Universidad, neofascismo, comuna y salario digno

Entre los que saben de política, los asesores, operadores políticos y funcionarios, desde hace muchos años, en América latina y Caribe, existe la conseja de que las transformaciones no se pueden profundizar, ni acelerar, porque es provocar la ira del adversario y provocar un Golpe de Estado, cuando menos, un conflicto social o caos callejero. Nada más cierto, que dicha premisa, en un Estado Capitalista o que apunta a la consolidación del mismo, que no podría llevar más allá de un reformismo o algún cambio gatopardiano, para que todo siga igual. Resulta que un Estado comunal es otra cosa, porque es Pueblo y tiene Pueblo, que gobierna para el Pueblo.

Respecto de lo anterior, por boca de sus autores, tanto el Comandante Hugo Chávez, como el Presidente obrero, Nicolás Maduro, han sido víctimas de este tipo de críticas o consejos de gente que sabe mucho, incluso, de esa a la que si no se le obedece a pie juntillas, pega berrinches, monta tienda aparte o, simplemente, juega al desgaste y sabiendo que vamos para el barranco de la historia, aconseja de la manera más docta, que "hay que dejar que las cosas caigan por su peso", apelando al criterio de Sir Isaac Newton, quien propuso la Ley de Gravitación Universal o Teoría de la Gravedad, que una y uno, como somos unos vulgares mortales, que no sabemos tanto, no tenemos sino que reconocer como "verdad absoluta" tal manipulación, que no está muy alejada de la "verdad de fe" que nos imponían los escolásticos en su pastiche de "fe y razón", vicio que ha pervivido en todas las universidades puestas al servicio del Estado burgués, porque de otra manera, cómo se hace pasar por ciencia y por verdad, tanta estupidez junta, tantas mentiras disfrazadas de verdad, tanto absolutismo, tanto adocenamiento para domesticar al sujeto ese que hoy se siente más arribita de sus congéneres y casi a puntico de pasar a engrosas las filas de la exclusiva clase burguesa, conocido como "clase media" o "pequeño-burgués", siento éste un desclasado con pena étnica, que ni está en el medio, ni tiene clase, más allá del remedo, cual mico (con el perdón de los monos), de los ademanes, las poses, los gustos y los atavíos de la burguesía.

Así las cosas, por este camino van las universidades venezolanas, privadas y, sobre todo, las públicas. Amargamente, aunque con sutileza, tanto el Comandante Chávez, como el Presidente Nicolás Maduro, han expresado, palabras más, palabras menos, que en el subsistema universitario hemos avanzado poco, para no tener que decir "nada", en lo que respecta a su transformación al servicio del Plan de la Patria, que es una ley orgánica, que sería lo mismo que decir, del Estado Comunal, si revisamos el articulado de la Ley Orgánica de la Comuna, maravilloso legado que muchos no nos atrevemos a leer, para no sentir rubor al saber que no estamos haciendo ni ayudando a ser posible la revolución, sino que nos escondemos en que tal o cual ministro o funcionario es un inepto e incapaz y hasta corrupto, porque es más cómodo esperar a que nos llegue la revolución a nuestras universidades y si se democratizan, por la vía del Estado de Derecho, que sea algún tribunal el que obligue a los malandros que tienen secuestradas a estas universidades, sin elecciones, pero que, si son convocadas por ellos tales elecciones, serán bajo los criterios copiados de puño y letra por Monseñor Escrivá de Balaguer, luego de unos latigazos y una que otra tentación pedofílica, al mejor estilo de la Secta criolla "Tradición, Familia y Propiedad".

No podemos negar -aunque la mezquindad filofascista del oposicionismo vernáculo lo pretenda minimizar y ocultar- que desde que el Pueblo llegó al Poder con el Comandante Hugo Chávez, todas las misiones sociales han servido de base, para que los otrora preteridos y excluidos, hayan podido acceder a la educación, en la primaria, secundaria y hayan podido ingresar, de manera masificada a la educación universitaria, en mejores condiciones, incluso, que quienes les precedimos generacionalmente, en cuanto al acceso a la universidad.

Antes, desde la llamada Primera hasta la IV República, el acceso era para una élite, porque le negaban el acceso a las mujeres, a los negros, a los zambos y mulatos. Luego, pasando de la Colonia y del mercantilismo a la consolidación del capitalismo, solo ingresaban a las universidades, quienes superaran todas las pruebas de obstáculos, mientras nos iban domeñando y adocenando, con la hipócrita conseja o sofisma de que "a la universidad solo acceden los más capaces", cuando todos sabemos que entre los más capaces, como dieron en llamar, estaban los consentiditos de los colegios privados, con sus noticas exageradas, aunque con letras tipo "Palmer", más los palanqueados y aquellos hijos de los trabajadores desclasados de la clase media, que sus padres dejaron el lomo en gastos cuantiosos para pagarles buenos tutores, profesores con tareas dirigidas, universidades privadas, que en Venezuela no son más que fábricas de títulos, también con sus atavíos y poses de academia, de las que la mayoría de los estudiantes, hoy, ruegan que sean desprivatizadas, para liberarse del yugo del robo económico sobre su núcleo familiar y se secularice el pensamiento y formación, en dichas fábricas de títulos.

