Al sistema capitalista no le conviene

¿Cómo recuperar al ser originario en nosotros?

El que está libre de deshumanización que tire la primera piedra, diría Jesús de Nazaret si estuviese en estos tiempos. Si aceptamos que la deshumanización nos aleja de lo mejor de sí mismo, de los otros para construir y para colmo nos habilita para hacer daño en nuestro entorno pues terminamos deshumanizándolo es reconocer también que el sistema mundo actual nos viene deshumanizando cada vez más y sin darnos cuenta, creyéndonos aún humanizados.

Para Paulo Freire esta deshumanización (pérdida de la fuerza vital y de la plenitud individual y colectiva) exige liberación y el único camino es el encuentro con el otro, para encontrarnos en el "nosotros". El otro no solo me resulta el espejo en el cual proyecto mis inconsistencias, incoherencias y contradicciones sino que es con el otro que nos liberamos, al reflexionar como sujetos en situación histórica y haciendo prevalecer así la solidaridad y cooperación para una acción distinta que subvierta el orden establecido o por lo menos impedir que nos siga deshumanizando. Y resulta que el "nosotros", nos ayuda a comprender dónde estamos y hasta donde podemos llegar en el retorno de la fuerza vital. Desde el diálogo abierto y en la búsqueda de la verdad (como seres buenos, verdaderos y bellos pero vulnerables a ceder a su contrario), es la que permite que superemos los estadios de deshumanización que van constriñendo nuestra naturaleza originaria.

Basta ver en nosotros al que nos seduce e induce el sistema capitalista, lo conocemos con el nombre de individualismo y se representa con diversas caretas como el egoísmo (todo para mí) la egolatría (yo valgo más que otros) y el egocentrismo (al robar energía de otros para sí) que nos excluye del mundo de la vida ya sea por miedo y desconfianza (que nos hace excluir a otros o excluirnos) para ponernos en la acera del frente y desde allí señalar, enjuiciar y condenar. Pero no bastando todo esto, nos inocula la ignorancia y la idiotez para controlarnos y hacernos imbéciles hasta someternos a sus caprichos por eso nos hace perder el amor hacia nosotros mismos y hacia nuestra tierra/nación para hacernos querer o importar solo la materialidad. Paralelamente a esto la labor de las trasnacionales de alimentos que con sus productos artificiales nos desnutren y enferman. Y sus socias, las trasnacionales farmacéuticas nos esperan para mantenernos drogados de por vida con nuestras enfermedades reales y dolencias imaginarias y por tanto, esclavos de la medicina curativa que se blindan de la última tecnología para cobrar más y así los médicos no tengan que mirarnos nuestros rostros.

¿No les parece extraño que desde hace décadas comprar la lotería y las medicinas indicadas por los médicos o por automedicación nos ha puesto hacer colas interminables? De fondo, la esperanza por resolver todo de modo fácil, rápido y cómodo. Pero no es más que la acción para evitar y confrontar el sistema mundo capitalista que nos quiere dormidos u ocupados con los espejismos ilusiones (de obtener dinero) y las enfermedades. Estos son indicadores de una sociedad que deshumanizada ha perdido el sentido propio de su existencia y condicionada transfiere a los individuos su malestar en forma de psicopatologías que físicas y no físicas son productos de bloqueos en los centros energéticos, pues esta ha sido reprimida y tarde o temprano se somatiza en forma de dolor o sufrimiento tangible o intangible.

Jürgen Habermas expresa que las psicopatologías son producto del sistema mundo capitalista en crisis donde los componentes estructurales como la cultura, sociedad y personalidad, así como los procesos de reproducción (cultural, integración social y socialización) se ven reducidos a extorsionar, manipular y desequilibrar el mundo de la vida de hombres y mujeres. El sistema mundo busca salvarse aniquilando la vida humana al robar su energía vital en forma de trabajo o de consumo de sus productos alienantes, tan igual como lo hacían en la antigüedad los potentados con los sacrificios humanos para contentar o tranquilizar la ira de sus dioses. Solo que ahora ellos (la elite plutocrática) son los dioses.

