sus capitaneados. Si el presidente Maduro no domina un tema debe aceptar que es así, su auditorio y la población en general lo entendería. Por ejemplo, los prejuicios del presidente deben ser expuestos como lo que son, como prejuicios, y no como un conocimiento universal, porque son de un valor personal, mezquino y limitado. El líder es líder porque asume la responsabilidad sobre el destino de muchos mediante valores, enseñando valores. Sin valores no hay liderazgo. Así como el padre, el líder está obligado a escuchar y aprender de las demandas de su gente, de ella y de ellas. En eso radica la autoridad, en el respeto por el otro y en vivir cerca de la verdad y en no mentir jamás.

Lo que está dañando espiritualmente a la población es la mentira. Con la mentira falseamos, engañamos, disimulamos, distraemos a la gente de la realidad. Una persona distraída es fácil de manipular. Y un pueblo distraído es tan esclavo como un pueblo ignorante. Cuando la gente es víctima de la especulación de un comerciante lo es a su vez de alguien que miente. Cuando un alcalde no cumple con su deber, es corrupto detrás de su irresponsabilidad hay una mentira. Un estafador es una persona que vive de la mentira. Cuando se ejecuta y luego, después de muerto se acusa a alguien sin un juicio, alguien ha mentido. Cuando se contamina un río y el delito queda impune, es porque alguien ha mentido. Cuando alguien gana mucho dinero en la bolsa de valores, en la ganancia hay una cuota de mentira. Cuando se falsifica una firma, cuando envenena un perro. Pero, cuando la gente no escucha al líder es porque en medio de los dos hay una mentira. Cuando se pierde unas elecciones y unos piensan que fue una victoria una mentira manda, muchas mentiras…

Es difícil hacer una revolución socialista confundiendo sus valores con los capitalistas, tomando en cuenta que la sociedad que se quiere cambiar se levantó sobre una mentira. El capitalismo, el mercantilismo, el consumismo, esta sociedad que no respeta la vida, se fundamenta en la mentira, y en una en particular, la cual disfraza un robo, un desojo en un derecho divino.

Mientras el discurso y sobretodo la palabra son el soporte de la mentira, el vehículo de la mentira, la verdad está anclada en la vida misma, en las prácticas de vida. Si alguien miente, siempre miente, su verdad es que es un mentiroso, esa es su práctica de vida, mentir. Esa será su enseñanza, ese será su ejemplo. Si alguien ofende siempre a sus enemigos, sus hijos crecerán con ese modelo aprendido, ofenderán a los suyos. Por eso, vivir cerca de la verdad es saber cuáles son los valores que nos gobiernan, así sean vicios, y que, a partir de esta consciencia debemos construir los nuevos y corregir o eliminar los viejos.

En cualquier circunstancia, un líder sin valores claros, que no se critique, que no se corrija, que no se comunique y vincule con su pueblo pierde su autoridad y en un solo movimiento su liderazgo. Es eso lo que percibimos en este preciso momento acerca de lo que está pasando con el gobierno de Maduro y el pueblo chavista: carencia de autoridad moral, la única que vale para el socialista y en la revolución socialista. En el socialismo y para los socialistas, la autoridad moral es autoridad política, deberían ser equivalentes. En el capitalismo la autoridad la determina el capital, el cuánto tienes; en el socialismo la autoridad la hace el ser o lo que eres. De esto siempre habló Chávez.

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Héctor Baiz

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