Después de la fiesta del 6-D, la ciudad duerme, el pueblo despierta y el mundo espera

Muchos quisieron llegar a la fiesta y aunque algunos no estaban invitados decidieron participar en la misma creyendo que podían hacer un cambio en sus vidas. Quizás pensaron en asistir para castigar a sus padres y hermanos dándole una lección de desobediencia como suele suceder en muchos seres humanos que acuden a lo desalmado para sentir que tienen la razón, pero se olvidan que la verdad humana no es absoluta, sino por el contrario, asusta enormemente después de acometerla o hacerla como venganza.

La ciudad estaba a la expectativa después que los ciudadanos antagonistas habían hecho los preparativos del 6D durante mucho tiempo con lo que había soñado desde hacía tantos años, esperando por una fiesta que presentaba a lo lejos maravillas a todo el que pasara cerca de ella. Algunas personas hicieron publicidad engañosa para cautivar a la gente del pueblo incauto, pueblo que no sospechó que nunca había sido invitado a disfrutar de las alucinaciones de esa clase que toda su vida lo que menos ha permitido, es que el disfrute desde adentro sus fiestas narcotizadas de represalia, resentimientos o desagravios, porque en esta anestesiada actividad decembrina el pueblo solo disfrutó desde afuera ya que no tenía la invitación oficial por escrito, es decir la tarjeta que debía presentar no le fue entregada nunca –ni le será- por lo tanto, estaría disfrutando desde la periferia, hasta que ellos terminaran la orgia de su espectáculo a lo interno.

La fiesta ha terminado. Afuera, solo queda la resaca por el trasnocho de un pueblo que pudo disfrutar un cambio en sus vidas por unas horas, participando desde el perímetro. Solo algunos estaban adentro atendiendo la mesa de una elite que jamás permitirá que el pueblo pueda sentarse junto a ellos para compartir su estatus quo

Ahora la ciudad dormía debido al cambio narcotizado que tuvo de regalo decembrino, una heroína inyectada por la publicidad capitalista que los elevó por las nubes y sueñan despiertos esperando no despertar de esta alucinación que los atrapó por fin después de tanto soportar la rabia, el odio y la sé de venganza, fue entonces cuando esa gentuza "dejó" de sufrir. El pueblo por el contrario, ha despertado luego del efecto de los alucinógenos y ha colocado sus manos en sus rostros viendo que se hizo parte de una fiesta en la cual no debió estar porque solo se escuchaba la música afuera y ahora debe tomar acciones para depurar de su humanidad el daño ocasionado por la droga del capitalismo neoliberal, organizarse y festejar en sus espacios, tomar las calles con la constitución en la mano para deslastrarse de esos malandros que llegaron a la asamblea y que decidieron acabar con la fiesta drogadicta el 6D.

Hoy, un mundo silente alrededor de este pueblo que despertó, espera por ver que va hacer con el error cometido, porque ese mundo vio y entendió que el único perjudicado después de salir de la fiesta, fue el propio pueblo, porque los del cambio, los de la ciudad, los de arriba, siempre han estado dañados y ahora duermen la fiesta.

Nuestro legado… también es sagrado

 

ivanmendez2006@cantv.net



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Ivan Mendez


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