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Discurso de Lula en su toma de posesión



Exmos. Srs. Jefes de Estado y de Gobierno; señoras y señores; visitantes y jefes de las misiones especiales extranjeras; Exmo. Sr. Presidente del Congreso Nacional Senador Ramez Tebet; Exmo. Sr. Vicepresidente de la República José Alencar; Exmo. Sr. Presidente de la Cámara de Diputados, Diputado Efraim Morais, Exmo. Sr. Presidente del Tribunal Supremo Federal, Ministro Marco Aurélio Mendes de Faria Mello; Sras. y Srs. Ministros y Ministras de Estado; Sras. y Srs. Parlamentarios, señoras y señores presentes a este acto de toma de posesión: "Cambio"; esta es la palabra clave, este fue el gran mensaje de la sociedad brasileña en las elecciones de octubre. La esperanza finalmente venció al miedo y la sociedad brasileña decidió que está en la hora de trillar nuevos caminos.

Delante del agotamiento de un modelo que, en vez de generar crecimiento, produjo estancamiento, desempleo y hambre; delante del fracaso de una cultura del individualismo, del egoísmo, de la indiferencia frente al prójimo, de la desintegración de las famílias y de las comunidades.

Delante de las amenazas a la soberanía nacional, de la precariedad avasalladora de la seguridad pública, del irrespeto a los mas viejos y del desaliento de los mas jóvenes; delante del impasse económico, social y moral del país, la sociedad brasileña escogió cambiar y comenzó, ella misma, a promover el cambio necesario.

Fue para eso que el pueblo brasileño me eligió Presidente de la República: para cambiar. Este fue el sentido de cada voto dado a mi y a mi bravo compañero José Alencar. Y yo estoy aqui, en este dia soñado por tantas generaciones de luchadores que estuvieron antes que nosotros, para reafirmar mis compromisos más profundos y esenciales, para reiterar a todo ciudadano y ciudadana de mi País el significado de cada palabra dicha en la campaña, para imprimir al cambio un carácter de intensidad práctica, para decir que llegó la hora de transformar el Brasil en aquella nación con la cual la gente siempre soñó: una nación soberana, digna, consciente de la propia importancia en el escenario internacional y, al mismo tiempo, capaz de abrigar, acoger y tratar con justicia a todos sus hijos.

Vamos a cambiar, sí. Cambiar con coraje y cuidado, humildad y osadía, cambiar teniendo consciencia de que ese cambio es un proceso gradual y continuado, no un simple acto de voluntad; no un arrebato voluntarista. Cambio por medio del diálogo y de la negociación, sin atropellos o precipitaciones, para que el resultado sea consistente y duradero.

Brasil es un País inmenso, un continente de alta complejidad humana, ecológica y social, con casi 175 millones de habitantes. No podemos dejarlo seguir a la deriva, al gusto de los vientos, carente de un verdadero proyecto de desarrollo nacional y de un planeamiento de hecho estratégico. Si queremos transformarlo, a fin de vivir en una Nación en que todos puedan andar de cabeza erguida, tendremos que ejercer cotidianamente dos virtudes: la paciencia y la perseverancia.

Tendremos que mantner bajo control nuestras muchas y legítimas ansiedades sociales, para que ellas puedan ser atendidas a un ritmo adecuado y en el momento justo; tendremos que pisar la calle con los ojos abiertos y caminar con los pasos pensados, precisos y sólidos, por el simple motivo de que nadie puede recoger los frutos antes de plantar los árboles.

Pero comenzaremos a cambiar ya, pues como dice la sabiduría popular, una larga caminata comienza por los primeros pasos.

Este es un País extraordinario. De la Amazonia a Rio Grande del Sur, en medio hay pueblos playeros, sertanejos y ribereños, el que veo en todo lugar es un pueblo maduro, y optimista. Un pueblo que no deja nunca de ser nuevo y joven, un pueblo que sabe lo que es sufrir, pero sabe también lo que es alegría, que confía en si mismo; en sus propias fuerzas. Creo en un futuro grandioso para el Brasil, porque nuestra alegria es mayor que nuestro dolor, nuestra fuerza es mayor que nuestra miseria, nuestra esperanza es mayor que nuestro miedo.

