Cuando despierte

Y entonces me sacudí exaltado como a las doce de la noche y me puse frente a la ventana del apartamento en el piso 18 de aquel edifico Ilse, allá en Los Cortijos de Lourdes. De repente, miro hacia el aeropuerto La Carlota y apenas escuchaba el ratatata y los pum, pum, pum de ametralladoras y tanquetas; pero escuchaba otros silbidos que estaban muy cerca de mí y tuve conciencia de que muchas balas llegaban al edificio porque dejaban una estela azul. Alguien me dijo después que se llaman trazadoras. Mi ex esposa Inés cumplía años y yo llamaba por teléfono a los colegas para narrarles lo acontecido y que a la vez transmitieran para la radio.

Eran las cinco cuando me fui con el pum, pum, pum y el ratatata que se escuchaban ya no sé dónde. Iba a La Candelaria, sede de Economía Hoy, periódico donde trabajaba. El vigilante me abrió, pero no había nadie. Así esperé un rato y a cinco para las seis me fui caminando a Miraflores por la avenida Urdaneta, como a ocho cuadras de distancia. Fui el segundo periodista en llegar. Se acababan de llevar al hospital militar al Capitán Ronald Blanco La Cruz, jefe del asalto al palacio, con una pierna destrozada. Conchas de balas por doquier, hasta en la oficina del propio Carlos Andrés Pérez. Caminé por los corredores, encontré balas incrustadas en las palmeras del patio interior. Del Palacio Blanco me fui al edifico administrativo. Allí encontré la huella de sangre de Bernardo Leal. Era soldado. Tenía 19 y sus compañeros lo subieron arrastrado escalera arriba. Seguí el rastro de la sangre por la escalera y allí lo encontré, solo, sentado, muerto, desangrado. Yo aún quería entender qué estaba pasando. Y luego, a las once, en el lobby de los periodistas en Miraflores, fue cuando vi por televisión el rostro del tiempo, del cambio de la historia. Zambo, negro, indio, aguileño, enjuto, sereno, seguro, vencido, rodeado de todos, de los malos y de los medios, pero solo, diciendo "asumo la responsabilidad". Era como el nombre de un superhéroe: Comacate. Era como revivir las angustias escondidas en los corazones de los que habíamos sido arropados por la desesperanza. Era un "por ahora" que nos hurgaba la mente, que hacia ecos en la hipófisis, que nos tocaba la vergüenza, que nos revivía, que despertaba utopías.

Así lo conocí. Y así lo fui siguiendo. Poniendo atención a cada palabra, a cada verbo, a cada discurso. Encontrando equivocaciones y coincidencias. Tratando de definirlo, ubicándolo en una corriente teórica. Será marxista, será leninista, será maoísta, pero nunca lo vi gorila y nunca lo vi de derecha. Era otra cosa. Era algo… alguien. Una voz reflexiva y confundida, seca y trashumante. Aquí tenía un tono y un lenguaje, y allá otro. Eran dos verbos distintos con la misma convicción. A unos la justicia, el amor, la pasión, el desapego, la entrega; a otros la contundencia, la fuerza, la instancia y la amenaza. Dos discursos de una misma voz, de la voz constante, de la voz didáctica, de la voz maestra, de la voz mística, de la voz mítica, de la leyenda.

Y entonces corregimos el diccionario para incorporar palabras que ya no estaban, o que se había perdido: en la A metimos amor, afecto, apoyo, alianza, América, Alba. En la B metimos bueno, benévolo, bolivariano, bendito. Por la C pusimos casa, Celac, corazón, camarada, canción, cariño, café, conciencia… Y así, poco a poco, fuimos llenando página a página, letra a letra, hasta que en la H pusimos Hugo, en la R incorporamos Rafael, por CH escribimos Chávez y volvimos a la F, porque descubrimos que nos había faltado Frías.

Ahora es una sombra, una fuerza, una pasión, un recuerdo, una brújula, un destino, un as y un envés, un soplo en el viento, una brizna de paja, un camino, una luz. Ahora es el tiempo que todo lo ve y que jamás se pierde. El tiempo que por primera vez se dividió en dos cuando la historia se midió en antes de Chávez (ACH) y después de Chávez (DCH).



Esta nota ha sido leída aproximadamente 993 veces.



Rafael Rodríguez Olmos

Periodista, analista político, profesor universitario y articulista. Desde hace nueve años mantiene su programa de radio ¿Aquí no es así?, que se transmite en Valencia por Tecnológica 93.7 FM.

 rafaelolmos101@gmail.com      @aureliano2327

Visite el perfil de Rafael Rodríguez Olmos para ver el listado de todos sus artículos en Aporrea.


Noticias Recientes: