Impensar la pobreza supone la mirada de los excluidos

"Somos indiferentes a los pobres porque hemos ahogado el impulso natural a ayudar a otro, las normas éticas están en crisis total porque lo que priva ahora es la competencia. Zymunt Bauman, autor del Libro ¿La riqueza de unos pocos nos beneficia a todos?

Para Immanuel Wallerstein, impensar las ciencias sociales es cuestionar todo el legado del siglo XIX en cuanto a la producción del conocimiento fragmentado, basado "en presunciones dudosas que apenas se debaten y que ancladas en el fondo de nuestras conciencias, desaparecen y reaparecen en mil formas distintas cada vez que la luz de la realidad social nos revela su inadecuación. Para el autor resulta "difícil avanzar a través de este laberinto."

Vivimos de supuestos, creencias, estereotipos, nociones, conceptos y categorías (para no incluir lo que vivimos a diario: miedos, culpas y vergüenzas ante la posibilidad de ser pobres o de ser ricos) que aceptamos sumisamente y nos resulta observar los fenómenos sociales con otras perspectivas, más cercanas a nuestras realidades y que respondan a nuestra geopolítica e identidades culturales. Sabemos que todo el arsenal epistemológico que ha alimentado las universidades en América Latina y la han consumido nuestros profesionales y técnicos responde a necesidades, intereses y expectativas de otras latitudes. Por lo que terminamos subestimando nuestro propio saber y planteando problemas y soluciones de forma equivocada que no hace más que crear y dejar mayores incertidumbres a las futuras generaciones.

Frente al tema de la pobreza nos encontramos en un laberinto que nunca acaba por llevarnos al epicentro del mismo para reconocer el problema, sus raíces pero también para plantear soluciones de fondo y de forma coherentes y validadas por las víctimas que lo padecen o pueden padecerlo dado los vaivenes de la historia. Muros de teorías y escuelas económicas no nos permiten observar el fenómeno de la pobreza y la riqueza desde su complejidad, cercos ideológicos de derecha, de centro y de izquierda obstaculizan una mirada profunda donde están seres humanos que sufren ante sus limitaciones, cortinas de humo que solo sirven para cubrir las mentiras y engaños de las políticas paliativas donde el rico no quiere y se niega a dar su aporte a través de los impuestos o trabajo bien remunerado y que no les interesa resolver y corredores que solo crear la ilusión que se avanza pero no nos lleva a ningún lugar.

Lo cierto es que estamos entrampados, debemos asumirlos y aceptarlo con conciencia y sabiduría. Necesitamos iniciar un camino basado en la realidad del otro (otredad y alteridad) que no resulta ser muy distinto a aquel que está comprometido por autoridad, cargo o vocación a superar su estado actual. Ese otro desechado por el mercado porque no trabaja ni consume y que está allí para ser reconocido en toda su dignidad como sujeto sociopolítico, solo que unas condiciones y factores históricos lo han puesto en la otra acera de la historia. Y que mañana cualquiera de nosotros podemos estarlo o ya estamos y no nos damos cuenta.

Vale recordar las palabras del escritor, novelista, poeta, periodista y dramaturgo portugués y Premio Nobel de Literatura, José Saramago cuando expuso frente a un auditorio sobre "La alternativa al neoliberalismo se llama conciencia" allí nos habla de los pobres, de los desechados de los poderosos, "quienes constituyen como de 1000 a 1500 millones de seres humanos que no tienen condiciones para entender como funcionar o como trabajar con un ordenador. No tienen condiciones para llegar a estudios más o menos avanzados. No tienen condiciones para aplicar, utilizar y poner a funcionar una tecnología tan sofisticada como esta en que vivimos. Son para desechar. Y para ello, los poderosos han creado unos cuantos conflictos en el mundo donde nadie piensa en intervenir para que ellos mismos (los pobres) se maten, se destrocen, se degüellen unos cuantos miles o muchísimos miles. Quizás pertenecen al grupo del 20-25% de la humanidad que son para desechar, pues mientras se maten los unos a los otros no tendrán que matarlos ellos (los ricos) y así les facilita las cosas."

Pero en su reflexión José de Sousa Saramago se pregunta

"¿Que es lo que tenemos nosotros para oponernos a eso. No tenemos poder, no estamos en el gobierno, no tenemos multinacionales, no dominamos las finanzas especulativas mundiales, no tenemos nada de eso. ¿Qué es lo que tenemos entonces para oponernos? Nada más que la conciencia.

La conciencia de los hechos. La conciencia de mi propio derecho. La conciencia de que soy un ser humano, sencillamente un ser humano y que no quiero ser más que eso.