El pueblo brasileño, tanto en su historia mas antigua, como en la mas reciente, ha dado pruebas irrefutables de su grandeza y generosidad, pruebas de su capacidad de movilizar la energia nacional en grandes momentos cívicos; y yo deseo, antes de cualquier otra cosa, convocar a mi pueblo, justamente para un gran movimiento cívico, para un movimiento nacional contra el hambre.

En un país que cuenta con tantas tierras fértiles y con tanta gente que quiere trabajar, no deberia haber razón alguna para hablar de hambre. Sin embargo, millones de brasileños, en el campo y en la ciudad, en las zonas rurales mas desamparadas y en las periferias urbanas, están, en este momento, sin tener qué comer. Sobreviven milagrosamente debajo de la linea de la pobreza, cuando no mueren de miseria, mendigando un pedazo de pan.

Esa es una historia antigua. El Brasil conoció la riqueza de los ingenios y de las plantaciones de caña de azúcar en los primeros tiempos coloniales, pero no venció el hambre; proclamo la independencia nacional y abolió a esclavitud, pero no venció el hambre; conoció la riqueza de los yacimientos de oro, en Minas Gerais, y de la producción de café, en el Valle del Paraíba, per no venció el hambre; se industrializó y forjó un notable y diversificado parque productivo, pero no venció el hambre. Eso no puede continuar así.

Mientras quede un hermano brasileño o una hermana brasileña pasando hambre, tendremos motivo de sobra para cubrirnos de vergüenza.

Por eso, definí entre las prioridades de mi Gobierno un programa de seguridad alimentaria que lleva el nombre de "Hambre Cero". Como dije en mi primer declaración después de la elección, si al final de mi mandato, todos los brasileños tuvieran la posibilidad de desayunar, almorzar y cenar, habré cumplido la misión de mi vida.

És por eso que hoy proclamo: Vamos a acabar con el hambre en nuestro País. Transformemos el fin del hambre en una gran causa nacional, como fueron en el pasado la creación de la PETROBRAS y la memorable lucha por la redemocratizción del País. Esa es una causa que puede y debe ser de todos, sin distinción de clase, partido, ideología. De cara al clamor de los que padecen el flagelo del hambre, debe prevalecer el imperativo ético de sumar fuerzas, capacidades e instrumentos para defender lo que es mas sagrado: la dignidad humana.

Para eso, será también imprescindíble hacer una reforma agrária pacífica, organizada y planificada.

Vamos a garantizar acceso a la tierra para quien quiera trabajar, no apenas por una cuestión de justicia social, sino para que los campos del Brasil produzcan más y traigan más alimentos a la mesa de todos nosotros, traigan trigo, traigan soya, traigan harina, traigan frutos, traigan nuestro frijol con arroz.

Para que el hombre del campo recupere su dignidad sabiendo que, al levantarse con el nacer del sol, cada movimiento de su azada o de su tractor va a contribuir para el bienestar de los brasileños del campo y de la ciudad, vamos a incrementar también la agricultura familiar, el cooperativismo, las formas de economía solidaria. Ellas son perfectamente compatibles con nuestro vigoroso apoyo a la empresa pecuaria y a la agricultura empresarial, la agroindustria y al agronegocio, son, en verdad, complementarias tanto en la dimensión económica como en la social. Tenemos que sentirnos orgullosos de todos esos bienes que producimos y comercializamos.

La reforma agraria será hecha en tierras ociosas, en los milllones de hectareas disponibles para la llegada de familias y de semillas, que brotarán lozanas con líneas de crédito y asistencia técnica y científica. Haremos eso sin afectar de modo alguno las tierras que producen, porque las tierras productivas se justifican por si mismas y serán estimuladas a producir siempre mas, a ejemplo de la gigantesca montaña de granos que cogemos cada año.