Pues, resulta que hoy, el Estado venezolano y el gobierno del Presidente Nicolás Maduro han desempolvado una resolución que estaba en mora en su cumplimiento, como lo es la de que el ingreso a las universidades estará determinado sobre otras variables, más allá del promedio y de evaluaciones excluyentes en "Pruebas Internas", lo que representa así, el otorgar el derecho a todos los bachilleres a ingresar a la universidad.

La verdad es otra. Los malandros de las universidades que se nuclean en una asociación de rectores de la ultraderecha definieron como política y así lo están haciendo, impunemente, aplicar sus Pruebas Internas y punto, para que se la cale el Ministro de Educación Universitaria, Ciencia y Tecnología y que el Viceministro de la Cartera Universitaria, vea cómo desempastela el conflicto que las arpías al servicio del Estado burgués pretenden montarle, primero, con su campaña mediática sembrando irracionalidad y sectarismo, en programas como "100 por Ciento Venezuela" de Televén, entre otros programas de medios privados, luego, aplicando las pruebas y sacando listados de admitidos, de manera que si el Estado no les admite como legales y legítimas esta maniobra, ellos les tiran la opinión pública y a los bachilleres que en su afán de ingresar al subsistema universitario, de manera engañosa, se les ofertó el cupo, a ver si ingresaban a la lotería de una prueba excluyente, porque muchos de los que no han quedado en dicha evaluación, sabemos que reúnen los requisitos, las condiciones y tienen las capacidades para ingresar a la universidad.

Por estas razones, estas universidades, las nuestras venezolanas, son el mejor cobijo de prácticas y formación neofascistas, muy al estilo de Francisco Franco, porque una vez, que la bachiller o el bachiller ingresa a la universidad, se va a encontrar con un mundo que es el remedo de la parasitaria burguesía, con los valores del capitalismo y para formar mano de obra medianamente calificada,para ese tipo de Estado, el burgués, que se sirve y se beneficia de todos los profesionales y técnicos, que ponen su fuerza de trabajo y su intelecto a su servicio, además de mediar la explotación de los de su clase, aunque no la sientan como suya, la clase obrera o clase trabajadora.

En fin, el desclasamiento del bachiller y el querer ser "clase media" o "burgués" es sembrado en las universidades, que le enseñan que son una élite por encima del resto de los mortales. Esto sucede aún hoy, porque no hemos transformado ninguna universidad, incluso, las creadas en revolución, han nacido bajo el mismo esquema y las mismas aberraciones conceptuales y estructurales de las que les precedieron en la Venezuela de la democracia representativa y pitiyanqui.

A pesar de este panorama, la clase trabajadora, nucleada en organizaciones sindicales, han logrado hacer valer la condición de igualdad de derechos y copartícipes del hecho universitario, con equidad e igualdad de condiciones, entre los profesores, obreros, estudiantes, empleados y egresados, cada uno en su rol, sin desnaturalizar la esencia de la universidad, pero despojándola del criterio aristocrático de "comunidad universitaria" y haciendo valer el sentido de "autonomía universitaria", todos ellos contenidos en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (CRBV: 2000), en su artículo 109 y en la Ley Orgánica de Educación (2008), en su artículo 34.

Pero, al día de hoy, como la ruta acordada con la U.S. Embassy en Venezuela, es derrocar al Presidente Nicolás Maduro y liquidar al chavismo, amén de la necesidad real de un aumento salarial para el subsistema universitario, que compense o supere la inflación que nos regalaron los mafiosos raspatarjetas, raspacupos, ideólogos del Dólar Today y los boicoteadores de la economía, como Fedecámaras-Venamcham, además de convertir a las universidades en cuarteles o guaridas para la formación de cuadros filofascistas o neofascistas, que asesinen a sangre fría en las guarimbas, con disfraz de estudiante, además de servir de mampara para que los conspicuos conspiradores de la CIA y el Departamento de Estado de EEUU, tengan una chapa de profesor universitario e investigador, lo que significa que además de conspiradores golpistas y traidores a la Patria, son mantenidos por el Estado venezolano, como acaba de suceder con una conspicua señora, que se reúne con Barak Obama, entre otros de ese mismo pedigrí.

Con este escenario, muy propicio para la transformación universitaria, todos sus trabajadores pueden estar seguros de que, tanto los beneficios socioeconómicos, como el salario digno y las jubilaciones sólo pagadas a tiempo y completas desde que llegó la revolución bolivariana, socialista y chavista, serán garantizados en la Segunda Convención Colectiva Única Universitaria, 2015 -2016. Ahora, nos corresponde a nosotros, obreros, estudiantes, empleados, egresados y profesores, transformar la universidad venezolana: es decir, liquidar la noción del Estado parasitario burgués y ponerla al servicio del nuevo Estado Comunal, como corresponde. Hagamos que la universidad huela a Pueblo, sea el Pueblo y esta revolución será irreversible.



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Luis Alexander Pino Araque


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