La conciencia de que lo que está en el mundo me pertenece, no en el sentido de propiedad, me pertenece como responsabilidad, me pertenece con derecho a saber, con derecho a intervenir con derecho a cambiar, eso se llama la conciencia.

Y esto no se gana, no se gana en un día para quedárselo uno hasta el final de su vida. Se gana y se pierde y se renueva todos los días.

Pero podéis preguntaros ¿pero, eso cansa mucho no? Quizás si cansa, cansa porque implica, necesita y exige una tensión de espíritu que no renuncia, no se desanima y se alimenta. Tenemos un duro trabajo por delante. En el fondo, el mundo como es, como esta, no nos quiere. Si pudieran hacerlo, nosotros todos entraríamos en el 20-25% que son para desechar. Pero a nosotros no nos desechan porque nosotros somos conscientes, conscientes y conscientes y conscientes."

Esta reflexión de Saramago nos pone en una mirada distinta. El se incluye y no ve al pobre como alguien lejano de si sino como un ser humano en toda su dignidad y derecho, que el rico quiere desechar sin más por no comportar beneficios y usufructo a sus negocios. Basta la conciencia de mi propio derecho y del derecho del otro. No luchar por el derecho del otro es dejar en manos de los ricos y trasnacionales nuestra propia suerte.

Esto nos obliga a reflexionar en profundidad la realidad que no vemos pero está allí invisible frente a nuestros ojos.

Desde esas reflexiones que surgen en la dinámica cotidiana y frente al conocimiento que recibimos o la realidad nos hace identificar, a continuación presento los cuadrantes de la pobreza, que son los resultados de procesos de despolitización de los pueblos, degradación del ser humano para convertirlo en objeto, en maquina y en no-humano, la desnergetización y robo de sus potenciales y capacidades y la ausencia de lucha desde su esencia identitaria. Estos aspectos requieren, sin duda alguna, ser reflexionados desde la multidimensionalidad que caracteriza esta problemática, desde la ecología de saberes, desde las realidades de hombres y mujeres concretos que viven siendo desechados por el mercado en su intención globalizadora de la riqueza de pocos a costa de la pobreza de muchos.

 

A) Despolitización desde su pertenencia o desarraigo

Arrancaron nuestros frutos,
Cortaron nuestras ramas,
Quemaron nuestro tronco,
Pero no pudieron
Matar Nuestras Raíces.
Poema Náhuatl

Cuando vemos el éxito del capitalismo y su hijo el neoliberalismo con su sagacidad y voracidad de apropiarse de las riquezas bioenergéticas de la madre tierra y de privatizar y confiscar los bienes de los pueblos mientras nos asegura sus espejitos en forma de tecnología distractora que se adquiere con el dinero trabajado, podemos ver el juego maquiavélico que se impone bajo las sombras, porque de hacerlo a la luz, saben ellos que los ciudadanos no lo aceptarían y encontrarían resistencias y luchas identitarias y contrahegemónicas.

Desarraigar a los pueblos y ciudadanos de sus derechos de pertenencia a un grupo e identidad cultural, hace a estos vulnerables y en estado de indefensión que facilita la invasión cultural para el que desea despojar y dominar. Leyes, doctrinas, planes y estrategias de manipulación hace que tenga los resultados deseados y esperados. La pérdida de sus saberes y prácticas, así como de su conexión con la madre tierra a la cual la deja de sentir parte de sí. Por lo que el sentido de pertenencia de los pueblos y naciones se fractura y resulta fácil para las trasnacionales actuar con "legalidad y legitimidad".

B) Degradación de lo humano o deshumanización

Un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción" Simón Bolívar

Hacer perder las características esenciales a lo humano, es una tarea que hace quien busca tener control y supremacía sobre otros. La vulgaridad en contraposición a lo verdadero, la idiotización para anularlo en sus capacidades y hacerlo dependiente, la depravación como sinónimo de placer y libertad, la adulteración del ser para convertirlo en esclavo, la deslealtad a los principios y valores de la vida, la banalización y decadencia de sus actos y de sus intereses para dar usufructo servilista a otros.

Ya no siendo suficiente quitarle el arraigo cultural, ahora se trata de quitarle la dignidad, su rango de humano, hacerle perder su potencial y su capacidad, convirtiendo a niños, jóvenes, adultos y ancianos en seres alienados o en un simple robot. Mutando a la humanidad (hombre/mujer) a un estado de involución.

Someter al hombre y a la mujer a los caprichos del sistema no es posible si no lo expone a una condición de sobrevivencia, de hambre, de un "sálvese quien pueda", de competencia y de enemistad, de violencia y muerte de unos contra otros. La droga en todas sus formas contribuye a esto.