Hoy, tantas y tantas áreas del País están debidamente ocupadas, las plantaciones crecen hasta perderse de vista, hay lugares en que alcanzamos una productividad mayor a la de Austrália y la de los Estados Unidos. Tenemos que cuidar bien - muy bien – de este inmenso patrimonio productivo brasileño. Por otro lado, es absolutamente necesario que el País vuelva a crecer, generando empleos y distribuyendo renta.

Quiero reafirmar aqui mi compromiso con la producción, con los brasileños y brasileñas, que quierem trabajar y vivir dignamente del fruto de su trabajo. Dije y repito: crear empleos será mi obsesión. Vamos a dar énfasis especial al Proyeceto Primer Empleo, diseñado para crear oportunidades a los jóvenes, que hoy encuentran tremenda dificultad para insertarse en el mercado de trabajo. En ese sentido, trabajaremos para superar nuestras vulnerabilidades actuales y crear condiciones macroeconómicas favorables a la retoma del crecimiento sustentado para la cual la estabilidad y la gestión responsable de las finanzas públicas son valores esenciales.

Para avanzar en esa dirección, además de trabar un combate implacable a la inflación, precisaremos exportar mas, agregando valor a nuestros productos y actuando, con energia y creatividade, en los suelos internacionales del comercio globalizado.

Da misma forma, es necesario incrementar - y mucho - el mercado interno, fortaleciendo las pequeñas empresas y microempresas. Es necesário también invertir en capacitación tecnológica e infraestructura diseñada para la selección de la producción.

Para colocar de nuevo al Brasil en el camino del crecimiento, que genere los puestos de trabajo tan necesarios, carecemos de un autentico pacto social por el cambio y de una alianza que entrelace objetivamente el trabajo y el capital productivo, generadores de la riqueza fundamental de la Nación, de modo que el Brasil supere el estancamiento actual y para que el País vuelva a navegar en el mar abierto del desarrollo económico y social.

El pacto social será, igualmente, decisivo para viabilizar las reformas que la sociedad brasileña reclama y que me comprometi a hacer: la reforma de la prevención social, reforma tributaria, reforma política y de la legislación del trabajo, además de la própia reforma agraria. Este conjunto de reformas van a impulsar un nuevo ciclo del desarrollo nacional.

Instrumento fundamental de ese pacto por el cambio será el Consejo Nacional de Desarrollo Económico y Social que pretendo instalar ya a partir de enero, reuniendo empresarios, trabajadores y lideres de los diferentes segmentos de la sociedad civil.

Estamos en un momento particularmente propicio para eso. Un momento raro de la vida de un pueblo. Un momento en que el Presidente de la República tiene consigo, a su lado, la voluntad nacional. El empresariado, los partidos políticos, las Fuerzas Armadas y los trabajadores están unidos. Los hombres, las mujeres, los mas viejos, los mas jóvenes, están hermanados en un mismo propósito de contribuir para que el País cumpla su destino histórico de prosperidad y justicia.

Aparte del apoyo de la inmensa mayoria de las organizaciones y de los movimentos sociales, contamos también con la adesión entusiasmada de millones de brasileños y brasileñas que quierem participar de esa cruzada por la retoma del crecimiento contra el hambre, el desempleo y la desigualdad social. Se trata de una poderosa energia solidaria que nuestra campaña despertó y que no podemos y no vamos a desperdiciar. Una energia ético-política extraordinaria que nos empeñaremos para que encuentre canales de expresión en nuestro Gobierno.

Por todo eso, creo en el pacto social. Con ese mismo espíritu constituí mi gabinete con algunos de los mejores líderes de cada segmento económico y social brasileño. Trabajaremos en equipo, sin personalismo, por el bien del Brasil y adoptaremos un nuevo estilo de Gobierno con absoluta transparencia y permanente estímulo a la participación popular.

El combate a la corrupción y la defensa de la ética en el trato de la cosa pública serán objetivos centrales y permanentes de mi Gobierno. Es preciso enfrentar con determinación y derrotar la verdadera cultura de la impunidad que prevalece en ciertos sectores de la vida pública.

