Despidieron el año a codazos

          Entre pitos y matracas, entre música y sonrisas, el reloj ya nos avisa que ha llegado un año más; las mujeres y los hombres un besito nos daremos, entre todos cantaremos llenos de felicidad… VAMOS TODOS A COMPRAR!!! Y entonces encontramos leche… leecheee!!! Y entre cajas y anaqueles, entre gritos y empujones, el cajero nos avisa que nos va a dejar pasar; hombres, niños y mujeres a codazos cogeremos cuatro bultos por cabeza para que no quede más… Y SE JODA EL QUE VIENE ATRAAAAAASSS!!! CHAS, CHAS, CHAS, CHAS.

                Así vimos, con una gran sensación de ASCO, colas de gente (¿gente?, término que debería usarse para mejor propósito) con dos, tres o cuatro cajas de leche. Pero no me refiero a “cartones” de a litro, me refiero a “cajas” de 12 cartones de a litro, quienes con porte de “clase media”, en un descarado derroche de “media clase”, saqueaban el Supermercado el último día del año 2013.

                Siempre he sostenido que no resulta lógico que un establecimiento privado se constituya en “contralor” del consumidor, regulando la cantidad de artículos que puede comprar un cliente; sin embargo, es una práctica habitual en casos especiales. Ahora, cuando se impone el codazo, como una forma de civilidad, el fulano “contralor” se suma gustoso a las rebatiñas y establece formas soterradas para eludir esa responsabilidad. En el Supermercado al que me refiero, cobraban solo una caja por factura… pero facturaban dos, tres o cuatro veces a la misma “persona” (¿persona?... otro término que les queda grande).

                La repugnancia que nos causa “el codazo” como civismo, como forma habitual de convivencia, nos lleva a lamentar la horrenda calidad de participación pública que han utilizado los ricos monopolistas, sus medios de comunicación y los muchachos malcriados que los representan en el debate político, quienes han popularizado entre los sectores de población inclinados a la derecha, comportamientos groseros, maldicientes, en constante blasfemia y encarnada brutalidad.

                La irracional aspereza con la que se manifiestan permanentemente los medios de comunicación de la derecha, obviando cualquier desliz hacia la ética; el desprecio con el cual se expresan los muchachos malcriados que han usurpado todos el espacio político como representantes del capitalismo y el secuestro de productos de primera necesidad combinado con el robo feroz como formalidad comercial, son funestos componentes de la expresión de un sector siempre privilegiado de nuestra población, esgrimidos contra el intento de La Revolución por una distribución justa de las riquezas y potencialidades de nuestra Venezuela y Nuestramérica. Esos arrebatos se arraigan en las vísceras de cierta población apátrida y soberbia,  y especialmente ignorante; población esta que pulula especialmente en Centro Comerciales, Supermercados y otros templos del consumismo, vociferando, maltratando, contaminando… mostrando a ultranza su identificación de “casta”.

                Mala casta aquella que se expresa a codazos porque siempre se había sentido del lado del ganador y hoy lo pone en duda… pero peor, muy mala… criminal aquella que acumuló todos los dineros del mundo y ahora destruye el país que la enriqueció, convirtiendo a los medios de comunicación en salvajizadores y lanzando a sus hijos, convertidos en lobos, a “regar arrecheras” en medio de la calle.



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José Claudio Laya Mimó

Profesor Universitario

 joseclaudiolaya@hotmail.com

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