La reproducción cultural del sistema mundo capitalista ya no puede generar saberes válidos sino que impone la mentira y el engaño a través del sistema informativo, comunicacional, publicitario y tecnológico. En este sentido, la sociedad del bienestar prometido por el neoliberalismo pierde legitimación cuando el mundo económico se apropia de lo socio-político y busca perpetuarse a través de él, y la personalidad de los individuos producidos por los patrones de comportamiento eficaces en el proceso de formación y educación se ven alterados por la inconsistencias misma de las intenciones, las cuales reproducen hombres y mujeres maquinas y robot para producir bienes y servicios, así como también y hombres y mujeres vendedores y consumidores de mercancías para hacer ganar a unos pocos.

En el auge del capitalismo y neoliberalismo del desastre (Naomi, Klein), la integración social se hace bajo el prisma del miedo, el pánico, el terror que incita a ambientes de inseguridad en la que se privilegia y se enfatiza el armamentismo policial y militar como formas de obligaciones para los individuos, las comunidades y las organizaciones. Lo que torpedea y perturba la identidad colectiva. Esta indefensión estimuladas y potenciadas por los medios de comunicación (radio, cine, prensa y Tv) con noticias repetitivas hasta el cansancio de criminalidad organizada y masacres para producir shock y paranoias a gran escala y por tiempos indeterminados.

Estos estilos de vida deshumanizantes auspiciados además por los medios virtuales (Internet y videos juegos y electrónicos de guerra y persecución) y redes de la telefonía celular, de modo directo o no apuestan a fragmentar la naturaleza colectiva y gregaria de los sujetos históricos y a propiciar la anomia social y por tanto, establecer la violencia, el odio, la delincuencia, la venganza, la droga y la corrupción como formas licitas donde la macro estructura asume el liderazgo mesiánico salvador con su poder belicista e imperial. Donde las relaciones interpersonales legítimamente reguladas son ahora debilitadas y cambiadas por actitudes y conductas desafiantes de la ley y la norma establecida. Desprovisto de la ética y moral que constituía en sus orígenes la sociedad, no resulta extraño ver como procesos de alienación en todos los ámbitos de la vida permiten naturalizar la incertidumbre, la duda y la desconfianza en todo y en todos. Es aquí donde el sentido de pertenencia a un grupo, a una nación, a una realidad sociopolítica se va mermando o se pierde hasta causar acciones patógenas y desencadenantes de violencia cada vez más de grupos buscando su propia "salvación" o aprovechando recoger en rio revuelto.

En cuanto a la socialización que establece las sociedades capitalistas y sus maquinarias hoy convertidas en trasnacionales globales, hace que los sujetos sociopolíticos interpreten su mundo de la vida como micro espacio sin sentidos, no así el sistema mundo como macro espacio con sus sistemas y estructuras que se imponen, van disminuyendo las identidades propias de los pueblos, su memoria histórica, la valoración de sus mitos, sus valores y tradiciones, sus saberes y prácticas originarias, por lo que se establece la ruptura o aislamiento de lo esencial y sustantivo de la cultura. Por tanto, la desmotivación a estas, el sentido que las une cada vez más invisibles no permiten la interacción e identidad personal lo que va despersonalizando y enajenando sus mentes y corazones. Las personas con debilitamiento extremo de su fuerza vital se convierten en víctimas de estos procesos deshumanizadores que los impulsan al suicidio, a la locura o a la cárcel o a las enfermedades terminales.

Medir o evaluar las causas y las consecuencias para determinar el daño ocasionado en el sentipensar de los hombres y mujeres con sus saberes y prácticas originarias y contrahegemonicas, la solidaridad de los miembros y en las autonomías de las personas precisa de procesos concienciadores con la participación de personas y grupos de interés a gran escala, que no solo reflexionen el estado de las cosas sino que coordinen acciones, se organicen y reconstruyan su identidad cultural asumiendo la discontinuidad histórica que interrumpió el ritmo de los procesos culturales, haciéndose ahora inevitable las incoherencias y las contradicciones que profundas pueden reducirse, cuando existe la conciencia, la voluntad de cambio y la esperanza activa de una acción transformadora pertinente.