C) Desnergetización o robo de capacidades

"Si nos quedamos quietos nos matan callados" Sabino Romero

Se trata de inutilizarnos para robarnos sin poder decir y hacer nada hasta paralizarnos. Todo ser humano (y pueblos) tiene su propia energía que nace consigo mismo. Pero el sistema actúa despolitizando desde sus identidades y sentidos de pertenencia y degrada lo humano para poder absorber sus energías como ciudadanos hasta hacerlos incapaces de luchar por sus derechos, como gobernantes para que acepten las reglas del mercado como único camino, como consumidores para que conduzca su vida en un adquirir permanente de cosas inútiles y a lo que siempre es insuficiente, como productores de riqueza social, económica, cultural, tecnológica y política para apropiársela y convertirla en proyectos e ideas para vender como conocimiento pues tiene propietario.

Tomar conciencia de lo que somos, valemos, tenemos, y podemos es vital para subvertir estos órdenes impuestos y que no nos permite encontrar salidas que las propuestas por el sistema capitalista que se presenta siempre como modelo exitoso, único y válido.

D) Desalmados en sus identidades originarias

"Para la codicia nada es sagrado. Si el ave fénix cayera en sus manos, se la comiera o la vendiera" Juan Montalvo.

Con todo este afán a que se dedica el sistema capitalista y neoliberal pareciera que no le basta. Se escucha en la noticia internacional sus esfuerzos permanentes, planificados con toda alevosía, sistémico y cíclicos de su búsqueda de mas mercados, de mas tierras y riquezas, sedientos de sangre humana. Nunca se sacia, su codicia no tiene límites ni medida. Incluso para alcanzar lo que quiere, lo que se antoja, para satisfacer sus caprichos, no escatima el uso de la mentira ni el mal ni las enfermedades para alcanzar sus ambiciones. Ya bien lo afirmaba Juan de Mariana que la codicia trae consigo voluntad determinada de hacer el mal.

"Oro, oro, oro" era la palabra que traían los españoles en la búsqueda de su sueño dorado y no dejaban de pronunciarla. Hoy las trasnacionales están en la misma intención. Oro amarillo referidos a los recursos mineros. Oro negro: petróleo; Oro azul: aguas dulces y manantiales. Oro verde: selvas y tierras fértiles. Oro blanco: drogas y coltan.

Y ¿con que contamos para el desafío y reto que confrontamos con esas apetencias? con nuestra espiritualidad y mística originaria donde humanidad y madre tierra es una. Que si bien fue ocultada en los tiempos, borrada e invisibilizada en la historia oficial, negada y borrada en la memoria de muchas generaciones, ahora resplandece como la luz del ALBA en un nuevo amanecer. Ella existe por sí misma, si antes permanecía dormida hoy la fuerza de la realidad la lleva a despertar en nuestras conciencias. Si el momento del sistema es dar la estocada la muerte, la desesperación y aniquilar la humanidad con la enfermedad, hoy surge el entendimiento y sabiduría de los pueblos que no solo parte de los pueblos originarios sino que fluye desde la fuerza espiritual contenida en su cultura.

Vivimos hoy en una encrucijada donde tenemos que cuestionar todo lo dado y establecido que no nos permite ver la escenografía completa, ni reconocer los autores y menos entender el discurso confuso y fragmentado que nos divide.

Estamos vedados por los procesos deshumanizadores que venimos padeciendo y creando víctimas en todo espacio pero estos procesos nos convocan a incluirnos en el debate, a dejar las ilusiones y promesas que nunca se van a cumplir porque aquellos solo tienen la intención de mantenernos en letargo y dormidos, a dejar las presunciones que nos atan, reconocer nuestras contradicciones, corregir nuestros propios errores y producir el conocimiento y tecnología para la vida y dejar que el sistema destructivo, opresivo y degradante se pierda en una esquina de la historia.

Esto nos remite a un despertar de la conciencia como seres espirituales que intentamos un despertar humano, no solo de las víctimas sino también de los victimarios. Porque impensar la pobreza supone la mirada de los excluidos para incluir a todos. Pues todos tenemos el potencial humano (Paulo Freire). Acción amorosa que surge en la comprensión del amor compasivo donde el juzgar y condenar a otro humano es juzgarnos a nosotros mismos. Ubicarnos en esta perspectiva nos ayudará individualmente y colectivamente a recordar: ¿para qué y por qué estamos aquí?



Esta nota ha sido leída aproximadamente 2201 veces.



Alice Socorro Peña Maldonado

Profesora de la Universidad Bolivariana de Venezuela. Lic. en Comunicación Social Magister en Comunicación Organizacional. Dra. en Ciencias para el Desarrollo Estratégico.

 alicesocorro2000@yahoo.es

Visite el perfil de Alice Socorro Peña Maldonado para ver el listado de todos sus artículos en Aporrea.


Noticias Recientes: