Solo la justicia sobre la impunidad, nos liberará de esta acción despótica

“La ley entra por casa”. Esta era una expresión utilizada con mucho acierto por un animador de programas de televisión y radio que gozaba de credibilidad. Este personaje acostumbraba leer pensamientos de Simón Bolívar y los desglosaba para dar a conocer los ideales del Padre de la Patria, y  cierto día decidió lanzarse como candidato presidencial. Los miembros de su partido denunciaron que los CAPerucitas ADequitas de la época sabotearon la avioneta donde viajaba, ocurriendo el siniestro en el Waraira Repano, falleciendo la tripulación completa, la finalidad, sacarlo del juego político debido a su potencialidad de ganar.

Ahora bien, no tengo dudas de que en la tradición de la historia humana desde que se conformó el concepto y núcleo de familia, se entendió que los padres tendrían el deber y responsabilidad de dirigir a la misma, así como implementar las normas que deberían regir para las buenas costumbres, el buen desempeño de todos los miembros que la conforman, la armonía que debe reinar en el alma de cada uno y también la obligación de corregir las desviaciones, los comportamientos indebidos, los escarmientos, sanciones y correcciones de ser necesarios, para que no se volviesen a cometer tales faltas, y de esta manera impere la ley y por ende, La Paz. ¡Siendo así, la ley entra por casa!.

Veamos. Tengo una expresión que utilizo constantemente en todos los espacios donde llego para manifestar mi desconcierto con muchos hechos que han venido ocurriendo en mi amada Venezuela desde hace 15 años: La mayor virtud de nuestro proceso es la tolerancia, el mayor defecto de nuestro proceso, es el exceso de tolerancia”.

Sabemos que nuestro proceso es humanista, porque el ser humano es su fundamento, ¡lo primero!, no una mercancía.  Pero si nuestros padres tenían la obligación de escarmentarnos por nuestro mal comportamiento, sancionarnos de alguna manera con la finalidad de aprender a vivir respetando todo el entorno que nos rodea como el medio ambiente, las edificaciones, los animales y seres humanos con quienes convivimos y, corregirnos para que no cometiéramos nuevamente esas faltas y sirviera de ejemplo a los otros miembros de la familia de la cual somos parte.

Entonces me pregunto ¿cómo es que seguimos en este bochinche que tiene en vilo a todos los ciudadanos que hacemos vida en esta Tierra de Gracia que Dios nos ha entregado con nuestras instituciones y autoridades correspondientes? y ¿cómo es que un hijo llamado minoría tiene en jaque a los demás miembros de la familia venezolana? estos hijos no son castigados sino más bien premiados con unos padres que solo piden amnistía para los niños, es aquí donde la justicia con todo el peso de la ley debe caer sobre los padres estólidos que tienen el sagrado deber de enmendar los daños ocasionados para que vivamos como familia, porque, solo la justicia sobre la impunidad, nos liberará de esta acción despótica.

 

Nuestro legado también es sagrado

ivanmendez2006@cantv.net



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Iván Méndez


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