Necesitamos pueblos resucitados para su permanente liberación y transformación

Todas estas perturbaciones provocadas en nuestros pueblos y naciones por el sistema mundo capitalista y neoliberal con intenciones de deshumanización a nivel global, cada vez más agresivo y violento porque se sabe perdido y destruido pero aún en su agonía no le falta las ganas de manifestarse imperial, deben ser asumidas como retos y desafíos de quienes deben entender principalmente el problema y sufren sus consecuencias, es decir, todos los pueblos de la tierra tanto del Sur como del Norte.

Para esto debe configurarse sentidos, orientaciones y direccionamientos precisos (reales y sentidas) que permitan la autogénesis de las identidades originarias que se recrean a partir de los mitos e imaginarios que quedaron materializados en la dinámica de los seres humanos pese a la aparente discontinuidad histórica y la autopoiesis al desarrollar sistemas desde los saberes y prácticas presentes aún en la memoria histórica de los seres humanos capaces de mantenerse y reproducirse a sí mismo.

Con este propósito presento 4 niveles que ofrecen la posibilidad de suscitar sentido, orientación y direccionamiento y que remiten a las identidades de los pueblos, solo que por ser venezolana, la autora de este artículo, incluyo algunas referencias culturales que nos caracteriza.

  1. Retornemos la mirada al "nosotros" y descubramos nuestra fuerza vital

Sabernos protagonistas o los primeros en constituirnos luchadores y responsables de nuestra formación y educación en cuanto al carácter originario y con la personalidad asumida en el tiempo histórico es entender, que es la primera tarea humana que debemos afrontar con disciplina, respeto y valor hacia sí mismos. No hay otro que pueda sustituirnos en esta tarea irrenunciable.

Desarrollar hasta lo máximo posible el poder y la fortaleza interior que nos permite aceptar la vida con los límites y fronteras y desde allí construir la realidad afrontando sabiamente las dificultades y las contradicciones. Mirarnos a sí mismo para ver como pensamos, sentimos y actuamos es demostrarnos respeto y permitirnos la oportunidad de abrirnos para conocernos y darnos a conocer como somos.

El sistema mundo dominante nos hace débiles y temerarios, además nos quiere irresponsables e indisciplinados. Por eso es importante que las personas desde niños comprendan las causas y efectos de las acciones que realiza o deja de hacer y se entrene a desarrollar la conciencia de sí, de los otros y de su entorno. Encarar la vida sin atajos y subterfugios, actuar paso a paso; respetando el ritmo y desarrollando metodologías propias. En esto consiste la disciplina: ser discípulo de uno mismo. Quien mejor que nosotros mismos para entendernos, para tener paciencia y desarrollar la voluntad de poder y solidaridad para lograr los anhelos profundos. Basta reconocernos en el poder de la naturaleza y las leyes que la rigen para considerar la nuestra que contiene la medicina original. Medicina que se expresa y se comunica en una forma justa de poder que nos fortalece y también fortalece a los demás. Es hacerse presente en el mundo con su propia energía vital pero que nos prepara a tomar postura, a defenderla y a actuar por propia energía.

De no hacerlo una rebeldía irracional privativa de un niño malcriado se impone en el adulto. Los problemas con la autoridad establecida se proyectan en sus deseos por emularlo o competir con este, trasfiriendo su responsabilidad sobre el otro. Culpabilizar, criticar y atacar es la reacción propia de una persona o sistema que no desarrolla su potencial energético. Se hace víctima o victimario. O en el peor de los casos se invisibiliza o se refugia en la sombra, se auto excluye o acepta sumisamente la exclusión.

¿Cómo recuperar la energía vital que proviene de las individualidades pero se hace colectiva?

El desarrollo de la personalidad y la manifestación del carácter se ven hoy sometida a imposiciones modélicas y performances mediáticos mercantilistas que crean estilos de vidas alienantes e inconsistentes. Pero que han ganado legitimidad debido a que son presentados de modo reiterativo donde enfatizan en el hedonismo, la inmediatez, la indiferencia, la apatía, la permisividad, el relativismo y el materialismo como principios que vulneran lo mejor del ser humano, empobreciendo su energía vital para hacerla sobrevivir a media en la superficialidad, vaciedad y negación de lo trascendente y de los bienes espirituales imperecederos como el amor y la verdad hacia sí mismos y los otros.

