Sembrar la revolución

La seguridad alimentaria un proceso complejo que no solo involucra el abastecimiento y la producción, abarca toda la cadena productiva de alimentos. Para el caso de la agroindustria esta no solo debe enfocarse en el producto final y el consumidor. Tiene que concretarse desde el primer eslabón de la cadena, en la siembra, en el campo y por conclusión lógica en la semilla. Se necesita entonces de una compleja estructura que asegure su producción, distribución y comercialización anuda a un binomio productor – campesino que garantice un producto de calidad que llegue a todos por igual.

La realidad del campo venezolano es por demás preocupante, ha pesar de haber desarrollado el marco jurídico legal que garantiza el trabajo de la tierra en condiciones óptimas para que el campesino produzca en las mejores condiciones, todavía no hemos podido acceder a un estadio de productividad técnicamente desarrollado que asegure la producción de una semilla certificada, fiscalizada con un óptimo control de calidad. El estudio y la investigación son esenciales para poder tener una semilla nacional de características similares o superiores a la importada. Y este es un tema por demás sensible; el país importa entre el 100%, 70% ,50% de las semillas de hortalizas, maíz o papa respectivamente. Para ello se necesita elevar las capacidades de procesamiento y almacenamiento, de conocimientos tecnológicos y una infraestructura adecuada para tal fin.

Pero este es un campo que mundialmente esta bajo un intenso debate. La manipulación genética de la semilla por parte de las multinacionales productoras de tecnología agrícola de punta. Se ha llegado al punto de modificar genéticamente una semilla para que sea fértil durante una cosecha y terminada esta el campesino se vea en la necesidad de comprar nuevamente la semilla a la compañía, es lo que se conoce como "privatización de la semilla". Con ello se limita o se extingue el derecho del campesino o el productor para conservar, producir, almacenar e intercambiar su propia semilla. Además los tratados internacionales como el ALCA promueven la libre circulación de productos transgénicos. El gobierno bolivariano ha protegido al país de este tipo de tecnología que obviamente es una nueva herramienta de la explotación capitalista. La importación de semilla se hace con dólar preferencial 6,30. Entre las multinacionales que tratan de convertir la agricultura mundial en un gran negocio genético dependiente del consumo de semillas patentadas, están Monsanto, Bayer, Pionner y Dow Agrosciencie. Esto sin contar con los riesgos de contaminación y los efectos secundarios que causan este tipo de tecnología en los seres humanos y el medio ambiente. Brotes de enfermedades como cáncer en poblaciones cercanas a los campos cultivados con estas semillas contaminación del agua y extinción de especias son solo algunos de los efectos detectados hasta el momento en zonas expuestas a estas tecnologías.

Esto me lleva a pensar en las consecuencias catastróficas que tendría para el país en general y para nuestro estado en particular, un estado eminentemente agrícola. En días pasados en un recorrido que hice por el municipio Carache, en el cual una sol parroquia como cuicas tiene la capacidad de producir 17 toneladas de tomate, 3200 sacos de maíz y 1395 quintales de café al año. ¿Que pasaría si no protegemos este tremendo potencial productivo? ¿Qué seria de nuestras comunidades si la dejamos al libre albedrío del mercado neoliberal y sus multinacionales agrícolas? Desde la Asamblea Nacional nos plantamos en la primera línea de defensa de nuestro campo. La agroecología sustentable, el eco socialismo son las armas para combatir este embate capitalista sobre nuestra agricultura. La ley de semillas es un instrumento liberador que asegura y protege y promueve la semilla nacional como patrimonio cultural y biológico.

 



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Hugbel Roa

Ministro para Educación Universitaria, Ciencia y Tecnología

 @hugbelpsuv

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