No callarán el cañon de la revolución

Esta vez no voy a hablar de economía, esta vez no voy a hablar de política. Esas son solo áreas de trabajo. Voy a hablar desde mi fuero interno, como hombre que vive y se relaciona con sus semejantes. Desde mi llegada a estas tierras, siempre me sorprendió el sentimiento del pueblo trujillano hacia la revolución. Allí pude comprender que no solo es simple pasión política, es que el trujillano históricamente ha sido un pueblo aguerrido y vehemente con los principios e ideas libertarias. La dignidad del trujillano esta puesta a prueba contra cualquier vicisitud que el destino le quiera imponer. Y ese mismo destino nos jugó una mala pasada en la tarde del martes 29 de septiembre. Desde ese momento se aglutinaron en mi cabeza los recuerdos y enseñanzas de un hombre que vivió para servir. Un hombre humilde que trascendió el rito ordinario de vivir y se consustancio con una idea. Un hombre con una personalidad arrolladora que trataba indistintamente a sus congéneres sin hacer diferencias de ningún tipo y de existir las sabía minimizar. Así era Samuel Darío Rodríguez o simplemente "Sammy". Pero lo que más me impresiono fue su irreverencia ante el poder, su radicalidad en cuanto a hacer las cosas bien, su audacia a la hora de denunciar lo incorrecto. Era pues un revolucionario genuino, sin necesidad de hacer alarde de ello esta condición era innata en él y todo el que no lo conocía sino lo sabía, lo intuía desde el primer momento. Tuve la enorme fortuna de conocer al profesional, al padre, al esposo, al amigo y al camarada y de verdad ejercía cada uno de esos roles con la sinceridad que caracteriza al buen Revolucionario.

Para nadie es un secreto que decidí incursionar en el mundo de la radio. Y mientras muchos gastaban sus energías y esfuerzos en hacerme desistir, Samuel Darío puso toda su experiencia en el medio radioeléctrico a mi disposición. Siempre conté con él para el consejo oportuno, la crítica constructiva, para resarcir el error, la reflexión necesaria para mejorar. Todo ello lo hacia Sammy sin interés alguno. Muchas veces la lección iba acompañada de remembranzas de su pasado, de sus inicios para sustentar lo que me quería hacer ver. Pero desde su conocido "la bolita Samuel, dónde está la bolita" en sus inicios como locutor, hasta su no menos celebre "Si va" son extraordinarias las enseñanzas que se pueden extraer. Recuerdo como se iluminaba su rostro y sus ojos se perdían evocando, buscando en la lejanía de la memoria, aquellas escenas de sus primeros pasos que lo llevarían a la postre a ser el gran profesional en que se convirtió. Relataba con orgullo como comenzó en radio Cambuyon o como en sus tiempos estudiantiles perifoneaba con un megáfono a sus compañeros del liceo Rafael Rangel. Se notaba que llevaba marcado en el alma con el fuego de la pasión su amor por la comunicación. Fue locutor de futbol y ciclismo lo que deja sentada su enorme versatilidad al frente del micrófono.

Lamentablemente hoy no estás con nosotros. Oscuras balas terminaron una brillante carrera, nos arrebataron a un ser especial extraordinario, a un padre y amigo ejemplar. Hoy cuando en medio del dolor solo nos resta por levantar la bandera que dejaste y hacerlas ondear en lo más alto como tributo perenne a un hombre que lo dio todo sin esperar nada a cambio. Pero como lo dijo Platón hace más de 2000 años "cuando la muerte se precipita sobre el hombre, la parte mortal se extingue; pero el principio inmortal se retira y se aleja sano y salvo". No pudieron Sammy, no pudieron contigo, pues a partir de ese martes te trasformaste en algo que está más allá de los odios y resentimiento básicos de escuetos seres. Ahora más que nunca tu CAÑON retumbara con el eco de mil gigantes entre estas montañas que tanto amaste.

 



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Hugbel Roa

Ministro para Educación Universitaria, Ciencia y Tecnología

 @hugbelpsuv

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