No permitiremos que la corrupción, el encubrimiento y el desperdicio continúen privando a la población de recursos que son suyos y que tanto podrían ayudar en su dura lucha por la supervivencia.

Ser honesto es mas que apenas no robar y no dejar robar. Es también aplicar con eficiencia y transparencia, sin desperdicios, los recursos públicos enfocados en resultados sociales concretos. Estoy convencido de que tenemos, de esa forma, una oportunidad única de superar las principales trabas al desarrollo sustentable del País. y crean, en verdad crean, no pretendo desperdiciar esa oportunidad conquistada con la lucha de muchos millones y millones de brasileños y brasileñas.

Bajo mi liderazgo el Poder Ejecutivo mantendrá una relación constructiva y fraterna con los otros Poderes de la República, respetando ejemplarmente su independencia y el ejercicio de sus altas funciones constitucionales.

Yo, que tuve la honra de ser parlamentario de esta casa, espero contar con la contribución del Congreso Nacional en el debate conceinzudo y en la viabilización de las reformas estructurales que el País demanda de todos nosotros.

En mi Gobierno, el Brasil estará en el centro de todas las atenciones. Brasil precisa hacer en todos los dominios una revisión hacia adentro de si mismo, a fin de crear fuerzas que le permitan ampliar su horizonte. Hacer esa revisión no significa cerrar puertas y ventanas al mundo. El Brasil puede y debe tener un proyecto de desarrollo que sea al mismo tiempo nacional y universalista; significa, simplemente, adquirir confianza en nosotros mismos, en la capacidad de fijar objetivos de corto, medio y largo plazo y de buscar realizárlos. El puente principal del modelo para el cual queremos caminar es laa ampliación del ahorro interno y de nuestra capacidad própia de inversión, así como Brasil necesita valorizar su capital humano invirtiendo en conocimiento y tecnología.

Sobre todo vamos a producir. La riqueza que cuenta es aquella generada por nuestras própias manos, producida por nuestras máquinas, por nuestra inteligencia y nuestro sudor.

El Brasil es grande. A pesar de todas las crueldades y discriminaciones, especialmente contra las comunidades indígenas y negras, y de todas las desigualdades y dolores que no debemos olvidar jamás, el pueblo brasileño realizó una obra de resistencia y construcción nacional admirable. Construyó, a lo largo del siglo, una nación plural, diversificada, contradictoria incluso, pero que se entiende de una punta a otra del Territorio. De los encantados de la Amazonia a los orichás de Bahía; del frevo pernambucano a las escuelas de samba de Rio de Janeiro; de los tambores del Marañón al barroco minero; de la arquitectura de Brasília a la música sertaneja. Extendiendo el arco de su multiplicidad en las culturas de Sao Paulo, del Paraná, de Santa Catarina, del Rio Grande do Sul y de la Región Centro-Oeste. Esta es una nación que habla la misma lengua, imparte los mismos valores fundamentales, se siente que es brasileña. Donde el mestizaje y el sincretismo se impusieron, dando una contribución original al mundo. Donde judíos y árabes conversan sin miedo, donde toda migración es bienvenida, porque sabemos que en poco tiempo, por nuestra própra capacidad de asimilación y de bien querer, cada inmigrante se transforma en un brasileño más.

Esta Nación que se creó bajo el cielo tropical tiene que decir a qué vino; internamente, haciendo justicia a la lucha por la supervivencia en que sus hijos se hallan enganchados; externamente, afirmando su presencia soberana y creativa en el mundo. Nuestra política externa reflejará también las ansias de cambio que se expresaron en los caminos. En mi Gobierno, la acción diplomática del Brasil estará orientada por una perspectiva humanista y será, antes de todo, un instrumento del desarrollo nacional. Por medio del comércio exterior, de la capacitación de tecnologias avanzadas, y de la busca de inversión productiva, el relacionamiento externo del Brasil deberá contribuir para la mejora de las condiciones de vida de la mujer y del hombre brasileños, elevando los niveles de renta y generando empleos dignos.

