Al presidente Maduro y las instituciones

Sin contemplación, una ley del absurdo

La guerra decretada por el imperio norteamericano a Venezuela desde el domingo 14 de abril de 2013 es tan bestial que todos los escenarios de la vida cotidiana del país fueron abordados. La vida diaria de los ciudadanos fue conquistada en todos sus procesos desde que amanece hasta que anochece en este extraordinario país. La gente amanece cada día sin crema dental, jabón, ni champú para el aseo personal. La ropa que debe ponerse ya está desgastada y debe ser cambiada, pero no es posible hacerlo porque los precios de las prendas de vestir son bestiales. El transporte que debe tomar no llega, las unidades son pocas, producto de que los repuestos no están al alcance por largos tiempos de espera o por costos astronómicos. Los empleados al llegar a sus sitios de trabajo ven que no cuentan con los recursos para realizar sus labores, por lo tanto, su eficiencia y eficacia es afectada por no contar con ellos. Al culminar la tarde y salir a buscar los artículos de la cesta básica para la alimentación de su familia se convirtió en la odisea más estresante que tienen los venezolan@ que antes era rutina, pero hoy, se convirtió en un desbordamiento de martirios y preocupaciones.

Muchos de estos barbaros que afectan nuestra vida nacional fueron engendrados por el imperio en nuestro país a través de guerras psicológicas por los laboratorios de la disociación y los consorcios de la comunicación. Fueron convertidos en salvajes humanos que no entienden que se han transformado en sus propios enemigos y asesinos, y del pueblo. Ellos ignoran que los EE.UU. quieren imponer su visión capitalista y neoliberal y no van a respetar nuestro proyecto socialista porque es un problema de supervivencia que está enfrentando el norte.

Cuando la anarquía se convierte en la forma de vida cotidiana de una sociedad, solo el imperio de la ley puede corregir esa bestialidad aberrante y por razones humanas no puede haber contemplación con los monstros que engendró la codicia de hombres y mujeres que se convirtieron en ángeles caídos.

El estado y sus instituciones deben ser garantes de la justicia, de lo legal, material y espiritual. No debe existir impunidad con los verdugos de nuestra sociedad. Si lo permitimos, ellos reinaran como las bestias de la prehistoria y no podemos esperar a que se extingan, o como los barbaros en el siglo IV al XV que acabaron con el imperio romano. Si lo permitimos podrían convertirse en los españoles que conquistaron nuestra América en el siglo XV. O quizás como los señores feudales o monarcas que esclavizaron a sus pueblos convertidos en servidumbre. O peor aún, el imperio neoliberal que ha conquistado idiotizando a la sociedad con el espejo del materialismo y que se niegan a aceptar que decidimos ser libres, soberanos e independientes.

Señor presidente Maduro, sé que ha estado haciendo grandes esfuerzos con su equipo en medio de la verdad y la realidad de nuestros acontecimientos para desenmarañar este tejido bestial de los retractiles y levitas, pero siga girando instrucciones sin desmayo, a todas las instituciones del estado donde tenga injerencia el despacho ejecutivo que Ud. representa, a los funcionarios que tienen la responsabilidad de hacer justicia en todos los ámbitos de la vida nacional, al pueblo mismo como corresponsable con la vida de la nación de acuerdo al artículo 326 de nuestra Carta Magna. Subalterno público que se resbale en sus funciones de hacer justicia contra los especuladores, acaparadores, revendedores, asesinos, paramilitares y delincuentes de los distintos deshonores que hacen de las suyas para dañar la seguridad, el goce y disfrute de la ciudadanía, también tengan el castigo de ley que ameritan, porque de no hacerlo, se estaría matando la esperanza que debería avizorarse ya, en el horizonte que nos arrebataron creyendo que Ud. y el pueblo de Chávez caeríamos.

Sin contemplación a esos enemigos de la Patria, porque es absurdo perdonarlos teniendo leyes inexorables, cuando nosotros dedicamos nuestras vidas a la Paz… y ellos a la Guerra.

Nuestro legado… también es sagrado

ivanmendez2006@cantv.net



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Iván Méndez


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