La institucionalización de la publicidad cervecera

Nota de Aporrea: Este artículo fue enviado a proposito del Día Internacional de la Mujer, pero no pudo ser publicado en su oportunidad. Sin embargo creemos que es actual ante la utilización de la mujer en la publicidad.
Este próximo Día Internacional de la Mujer verá a la ciudad de Mérida forrada de afiches de mujeres semidesnudas y en poses sugerentes. Las protagonistas de esta publicidad son las candidatas de la elección de la reina de belleza de las Ferias del Sol, realizadas el pasado carnaval. Los afiches llevan en su mitad inferior el logotipo de sus patrocinantes. En algunos casos aparecen marcas de cerveza, en otras, aparece la empresa del TrolMérida, empresa del estado venezolano encargada de la obra del Trolebús en la ciudad de Mérida. La Alcaldía de Mérida invirtió fuertes sumas de dinero en la promoción de estas Ferias.

La publicidad es el negocio de la alienación, por definición. Para un sistema antieconómico, como lo es el capitalismo, dirigido a la creación de falsas necesidades, en favor de la ganancia privada, antes que a la satisfacción de las necesidades humanas auténticas, resulta necesario un fenómeno anómalo como el de la publicidad, o el oficio de convencer a alguien de que necesita consumir un producto. Para inducir una necesidad falsa, se recurre a vincular el consumo de los productos con la satisfacción de impulsos básicos biológicos, psicológicos, o sociales.

La costumbre lleva a considerar hoy en día "normal" ver a mujeres desvestidas para la cámara del publicista, sin que exista una relación directa entre esto, y el producto a cuya venta esta imagen está al servicio. No importa lo que nos ofrezcan, parece que nada por sí mismo tiene el atractivo de la imagen de la mujer. Por eso se manipula, a varios niveles, esa imagen.

La imagen de la mujer se manipula de manera directa. Para esto se emplean por igual la silicona, el bisturí, y los programas de edición de imagenes digitales. La mujer que pasa por un programa de edición digital ya no es la misma que antes. Las mujeres que vemos en las vallas publicitarias no son de carne y hueso. Son mujeres virtuales.
La personalidad, o con más precisión, la no-personalidad representada en estas imagenes publicitarias, es también algo que merece atención. En algunos casos la cabeza de la mujer ni siquiera aparece en la valla, como en el caso de cierta catira cervecera. Es decir, su identidad es irrelevante. La pose, de una mujer "seducida" por un jugoso contrato, la sitúa claramente en una relación pasiva frente al sujeto al que va dirigida la imagen.
El abuso publicitario de la imagen de la mujer implica toda una serie de graves distorsiones que no deben ser toleradas, y mucho menos en un proceso social que apunte hacia el socialismo, que defienda la dignidad de la persona humana.

El sentido de la publicidad institucional debe ser el de informar.
Resulta completamente absurdo que TrolMérida esté literalmente en el mismo nivel que la industria cervecera en lo que a la publicidad misógina se refiere.
¿Por qué no mejor informan del avance en la ejecución de la obra?, ¿o mejor aún, la terminan?

Esta no es la única dependecia del estado venezolano que ha incurrido en semejantes prácticas. Hace algún tiempo, el Seniat utilizó a una catira con un traje que parecía un cruce entre prostituta y pirata, en una campaña contra la piratería.

Vale aprovechar este 8 de Marzo para llamar a todas las instituciones a ponerse al día en el trato respetuoso a la mujer, que la Constitución exige, desde todas las políticas que desarrollen, incluyendo las políticas comunicacionales.



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Simón Rodríguez Porras

Músico y militante del Partido Socialismo y Libertad.

 @guitarraylapiz

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