Las negociaciones comerciales son hoy de importancia vital. En relación al ALCA, los entendimentos entre el MERCOSUR y la Unión Europea, en la Organización Mundial del Comercio, el Brasil combatirá el proteccionismo, luchará por la eliminación y tratará de obtener reglas mas justas y adecuadas a nuestra condición de País en desarrollo. Buscaremos eliminar los escandalosos subsidios agrícolas de los países desarrollados que perjudican a nuestros productores privandolos de sus ventajas comparativas. Con igual empeño, nos esforzaremos para remover los injustificables obstáculos a las exportaciones de productos industriales. Esencial en todos esos foros es preservar los espacios de flexibilidad para nuestras políticas de desarrollo en los campos social y regional, de meio ambiente, agrícola, industrial y tecnológico. No perderemos de vista que el ser humano es el destinatario último del resultado de las negociaciones. De poco valdrá que participemos de un esfuerzo tan amplio y en tantao frentes si da ahí no obtenemos benefícios directos para nuestro pueblo. Estaremos atentos también para que esas negociaciones, que hoy en dia van mucho más allá de meras reducciones tarifarias y engloban un amplio espectro normativo, no creen restricciones inaceptables al derecho soberano del pueblo brasileño de decidir sobre su modelo de desarrollo.

La gran prioridad de la política externa durante mi Gobierno será la construcción de una América del Sur políticamente estable, próspera y unida, con base en ideales democráticos y de justicia social. Para eso es esencial una acción decidida de revitalización del MERCOSUR, debilitado por las crisis de cada uno de sus miembros y por visiones muchas veces estrechas y egoístas del significado de la integración.

El MERCOSUR, así como la integración de la América del Sur en su conjunto, es sobre todo un proyecto político. Mas ese projeto reposa en alianzas económico-comerciales que precisan ser urgentemente reparados y reforzados.

Cuidaremos también de las dimensiones social, cultural y científico-tecnológica del proceso de integración. Estimularemos iniciativas conjuntas y fomentaremos un vivo intercambio intelectual y artístico entre los países sudamericanos. Apoyaremos los convenios institucionales necesarios, para que pueda florecer una verdadera identidad del MERCOSUR y de la América del Sur. Varios de nuestros vecinos viven hoy situaciones difíciles. Contribuiremos, siendo llamados, y en la medida de nuestras posibilidades, para encontrar soluciones pacíficas para tales crisis, con base en el diálogo, en los preceptos democráticos y en las normas constitucionales de cada país.

El mismo empeño de cooperación concreta y de diálogos sustantivos tendremos con todos los países de la América Latina.

Procuraremos tener con los Estados Unidos de América una relación madura, con base en el interés recíproco y el respeto mutuo. Trataremos de fortalecer el entendimento y la cooperación con la Unión Europea y sus Estados miembros, así como con otros importantes países desarrollados, como Japón. Profundizaremos las relaciones con grandes naciones en desarrollo: la China, la Índia, Rusia, África del Sur, entre otros.

Reafirmamos los lazos profundos que nos unen a todo el continente africano y a nuestra disposición de contribuir ativamente para que éste desarrolle sus enormes potencialidades.

Nos anotamos no sólo a explorar los beneficios potenciales de un mayor intercambio económico y de una presencia mayor del Brasil en el mercado internacional, y también a estimular los incipientes elementos de multipolaridad de la vida internacional contemporanea.

La democratización de las relaciones internacionales sin hegemonías de cualquier especie es tan importante para el futuro de la humanidad como la consolidación y el desarrollo de la democracia en el interior de cada Estado.

Vamos a valorizar las organizaciones multilaterales, en especial las Naciones Unidas, a quien cabe la primacía en la preservación de la paz y de la seguridad internacionales.

