La Economía en su laberinto

Hace poco decidí releer la novela de García Márquez, El general en su laberinto, narración que retrata el viaje final de Bolívar, camino a la quinta de San Pedro Alejandrino, después de recorrer el río Magdalena en Colombia. Moribundo y derrotado políticamente, el Libertador decide marcharse de Bogotá, cuando ya no era presidente de la Gran Colombia. Veía que a su alrededor se hundía la integración de la América independiente bajo las botas de los generales de la independencia. En la comitiva que lo despide esa madrugada en Bogotá se encuentra el embajador de Inglaterra, quien retrató en una frase la escena: "el tiempo que le queda le alcanzará a duras penas para llegar a su tumba", expresión que vislumbra el desolador destino del gran hombre.

Este enunciado del embajador inglés, no sé por qué exactamente, lo relacioné con la crisis económica actual del país y la actuación del gobierno nacional. Parece un tanto profético como muchas de los pensamientos que se repiten en algunas circunstancias, pero así lo siento. Pienso que a la guerra económica sólo le queda tiempo para llegar a su tumba. No soy psiquiatra como Jorge Rodríguez, pero no encuentro razones para que el Presidente Maduro siga insistiendo en una narrativa política que no funciona, como se demostró en las recientes elecciones de la Asamblea Nacional, ni siquiera el 42% de los chavistas en su totalidad creen que los empresarios y sus aliados sean los responsables de la debacle económica que vivimos a diario. No sirve el truco de nombrar ministro a un sociólogo que ha escrito sobre tal tema para que el panorama cambie. Insistir en lo mismo es ir hacia una salida política indeseable.

No es que la tal guerra no exista, sólo que el 70% de la población venezolana no cree que ello explique el asunto de no encontrar los productos básicos secuestrados por especuladores de distintos pelajes, las colas infernales, los bachaqueros desaforados, el contrabando con charreteras y la "inflación más alta del mundo". No, la guerra económica no llega a tanto.

Sé que se ha acudido a otra explicación histórica en la economía venezolana: el rentismo petrolero. Volvemos a preguntarnos, ¿diecisiete años transcurrieron en vano? ¿por qué no se comenzó a transitar el camino de la Venezuela productiva desde casi dos décadas? Parece que en este aspecto, el "ser del rentismo" dominó al "ser productivo", pero lo más cruel es que el rentismo fue amparado por el gobierno que ahora lo asume como causa y no efecto.

Otra explicación da razón parcial de la crisis, el descenso de los precios petroleros. Escribía en una oportunidad que si le asignamos como tarea a estudiantes de bachillerato que interprete un gráfico de las variaciones históricas de los precios del petróleo en el mercado mundial, estoy casi seguro, que todos llegarán a la conclusión obvia: los precios son variables y tienen "curvas de ascensos" y "curvas de descensos". Tal vez los planificadores y expertos petroleros dijeron lo mismo, pero los que tomaron las decisiones pensaron distinto. Si, pensaron que el barril de petróleo estaría por encima de los 100 dólares por mucho tiempo, "porque ese es su precio justo". Yo lo oí, no me lo contaron.

Yo siempre me he preguntado cómo reaccionan los hijos de los felices afortunados que se han ganado un kino (lotería) y a la vuelta de algunos años –casi siempre muy pocos— encuentran que son más pobres que antes y, lo que es peor, después de "probar las mieles de la riqueza". La frustración generalizada que se vive en el país puede brindar un indicio colectivo del asunto. No adivino, ya sé cómo se sienten.

Alguien dirá que el gobierno ha reconocido la "emergencia económica" mediante el Decreto que el Presidente Maduro entregó a Henry Ramos Allup en la Asamblea Nacional el pasado 15 de enero. Me tomé algunos minutos para leer y razonar sobre el documento. Lo mejor del Decreto es que decreta la emergencia, pero, lamentablemente, no va más allá. ¿Qué esperaba este ciudadano de pie? Bueno medidas concretas para atender la emergencia que ahora es oficial, entró en el vocabulario mediático del gobierno nacional.

Pero existen algunas complicaciones que es razonable aclarar desde el gobierno nacional. El FMI acaba de publicar que la inflación en el país durante el año 2015 fue de 270%, la más alta en la historia del país y la más elevada en todo el planeta. El mismo ente pronostica una hecatombe de precios para el 2016: 500%, que ojalá se equivoquen. Por su parte, el Banco Central informó que fue del 141% y además dio una noticia más espeluznante: 7,1% de caída del PIB. Pero, ¿qué explica tal diferencia en los indicadores? ¿a quién creerle? ¿por qué no se ponen de acuerdo? No tengo respuestas. Sin embargo, voy a copiar un párrafo, muy razonable por lo demás, de un adversario público del gobierno, pero que hasta el Presidente Maduro le reconoce su seriedad:

No hay ni en el decreto, ni en el discurso del presidente, una explicación racional de cómo resolver el problema de escasez de divisas, ni como pagar la deuda comercial interna para rescatar el abastecimiento de materias primas e insumos. No explica de dónde saldrán los recursos para enfrentar los pagos de deuda externa sin afectar el abastecimiento interno. No desarrolla como cumplirá su oferta de incrementar la producción local, sin divisas, sin pagar deudas previas, sin condiciones de entorno favorables, con controles de precios y cambio, con hostilidad a la inversión privada, con legislaciones inaplicables y con inseguridad. Pero sobre todo, no hay una sola palabra, propuesta o acción, que permita imaginarse que el país recuperará la confianza de los consumidores e inversionistas, sin la cual, todo lo demás…es paja. (Luis Vicente León)

Creo conveniente aclarar que no soy de aquellos que comulgan con las ideas de León, pero existen un conjunto de dudas razonables sobre situaciones concretas que en el Decreto de emergencia no se indica políticas oficiales para resolverlas. ¿Por qué el gobierno no explica, no aterriza en las acciones concretas para adelantar resultados inmediatos? Entramos en la dimensión de lo desconocido y ficcional para aventurar explicaciones lógicas. Pero hay que reconocer un hecho concreto, de alguna manera el gobierno nacional (que no ha tenido la pericia para manejar la crisis) le dice al país: "confíen en nuestro equipo, requerimos una carta blanca para atenderla". Yo no sé los demás, pero en lo personal creo que en buena parte el desastre actual es consecuencia de lo que el gobierno ha tenido de sobra: cartas blancas para hacer y deshacer. No me gusta ese camino.

En fin, seguir insistiendo en la "narrativa de la guerra económica" no sirve de guía para la coyuntura, entender que los culpables son los precios petroleros tampoco dice bien de los responsables de prever contingencias de este tipo. Insistir en el cambio de la "economía rentista" a un país productivo es encomiable pero luce como una medida que tardará algunos años para ver sus efectos y tiempo no es precisamente lo que le sobra al gobierno. Dejar de anunciar medidas concretas no atiende el centro de la crisis: acciones inmediatas para evitar que los desalentadores vaticinios de los organismos internacionales (con los que no simpatizo pero tampoco los ignoro) para el año 2016. Visto así el panorama, para mí el escenario económico se vislumbra como un laberinto. Nada es más desalentador.

 

 



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Nelson Suárez

Docente/Investigador Independiente (Literaratura, Ciencia, Tecnología y Sociedad)

 suarez.nelson2@gmail.com

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