La estafa del 23-E y la conjura

Erróneamente, hay quienes siguen creyendo que la democracia en Venezuela nació el veintitrés de enero de mil novecientos cincuenta y ocho (23/01/1958).

Resulta que hay una parte de la historia no contada, por ser fundamental y la que explica las causas del nacimiento de eso que llamaron "democracia representativa", que no fue más que una mascarada de democracia.

Se trata de la historia de muchas mujeres y hombres, obreros, campesinos, estudiantes y profesionales, que dejaron su vida en cárceles, pozos de la muerte, torturas y ajusticiamientos, contra regímenes dictatoriales, que desde Juan Vicente Gómez hasta Marcos Pérez Jiménez, marcaron una tradición de poder tras bastidores, consolidando:

1. Por una parte, a una clase pudiente, minoritaria, dueña del poder, constituida por una burguesía, que de por sí, es parasitaria, dueña de los medios y de los modos de producción;

2. Por la otra, a una clase política al servicio de la anterior, constituida por militares y civiles, venidos de West Point y la Escuela de las Américas (ahora llamada Instituto de Cooperación para la Seguridad Hemisférica (SOA/ WHINSEC por sus siglas en inglés, establecida en Panamá en 1946 y luego trasladada a Fort Benning, Georgia, en 1984), además de políticos extraídos del Pueblo, por tanto desclasados y ávidos de cuotas de poder y riqueza súbita, junto con megalómanos, detractores de los de su clase, como Rómulo Betancourt, a quien los medios y las universidades al servicio del Estado burgués, se dedicaron a beatificar, para mantener un fetiche que se pareciera al Pueblo, como modelo de grandeza y superación, cuando lo que representó fue al modelo de "traidor" con el "Juambimba", que nos vendieron como el pendejo condenado a seguir siendo tal, sin esperanza, sin futuro y sin patria.

El caso fue que antes de que Pérez Jiménez abandonara el país, ya el Pueblo se había desbordado en las calles y se habían sucedido hechos de presión social, todos promovidos por la izquierda obrera y trabajadora, con estudiantes revolucionarios, mientras que los adecos (cuya mayoría eran ex gomecistas devenidos en socialdemócratas) y copeyanos (partido del Opus Dei y del franquismo) andaban tramando la traición con la burguesía criolla, bajo dictámenes del Departamento de Estado de EEUU, toda vez que le dieran el salvoconducto al gobierno militar de Pérez Jiménez, lo que trajo como consecuencia, que ese 23 de enero, se estaban sucediendo dos hechos políticos paralelos y simultáneos:

a) Mientras el Partido Comunista, URD y la juventud rebelde mantenían una movilización de masas, desde antes del 21 de noviembre del 57, seguida del boicot contra el Plebiscito del 15 de diciembre de 1957 y el alzamiento fallido en Caracas y Maracay de un sector de las FAN, bajo el mando del Coronel Hugo Trejo, el primero de enero del 58, más la sostenida presión de calle del Pueblo, enfrentando al régimen dictatorial;

B) La traición se vestía de "gatopardo", para que con el remoquete de "democracia participativa", se montaran los nuevos serviles de la burguesía parasitaria y naciera esa IV República de oprobio, corrupción, desaparecidos, muertos y cordones de miseria, que hoy adornan las grandes ciudades del país. Los adecos y copeyanos, previamente, se habían comprometido a honrar los pagos y privilegios con la burguesía criolla y ampliar la entrega del control energético y petrolero a las transnacionales norteamericanas, con exclusividad.

Esta nueva casta de traidores, adecopeyana, que secuestró el poder, engañando y traicionando la esperanza del Pueblo, se encargó se asesinar a dirigentes como Fabricio Ojeda, quien reclamaba por la estafa hecha al Pueblo, al igual que cientos de mujeres y hombres, quienes pugnaron el poder para el Pueblo y la "democracia", que es una e indivisible, participativa y protagónica, contraria al disfraz dictatorial de "representativa", modelo al que las universidades de este tipo de gobierno capitalista, fuerza hoy por su restauración.

Luego, el Pueblo se hizo poder con la llegada del Comandante Hugo Chávez Frías, cuarenta años después de muchas secuelas de dolor, frustraciones, injusticias, hambre, miseria y corrupción.

Con el Comandante Chávez, se conjuró la frustración del 23 de enero del 58 y se abrió la esperanza de un "Futuro con Justicia", por todas las personas que se inmolaron y entregaron sus vidas, por los que estamos vivos, quienes merecemos "vivir viviendo", es decir, en el buen vivir y por las generaciones que vendrán, en una Patria bolivariana, socialista y chavista, como única garantía real, dentro del nuevo mundo multicéntrico y pluripolar.

Por ésta, entre otras razones, este 23-E veremos al Pueblo, a la mayoría nacional, marchar con alegría "Por un futuro con Justicia. Veremos también, a reductos de la IV República, clamar por la restauración del puntofijismo y su "democracia representativa", amnésicos de todos los muertos que nos causaron y buscando candelitas guarimberas, con olor a incienso que les derrama la Conferencia Episcopal Venezolana.


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Luis Alexander Pino Araque


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