En un mundo formateado de este modo, no resulta difícil entender que actuamos híbridamente donde algunas veces manifestamos humanización y en otras deshumanización de modo alternativo y vacilante. Para visualizar lo que se afirma a continuación presento una serie de preguntas:

¿Por qué pese a que somos solidarios, nos manifestamos tan materialistas que olvidamos al otro en el compartir y servir? ¿Por qué nos gusta ser individualistas y dependientes de la cultura alienante?

¿Por qué nos reafirmamos en creencias (religiosas, culturales, sociales, políticas o económicas) sin profundizarlas e ir a las prácticas de las mismas? ¿Por qué nuestros ideales resultan muchas veces, un saludo a la bandera pero poco las llevamos a prácticas sociales? Así ocurre con las iniciativas propias o de otros y no logramos consolidar y perfeccionar.

Corregir errores y desviaciones es parte de la solución a corto, mediano y largo plazo. ¿Por qué preferimos iniciar otra empresa, iniciativa y dejamos a la otra a medio terminar? Revelando cierta mediocridad en la voluntad e inestabilidad en los propósitos. ¿Por qué cambiamos de idea y de creencias, con tal frecuencia como si se tratase de un cambio de ropa o un programa de televisión?

Nos gusta experimentar pero nos da angustia y perturba trabajar y producir con el otro que piensa distinto, de modo antagónico. ¿No sabemos aún que en las miradas opuestas se produce la invención, la innovación de procesos, la recreación de lo antiguo? ¿Por qué nos gusta trabajar en equipo pero olvidarnos hacer aportes consistentes y valiosos de modo deliberativo? ¿Por qué pretendemos estar en otro lugar (mente futura) y no sabemos aterrizar en el aquí y ahora del presente? Somos extrovertidos, nos interesan las personas de otras culturas pero nos inquieta y nos resistimos convivir con aquellos que tenemos al lado, como compañeros de estudio o trabajo, como vecinos y en la comunidad.

Cuando nos critican nuestros modos de ver y hacer las cosas como venezolanos (libertarios, irreverentes y solidarios) nos plantamos en una sola voz para gritar y defender la soberanía de nuestros actos y exigimos respeto y distancia. Esto ha significado que muchos nos endilgan fanáticos y resentidos, no conocen nuestra preocupación innata por la humanidad y lo confirma nuestro liderazgo como servicio a los pueblos ya sean vecinos o lejanos. Nos gusta seguir el camino sin que nadie interfiera y el que lo hace, tarde o temprano tendrá que ponerse de lado o andar a nuestro lado.

  1. Seamos discípulos y maestros de nuestras culturas originarias

Sabernos sabios no es precisamente el interés del sistema capitalista quién para vender sus mercancías nos tiene que poner en condición de hombres y mujeres sin luz, de allí viene el término a-lumno. En eso consiste la primera trampa y engaño del sistema imperial reformatearnos en seres que deambulan ignorantes de su fuerza vital y por supuesto al desconocer esto no se desarrollan pese a las capacidades que tenemos para hacerlo. De allí que cuando llegamos a jóvenes/adultos somos hombres y mujeres confusos, ambiguos e indefinidos con un cuerpo físico pero privados de luz. No así quienes tienen el conocimiento del poder de la voluntad y el sentido de la solidaridad y actúan conforme a los criterios provenientes de su saber/sentir/pensar/hacer y que en términos actuales significa estar despiertos porque existen y viven en la conciencia de sí mismos, de los otros y de su entorno visible e invisible.

Practicar la confianza que nos proporciona claridad, objetividad, discernimiento y desapego nos hace sabios. Reconocer nuestros apegos y actitudes habituales que hemos aprendido de la modernidad ya un paso importante. Darnos cuenta donde estamos a nivel psicológico y espiritual pues se trata de entendernos como seres subjetivos, donde todo lo que somos no es perceptible para los demás.

El occidente con su mercantilización y publicidad nos orienta a una vida de apegos, ya sea hacia nuestro modo incoherente de pensar, a lo que debe ser, a lo que creemos falsamente del pasado, presente y futuro, al control y dominio de cosas, personas y situaciones y a las percepciones que tenemos de la realidad y los contextos donde hacemos vida. Por otra parte, nos invade con el ruido y la bulla, nos hace sentir miedo del sano silencio y de la soledad. Nos expropia la intimidad donde ahora es mediada por la tecnología en todas sus formas: la TV, la película, el móvil, etc.

