El mensaje liberador de Jesús de Nazaret resulta desafiante para las élites neoliberales

El cristianismo celebra la natividad de Jesús de Nazaret el 25 de diciembre, fecha no exacta de su partida de nacimiento sino que responde al simbolismo del inconsciente colectivo a partir del hecho del solsticio de invierno en el hemisferio norte donde sucede la noche más larga del año y que hoy responde al 21 de diciembre. Momento de oscuridad que evoca en la humanidad un deseo intenso de la luz y el calor cuando la noche se hace profundamente oscura y lenta en llegar. Luz que nos hace sentir seguros frente a lo invisible o las tinieblas y el calor que nos hace sentir en confianza y sana compañía.

La belleza de su significado que va mas allá del lenguaje y el entendimiento de nuestra naturaleza humana ha hecho que todas las culturas desarrollarán rituales que dieran cuenta al simbolismo que lo contiene y abarca: es la esperanza y anhelos de los pueblos del mundo de la paz y la convivencia sin miedos, sin perturbaciones sin incertidumbres.
Hoy se ha desvirtuado el verdadero sentido del nacimiento de Jesús de Nazaret sobre todo en las culturas donde se celebraba la navidad tradicional con mensajes impregnados de paz, solidaridad y amor entre los hombres y mujeres de buena voluntad. Ahora esa sencilla espiritualidad frente al bombardeo mediático de meses anteriores se ha desvirtuado en una fiesta de luces y ruidos compitiendo con la materialidad del consumismo traída por el personaje de San Nicolás en un negocio más del capitalismo cuyo dios es el dinero y su culto es comprar, comprar y comprar como promesa del placer inmediato que solo hace llenar las casas de peroles y las ciudades de mayor contaminación y basura.

Todo este espectáculo de luces y fuegos artificiales en las grandes ciudades, de música y de estrenos de películas, de publicidad y promoción, uno más que otro, de ofertar la felicidad no alcanzada en todo un año, es para callar las conciencias, distraer las voluntades y ocultar la oportunidad preciosa de experimentar la alegría espiritual de cada persona, de cada familia, de cada comunidad al reconocer en su propia vida el misterio y la grandeza de Dios al hacerse humano con todas las consecuencias, como el sentir emociones, pensar la realidad, actuar en su cotidianidad, dialogar con sus parientes y vecinos, conocer e interesarse por el mundo y los pueblos circunvecinos, interactuar con otros grupos, incluso probar el dolor y la muerte física.

Se trata de un hombre histórico que existió, actuó y vivió hace 2000 años en un lugar del mundo que indistintamente podía ser en cualquier otro lugar (solo que las condiciones históricas y factores sociales, políticos, religiosos, económicos y militares estaban dadas y la historia humana se venía complejizando por lo que no era antes ni después su presencia entre nosotros) pero su mensaje permanece vivo en el corazón de la humanidad cuando ésta ha tenido la oportunidad de escucharla y cuando desde la experiencia histórica de los pueblos surgen hombres y mujeres que han testimoniado el amor y la compasión a todos y en todo momento. Pues en el espíritu humano y divino, el amor y la compasión son una unidad y no se contradicen, forman parte del todo que abarca y contiene la realidad de Dios, del Amor. Desde una visión del cristianismo Dios y Amor son aquí sinónimos de presencia real y actuante.

Mensaje que sigue resonando en los oprimidos ante la presencia de opresores que se atribuyen facultades para esclavizar y domesticar a otros; en los condenados por los sistemas económicos por ser trabajadores de baja especialización, que por sus condiciones precarias y de pobreza extrema tienen que aguantar el trabajo que le arroja unos cuantos dólares diarios para sobrevivir; en los desahuciados y enfermos que ya no son útiles para la sociedad y su familia y son arrojados al olvido y desidia; en los pueblos que sufren por parte de los países que se dicen desarrollados y civilizados y sus trasnacionales invasiones y saqueos para apoderarse de sus riquezas naturales y llevárselas a sus países como parte del botín y venderla a elevados costos a los que pueden pagarla; en los que padecen las enfermedades contemporáneas como la depresión, la angustia, el estrés y la ansiedad y encuentran como única salida de su túnel de sufrimiento las trasnacionales farmacéuticas que ofrecen droga legal para que sigan vegetando en sus vida; en los niños y niñas que están expuestos a la pedofilia y el turismo sexual por parte de sus familias pobres pero que encuentra en la venta de sus cuerpos a adultos inmorales que movilizan un mercado mundial en sus demandas; en los jóvenes que ante el inicio de una vida que debía ser feliz, sana y de retos se ven afectados por desiguales condiciones y oportunidades para estudiar, para trabajar y para recrearse sanamente; en las mujeres embarazadas que frente a una sociedad que exalta la no vida, el hedonismo y la muerte y ante el rechazo y abandono de su pareja le propone el camino del aborto y asesinato de un inocente como si aún existe la práctica primitiva del sacrificio de lo más puro, indefenso y sagrado: un niño en el vientre de su propia madre. Y así como estos, hay muchos más que nombrar pero que resulta dolorosamente infinita la lista para escribirla leerla.

