Econometría y realidad (I)

Es un error muy común en el mundo "analítico opositor" cuestionar o criticar las decisiones en materia económica desde dos perspectivas. Primero la política y para ello utilizan la descalificación del oponente como argumento central. De allí que todo lo que no sea neoliberal es por concomitancia de factores simple ignorancia. De allí su ofensa "intelectual" al ver como un gobierno socialista con una visión humanista desprecia sus recetas económicas para salir de la crisis que ellos mismos crearon. La segunda es la propiamente económica, pero esta es un mero reduccionismo de cifras macroeconómicas que en nada ayudan a buscar soluciones como la pobreza y la desigualdad, simplemente describen un mundo donde el gran capital y las trasnacionales llevan la batuta y dictan las políticas de las naciones menos desarrolladas. Desde esta óptica somos subdesarrollados por no haber sido lo suficientemente capaces de adoptar una política de reducción del Estado Nación en materia educativa o de salud, es decir no pudimos reducir, sino todo lo contrario, lo que para ellos es un "gasto" y para nosotros una necesaria e inaplazable inversión social.

Una balanza de pagos favorable no explica el hecho que la fracción de población más rica que recibe la mitad del Valor Agregado, mientras el resto del mundo se sienta a ver como ellos consumen los recursos del planeta. Pero esta crítica no es para nada nueva, ya en el siglo XIX desde los albores de la revolución industrial, cuando en las grandes textileras de Manchester o las relucientes fábricas de Liverpool con sus flamantes chimeneas que exhalaban el humo proveniente del invento que cambiara al mundo, la máquina de vapor, ya la explotación del hombre por el hombre se comenzaba a erigir como la máxima ley del futuro sistema económico dominante. En mis años estudiantes aprendí que mientras exista el capitalismo la crítica marxista será válida y pertinente. El marxismo no es una serie de teorías o constructos elaborados desde una inaccesible torre de marfil intelectual.

Es una antítesis de lo que está mal dentro del capitalismo y va más allá propone sus soluciones. Se niega a admitir que las sociedades se reduzcan a grandes grupos humanos encadenados a un absurdo sistema de distribución de la propiedad privada, a una explotación irracional de los recursos naturales, a una exclusión social de enormes magnitudes. La sociedad socialista está en contra de las formas de manipulación de las masas mediantes los grandes conglomerados de la información, sin sobornos, sin manipulación del sistema económico y monetario para aumentar sus ganancias. Está plenamente consustanciada con un mundo libre de polución, libre de contradicciones que respeten el libre debate de ideas y no lo silencien con el apelativo de ignorancia.

Desde el punto de vista de una econometría real podemos observar cómo es posible construir una sociedad más equitativa donde esa minoría privilegiada trasfiera parte de la riqueza a los sectores restante del universo social. La necesaria estabilización de la demanda para los sectores más amplios de la población y permitiendo una mejor utilización de la capacidad productiva instalada.

Pero "nuestros" economistas neoliberales han optado por seguir un camino diametralmente opuesto aumentando el impuesto al consumo de las clases menos favorecida y reducir el poder adquisitivo de los trabajadores con la consabida congelación de sueldos y salarios afectando las iniciativas productivas que cubren la demanda de productos básicos de esos sectores. De allí que lo que se ha denominado capitalismo popular sea solo una quimera en el espejismo explotador que no aumenta para nada la ganancia real, lo que genera una estanflación: recesión productiva y desempleo acompañados de inflación. A nivel mundial esto ha generado un escenario de crisis artificial que luego se apropian de las empresas nacionales mediante apuestas a ficticias ganancias a futuro y así lograr un control de la economía mundial. En próximas entregas ahondare más en el mundo de la econometría para demostrar con cifras la ficción de la realidad de las tesis neoliberales.



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Hugbel Roa

Ministro para Educación Universitaria, Ciencia y Tecnología

 @hugbelpsuv

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