Aprender a integrar aquellas cosas, personas y situaciones que las percibimos en términos de bueno y malo, agradable y desagradable, útil o vano, verdadero y no verdadero, belleza y no belleza, la bondad y la no bondad propia y ajena es desarrollar sabiduría. Están ahí no la podemos cambiar nosotros pero si asumirlas como parte de una realidad. Lo que no impide la autocritica o la crítica constructiva pero que difiere mucho del control, objeción y espíritu arrogante donde nada ni nadie ni a si mismo resulta aceptable.

Es así que tanto la familia, la religión y el sistema educativo actual no funcionan y resultan inoperantes al depositar en nosotros contenidos como si se tratase de contenedores y prepararnos este último, al sistema laboral lleno de ideas fragmentadas de lo que vamos supuestamente hacer y que termina anulando y torpedeando la energía vital con su conciencia desarrollada que es base precisamente de su potencial recreador, liberador y transformador.

¿Cómo recuperar la energía vital que colectiva proviene de las individualidades?

En principio, recordando lo que sabemos del pasado originario, hegemónico, contra hegemónico y emergente. Pero no para quedarse allí. Construir la memoria histórica con los otros desde sus saberes aprendidos por los abuelos y abuelas, padres y madres o personas que en alguna oportunidad relataron o escribieron algo que les pareció interesante o abrió nuestra curiosidad.

Necesidad de sentarnos para reflexionar como fuimos, somos y deseamos ser para encontrar verdades, mentiras, anhelos, sueños y quimeras. Y qué hicimos y cómo lo hicimos para ver los aciertos y errores con sus aprendizajes y enseñanzas históricas. Llegar hasta el fondo de los sucesos y los eventos históricos pasados o recientes que marcaron la vida de nuestros antepasados, de nuestra familia y de nosotros mismos.

Aventurarnos a reflexionar y pensar el mundo que se nos presenta complejo, caótico, complicado y desordenado. Filosofar no es asunto de unos profesionales es una capacidad de los seres humanos.

Aprender junto a otros a superar las dudas y reveses históricos, las contradicciones que emergieron y develaron nuestras debilidades pero también nuestros modos de rebelarnos, de oponernos, de resistirnos manifestando nuestro deseo de vivir y de ganar frente a los desafíos propios de la existencia humana. Todas estas cosas manifestaron los modos de improvisar, las intuiciones y la astucia pero también las formas de expresar nuestras propias originalidades e iniciativas que surgen en la dinámica de los pueblos.

No debe faltar la mirada hacia aquellos hombres y mujeres que admiramos, (ya sean de la historia, del país o de nuestras propias familias y comunidades) pues esto habla de nosotros mismos, incluso de nuestros propósitos vitales que lo vemos reflejados en ellos. Pero sobre todo la mirada hacia nosotros mismos, nuestro sentir, pensar, hablar y actuar. Aprendemos de nosotros mismos y de los otros cuando compartimos estas experiencias significativas.

  1. Observemos nuestro entorno y descubramos la tarea a iniciar o culminar

Para Paulo Freire es necesario observar el mundo y esto es posible al "admirarlo", es decir, salir de sí mismo para luego expresar la Palabra verdadera, que sin sentirse culpable lo hace desde el no juicio y condena. Se trata de buscar y expresar la verdad, que la reconstruye en si mismo pero se encuentra frente a sí.

Todos tenemos visiones distintas de la vida independientemente de nuestras cosmogonías culturales. Visiones y maneras de sentipensar el mundo que nos habla de nuestro propósito existencial y que distan de las promovidas por el sistema del capitalismo global. Razón tiene William Barclay: Dos días son importante en la vida de los seres humanos, el día que nace y cuando conoce en propósito de su vida. Manifestar el propio espíritu creativo surge en la dialéctica dada por el ser humano y su contexto. Encontrarnos con la naturaleza para reflexionar reaviva el propósito vital y recordamos lo que poseemos para compartirla con los seres humanos. Talentos, recursos y capacidades se harán presentes para afrontar las pruebas y desafíos.