Sí Jesús vino a traer la noticia a todos los hombres y mujeres que sufren, que lloran, que están solos, que nadie les recuerda o quieren saber de ellos. No a los que se creen sanos, ni a los que se consideran buenos y privilegiados, ni a los ricos que cuentan con recursos y porque no se ven reflejados o identificados con las realidades enunciadas en la lista anterior y en otras mas espeluznantes porque han contado con otro destino y se cree que no es su mundo. Sólo que cuando pasan a formar parte de la lista comprenden que el mensaje de Jesús de Nazaret es también para ellos.

Es cuando hemos formado parte de situaciones semejantes y escuchamos el mensaje de Jesús de Nazaret cuando entendemos que ni el bienestar ni la riqueza ni el confort ni el lujo ni el placer ni la felicidad de este mundo pueden cubrir la tristeza, el fracaso y la desesperanza del corazón humano que lo lleva a enfermar su cuerpo y espíritu y más aún producir en sí y en su entorno la deshumanización de todo y de todos. Las experiencias límites que nos causan dolor físico, intelectual, emocional, moral y espiritual ya sea individual y grupal tienen sus consecuencias no sólo en el momento que ocurren sino en futuras generaciones como parte del acumulado del inconsciente colectivo histórico.
Sin embargo, ante este panorama se viene haciendo una guerra sistemática por todos los medios del sistema capitalista y burgués hacia la presencia de Jesús en la historia y la actualidad de su mensaje. Basta recordar la crítica, persecución y destrucción dentro de la iglesia católica de todo aquello vinculado con la teología de la liberación, con el trabajo y acompañamiento de los más pobres de nuestra América Latina. Esta vivencia liberadora demostró la importancia que el pueblo creyente comenzará a observar su realidad, a reflexionarla con los otros, iluminarla con la buena noticia y darse cuenta de su situación y la necesidad de superar su estado de opresión y reconocer sus opresores y las acciones de estos para mantener ese estado de cosas y así hacer acuerdos colectivos y comunitarios para revertir el orden establecido desde abajo, desde la base, incluso sin la ayuda del Estado (en ese entonces había dictaduras) y con la autogestión de sus propios recursos y capacidades. Pero esto fue abortado por la institucionalidad eclesial y los clérigos que veían comprometida su pastoral proselitista en la búsqueda de adeptos para mantenerlos en sus filas pero que no los eleva en su condición para ser responsables de sí mismos y comprometidos con los otros.

Pero dañina y no menos peor que la anterior es la guerra sistemática que se viene desarrollando por todos los medios de comunicación en especial las informativas, las virtuales, las editoras que cuenta con opinadores que actúan como ilustres soldados para confundir y arsenales de, libros y películas que hacen una lectura reduccionista del Jesús de Nazaret histórico y peor aún desde las dinámicas del pensamiento moderno, sin una base profunda en estudios serios que con rigor científico analizan los textos sagrados contenidos en los 4 evangelios (Mateo, Marcos, Lucas y Juan) y menos aún con la particularidad del sentipensar y actuar del mundo oriental donde nació y se formó Jesús. Lo que me extraña es el silencio de las Iglesias cristianas oficiales (católica, luterana, anglicana y calvinista) quienes viven ensimismadas pensando en sus riquezas e imagen. Imagen institucional que han logrado estos medios deslegitimar también como mensajeros que han tenido como tarea llevar el mensaje y se han olvidado para posteriormente deslegitimar el mensaje pertinente de Jesús para el mundo de hoy que viene desarrollando cada día más miedo, incertidumbre, desinformación, manipulación y desconfianza de todo y de todos. ¿Quién está detrás de todo esto? ¿A quién le conviene desaparecer e invisibilizar a Jesús como liberador? Supongo a aquel que le interesa mantener control y dominio sobre las personas. ¿Qué instituciones y organizaciones políticas y económicas mundiales les puede favorecer el retiro del significado y significante de Jesús para los pueblos del mundo en sus luchas, en sus fracasos, en su esperanza y en su nacimiento y en su resurrección de su identidad originaria?

