La masacre de la bomba A



Entre el 6 de agosto y el 9 de agosto de 1945 fueron detonadas dos bombas atómicas, en un lapso de tres días. La primera fue detonada en Los Álamos, Nuevo México, EEUU, por el equipo de científicos del triste y famoso nombre código “Proyecto Manhattan” Esa primera detonación se dice que fue llamada por el director científico Oppenheimer como “Trinity” (Trinidad) y era una bomba de plutonio, la misma que fue usada contra Nagasaki.

EEUU sólo tenía dos bombas, una de uranio y otra de plutonio, y ambas fueron usadas contra ciudades indefensas, y el hecho de probar, los dos tipos de materiales radioactivos en estos dos lugares, no fue por casualidad, y sus conejillos de indias fueron las poblaciones de Hiroshima y Nagasaki. La excusa: “era para acabar con la guerra”

Ya Japón ardía en llamas, sobre todo su capital, Tokio, la cual fue destrozada con napalm por el genocida general estadounidense, Curtis LeMay. Sus Boeing B-29 se ensañaron sin piedad y lograron la cifra aproximada de 100.000 muertos en sólo dos días, más que los que eliminaron las dos bombas atómicas al primer instante de ser lanzadas. Como los B-29 volaban a baja altura, desde los aviones podía olerse el olor a carne humana quemada. A parte de Tokio, alrededor de 70 ciudades japonesas estaban siendo destrozadas.

¿Qué sentido tenían esas bombas atómicas, cuando Japón ya no ofrecía resistencia? El mito de los kamikazes cayendo sobre navíos estadounidenses, fue eso, sólo un mito. Si hubo daño, fue pasajero, y un intento que tuvo más de dignidad y cubierto de ceremonia que un ataque realmente mortal. Al igual que la famosa invasión a Japón, la cual supuestamente sería mayor que la del día D en Normandía.

El hecho real fue una alerta al mundo, pavoneando su poder destructivo ante Rusia y cualquiera que osara meterse con el poder industrial-bélico estadounidense.

Albert Einstein le confesó a un amigo cercano “me debería quemar los dedos por haber escrito esa carta a Roosevelt” La carta fue escrita el 2 de agosto de 1939 al presidente Roosevelt, alertando sobre la posible bomba A, nazi. Hubo una segunda carta enviada por Einstein, antes de la masacre a Hiroshima y Nagasaki, alertando al presidente Roosevelt que no utilizara una bomba atómica, pero quedó sobre el escritorio del presidente sin ser vista, ya que este murió en abril de 1945.

Dos pilotos estadounidenses, con perspectivas distintas luego de años de la masacre han muerto ya, uno fue el piloto que lanzó la primera bomba A sobre Hiroshima, y siempre mantuvo que nunca le quitó el sueño el haberlo hecho, se llamaba Paul Tibbets.

El segundo fue Paul Bregman, el navegante del B-29 que lanzó la bomba A sobre Nagasaki, quien se suicidó, ahorcándose en su casa, durante el aniversario 40 del lanzamiento de la bomba, el 6 de agosto de 1985. Trágico fin para un hombre que vivió atormentado por aquella masacre.

Lamentablemente ese horror de los misiles nucleares no ha acabado. Actualmente, Israel está en posesión de 100 ojivas nucleares, proporcionadas por los EEUU. Y el cobarde, Benjamín Netanyahu, se pavonea tal como lo hicieron los estadounidenses al usar sus bombas contra Japón.


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