Hoy encontramos personas vacías de sus propias identidades y en la compra de identidades falsas que conducen hacia laberintos muchas veces sin retorno. No hay duplicados en este sentido, pero cuanta copia anda por la vida asumiendo patrones alienantes y alienados. Acostumbrados a montarse máscaras y ocultar el yo auténtico se genera procesos de despersonalización. Nos enseñan a vivir distraídos y alejados de nosotros mismos. Para revertir ese orden es necesario ampliar la visión tanto del mundo interno y externo, y desarrollar la intuición y las percepciones para poder expresarnos con ideas originales venidas de la energía vital. Con puntos de vistas fijas y puntos ciegos resulta improbable la creatividad y la innovación que requiere de una gama de posibilidades y alternativas para integrarlas en un proyecto adecuado a la realidad.

¿Cómo fomentar la experiencia innovadora colectiva que nace de la experiencia recreadora de las individualidades?

Partir del pensamiento abstracto y culminar en lo concreto solo se sustenta por un largo proceso de percepciones de experiencias concretas que se encuentran en la misma naturaleza o en las elaboradas por la sociedad.

Fortalecer nuestra conciencia soberana y las convicciones de nuestro potencial para producir conocimiento y tecnología que necesitamos y nos interesa para liberarnos de la dependencia a que hemos sido sometidos por siglos en la trasferencia de estos.

Este producir respuestas para nuestras propias preguntas, para la resolución de nuestros problemas reales y sentidos, para construir las realidades institucionales y comunitarias que necesitamos y queremos, para generar bienes y servicios desde una mirada endógena, es decir, para, con y por nosotros.

Propiciar espacios de aprendizajes para una mente y acción innovadora que cultive la disciplina, lo útil, lo práctico.

Trabajar desde la intuición y lo instintivo conjuntamente con el refinamiento de las percepciones colectivas y etarias (niños, adultos, ancianos tanto femeninos como masculinos) para focalizar, definir objetivos, resolver y transformar a corto, mediano y largo plazo. Sistematización de experiencias ya sean exitosas o no para aprendizajes significativos colectivos por parte de las instituciones públicas y las comunidades organizadas, que permiten los aprendizajes desde las experiencias compartidas y visibilizadas. Así se evita ocultar los errores y se aprende de estos. Al esconderse los errores se pierde recursos en otras inversiones y también la confianza de un pueblo.

  1. Rescatemos nuestra conciencia verdadera, clara, abierta y plena como pueblos originarios

Prestar atención a lo que tiene sentido y nos agrada es el primer paso para encontrarnos a sí mismos, así los pueblos deben debatir y dialogar sobre sus necesidades, intereses y expectativas propias y enajenantes asumiendo en estos espacios, las propias contradicciones que subyacen en la cultura. Escuchar aquellos que nos desagrada y huimos por miedo, culpas y vergüenzas consiste el segundo paso. Vivimos divididos y fragmentados por el dolor y el sufrimiento ya sea el que producimos nosotros o el que produce el sistema mundo patriarcal hacia nosotros.

Sentir pasión y actuar en conformidad es lo que nos hace felices y plenos. Mas el sistema global nos distrae para inocularnos sus intereses y nos obliga hacer lo que no deseamos ser y hacer. Sin darnos cuenta nos van cerrando y reduciéndonos a estilos de vida que no nos dicen nada y generan en nosotros apatia, es decir, hombres y mujeres sin pasión. Vivimos a la defensiva y ofensiva como manera de resistencia y rebeldía y olvidamos la posibilidad de ser libres ante los condicionamientos que subyacen en el mundo externo. Nos bloqueamos para evitar ser ofendidos o heridos nuevamente, lo que resulta la enfermedad primera espiritual y luego se somatiza en nuestros cuerpos. Confusión y duda, ambivalencia e indiferencia deben ser aclarados para emprender la acción autentica y decir lo que es verdad para nosotros. Allí se inicia la sanación que nos hace afrontar lo que tememos, para confiar de nuevo en la vida como es y se presenta, en dar y recibir en reciprocidad para que ninguno sea excesivo ni subexpresado. Se trata de manifestar una relación justa con nosotros mismos.