Si bien la Institución religiosa no fue consciente de su papel en llevar este mensaje anti-sistema, sin duda alguna, el metamensaje suscrito en la buena noticia que trajo Jesús ha tenido eco y ha impactado a los pueblos y naciones del mundo. El mensaje de Jesús llevó a esto: hombres y mujeres sencillos han comprendido las bienaventuranzas del Reino como un don y tarea en el aquí y ahora.

Una tarea que invoca a ser feliz en la llamada a comprometerse con la causa humana y terrestre. Causa humana caracterizada por la lucha de la justicia y equidad, de la paz y el amor fraterno, del respeto y el entendimiento, del perdón y compasión, de la colaboración y servicio y de la firme y clara intención de lograr la felicidad y buen vivir de todos los pueblos del mundo por lo que se tiene que afrontar al opresor que en su ignorancia y obstinación mantiene su posición de supremacía y esto conlleva a los indignados y resueltos a subvertir el orden establecido sufrir y padecer limitaciones, sacrificios, tristezas, rechazos, abandonos, desalientos, calumnias y persecuciones.

De eso se trata el llamado de Jesús de Nazaret que nació en Palestina y que hoy en ese mismo lugar se fragua la muerte de inocentes por parte de los sionistas que se posicionaron de nuevo de esas tierras con la escusa de ser sus propietarios por orden divino pero que les asiste una insaciable sed de riquezas que existe en la zona y la posibilidad de control estratégico de la tierra por su posición geopolítica. Parece que el mundo no ha cambiado, las ambiciones imperiales persisten y así como ayer mataron a Jesús por rebelarse de sus coterráneos y de sus interese oscuros quieren hacerlo con quien se cruce para oponerse en sus intereses egoístas y deshumanizantes. Hoy los pueblos no pueden permitir lo que le pasó a Jesús ni la muerte de sus líderes ni la opresión de sus pueblos por parte de los que se quieren apropiar de los recursos naturales que poseen las naciones para su propio desarrollo, de los que dirigen los sistemas bancarios y financieros para crear crisis donde justifique la reducción de los derechos humanos de los ciudadanos, de las trasnacionales armamentistas, mediáticos e industria del cine que buscan consolidar la cultura del miedo y la violencia para que todos callen y se escondan detrás de las pantallas y cámaras que nos facilita la tecnología, de las mafias del narcotráfico y de la trata de blancas que venden la ilusión de la tranquilidad y del amor pero que los somete a una realidad de fantasía y perversidad. Hoy los pueblos no pueden rendirse, hay un aprendizaje de dos mil años que no se puede despreciar y desconocer y que requiere hacer memoria histórica para no olvidarla y rescatar principios, valores y acciones que pueden ser aplicados con la debida actualización de sentidos y formas.
Tenemos que despertar a la conciencia de que somos uno como humanidad. Tenemos que hacer una evaluación individual y colectiva de nuestro quehacer y de las creencias e imaginarios que la sustentan muy lejos del propósito e intención de Jesús de Nazaret y que las primeras comunidades si supieron llevar a cabo el compartir del pan o mejor dicho en términos de hoy en la satisfacción de las necesidades humanas desde la comunión y participación de todos. Y en la deconstrucción de los fundamentos del imperio romano y sus ídolos que en solo 200 años este sistema pudo ser llevado a su caída y desaparición final.

Hoy se cuenta con mayor información, conocimiento y tecnología para hacer un trabajo organizado, consensuado y desde las comunidades que permita tomar mayor conciencia del mundo, pronunciar nuestras propias voces y miradas para humanizarnos y transformar la realidad. En esto Jesús como comunicador de la Palabra verdadera y auténtica y como constructor de comunidades nos puede enseñar mucho y este es precisamente el mensaje que se quiere ocultar a los pueblos y naciones del mundo. Y tergiversar su mensaje para confundir las mentes y corazones con conciencia mágica ingenua.
Vivimos un cambio epocal donde los pueblos serán los protagonistas. Y los imperios entraran al ocaso. Los pueblos hoy tienen la palabra y la acción para subordinar los imperios y hacer que en la tierra prive el respeto de todos incluyendo la madre tierra y el desarrollo necesario las generaciones actuales y futuras.

co.


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Alice Socorro Peña Maldonado

Profesora de la Universidad Bolivariana de Venezuela. Lic. en Comunicación Social Magister en Comunicación Organizacional. Dra. en Ciencias para el Desarrollo Estratégico.

 alicesocorro2000@yahoo.es

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