El sistema capitalista manipulador hace para mantener este "equilibrio anhelado" extraernos la energía del trabajo para devolverlo con la mercancía que deseamos gracias a los avisos publicitarios y que pagaremos con el sueldo que recibimos. Es decir, el capital obtiene doble usufructo: nuestra energía como trabajador (a) y consumidor (a). El círculo vicioso se mantiene pues no nos damos cuenta de eso y se mantiene con una rutina que nos hace adictos a la intensidad (por eso la publicidad nos vende imágenes e ideas que expresan vida, plenitud y gozo profundo); adictos al perfeccionismo del mundo que lo circunda (y para eso están los productos de limpieza o las puertas de seguridad que otorgan la ilusión de espacios sanos y seguros); adictos a estar saturados de información con medias verdades y medias mentiras (para olvidarnos de nuestra capacidad de producir sabiduría), y adictos a estar atado a lo que no tiene que ver con nuestras vidas (y nos pone a buscar atajos que nos alejan de nuestra energía vital amorosa y verdadera).

¿Cómo recuperar la utopía que nace de sentirnos hombres y mujeres de esperanza?

La desesperanza aprendida no es más que el resultado de procesos históricos deshumanizadores que nos han hecho olvidar lo que somos y podemos. Cuando recobramos nuestra memoria despertamos a nuestra tarea histórica emprendida y pendiente que se comprueba en la práctica y produce nuevos saberes que revitalizan y generan nuevos modos de ver, sentir y expresar las cosas.

Somos sentipensantes y esto influye en las acciones que motivados por el poder de obtener algo, por la afiliación que nos impulsa a actuar con otros por solidaridad y la búsqueda de logros concretos que se materializan en un buen vivir, en calidad de vida y en bien-estar para todos.

Esto exige un optimismo, valga la redundancia que permita "optimizar" lo que se tiene y puede. No se trata de iniciativas solo individuales sino colectivas e institucionales como un todo.

Se trata de institucionalizar la voluntad de servicio en solidaridad, en justicia y en paz y no permitir la exclusión de nadie. Evitando así la conflictividad de aquel que se siente no tomado en cuenta o queriendo prevalecer sobre otros. Para esto es necesario la producción y reproducción de saberes y prácticas viables y consensuadas en lo posible que con la anuencia de los profesionales en todas las áreas de conocimiento científico y humanista hacen posible que la utopía necesaria pueda ser realizable, pues canaliza la pasión y deja fluir el bien en forma de belleza. Se trata de un acuerdo donde todos nos sintamos útiles y potenciemos la afirmación colectiva como pueblo que valora la vida.

No podemos evadirnos de esta acción colectiva de rescatar el ser originario en nosotros si queremos pueblos resucitados para su permanente liberación y transformación.

Para esto debemos retornar la mirada al "nosotros" y descubrir nuestra fuerza vital, ser discípulos y maestros de nuestras culturas originarias, observar nuestro entorno y descubrir la tarea a iniciar o a culminar y rescatar nuestra conciencia verdadera, clara, abierta y plena como pueblos originarios para repreguntarnos de generación a generación ¿Cómo recuperar la energía vital que proviene de las individualidades pero se hace colectiva? ¿Cómo recuperar la energía vital que colectiva proviene de las individualidades? ¿Cómo fomentar la experiencia innovadora colectiva que nace de la experiencia recreadora de las individualidades? ¿Cómo recuperar la utopía que nace de sentirnos hombres y mujeres de esperanza?

Referencias de autores consultados:

Naomi, Klein, (2007) La doctrina del Shock, El auge del capitalismo del desastre.

Paulo Freire, (1972) Pedagogía del Oprimido.

Paulo Freire, (1992) Pedagogía de la esperanza.

Jürgen Habermas, (1999) Teoría de la Acción Comunicativa.

Ángeles Arrien, (2008) Las cuatro sendas del Chaman.

Rojas Enrique (1993) El Hombre Light.



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Alice Socorro Peña Maldonado

Profesora de la Universidad Bolivariana de Venezuela. Lic. en Comunicación Social Magister en Comunicación Organizacional. Dra. en Ciencias para el Desarrollo Estratégico.

 alicesocorro2000@yahoo.es

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