Las resoluciones del Consejo de Seguridad debem ser fielmente cumplidas. Crisis internacionales como la del Oriente Medio deben ser resueltas por medios pacíficos y por la negociación. Defenderemos un Consejo de Seguridad reformado, representativo de la realidad contemporanea con países desarrollo y en desarrollo de las varias regiones del mundo entre sus miembros permanentes.

Enfrentaremos los desafios de la hora actual como el terrorismo y el crimen organizado, valiendonos de la cooperación internacional y con base en los principios de la multilateralidad y del Derecho Internacional.

Apoyaremos los esfuerzos para convertir a la ONU y sus agencias en instrumentos ágiles y eficaces de la promoción del desarrollo social y económico del combate a la pobreza, a las desigualdades y a todas las formas de discriminación de la defensa de los derechos humanos y de la preservación del medio ambiental.

Sí, tenemos un mensaje que dar al mundo: tenemos que colocar nuestro proyecto nacional democraticamente en diálogo abierto, como las demás naciones del planeta, porque nosotros somos lo nuevo, somos la novedad de una civilización que se diseñó sin temor, porque se diseñó en el cuerpo, en el alma y en el corazón del pueblo, muchas veces, a espalda de las elites, de las instituiciones y hasta del Estado.

Es verdad que el deterioro de los lazos sociales en Brasil en las últimas dos décadas, repletas de políticas económicas que no favorecieron el crecimiento trajo una nube amenazadora al patrón tolerante de la cultura nacional. Crímenes hediondos, masacres y linchamentos crisparon el País e hicieron de lo cotidiano, sobre todo en las grandes ciudades, una experiencia próxima a la guerra de todos contra todos.

Por eso, inicio este mandato con la firme decisión de colocar al Gobierno Federal en comunidad con los Estados, a servicio de una política de seguridad pública mucho más vigorosa y eficiente. Una política que, combinada con acciones de salud, educación, entre otras, sea capaz de prevenir la violencia, reprimir la criminalidad y restablecer a seguridad de los ciudadanos y ciudadanas.

Se conseguimos volver a andar en paz por nuestras calles y plazas, daremos un extraordinario impulso al proyecto nacional de construir, en este rincón de América, un bastión mundial de la tolerancia, del pluralismo democrático y de la convivencia respetuosa con la diferencia.

El Brasil puede dar mucho a sí mismo y al mundo. Por eso debemos exigir mucho de nosotros mismos. Debemos exigir incluso más de lo que pensamos, porque aún no nos expresamos por entero en nuestra historia, porque aún no cumplimos la gran misión planetaria que nos espera. El Brasil, en esta nueva tarea histórica, social, cultural y económica, tendrá que contar, sobre todo, consigo mismo; tendrá que pensar con su cabeza; andar con sus propias piernas; oir lo que dice su corazón. y todos vamos a tener que aprender a amar con intensidad aún mayor nuestro País, amar a nuestra bandera, amar nuestra lucha, amar a nuestro pueblo.

Cada uno de nnosotros, brasileños, sabe que lo que hicimos hasta hoy no fue poco, pero sabe también que podemos hacer mucho mas. Cuando miro a mi própra vida de retirante nordestino, de niño que vendia maní y naranja en el andén de Santos, que se hizo tornero mecánico y líder sindical, que un día fundó el Partido de los Trabajadores y creyó en lo que estaba haciendo, que ahora asume el puesto de Supremo Mandatario de la Nación, veo y sé, con toda la claridad y con toda convicción, que podemos mucho más.

Y, para eso, basta creer en nosotros mismos, en nuestra fuerza, en nuestra capacidad de crear y en nuestra disposición de hacer.

Estamos comenzando hoy un nuevo capítulo en la História del Brasil, no como nación sumisa, echando mano de su soberanía, no como nación injusta, asistiendo pasivamente al sufrimiento de los males pobres, sino como nación altiva, noble, afirmandose valerosamente en el mundo como nación de todos, sin distinción de clase, etnia, sexo y creencia.

Este es un país que puede dar, y va a dar un verdadero salto de calidad. Este es el País del nuevo milenio, por su potencia agrícola, por su estructura urbana e industrial, por su fantástica biodiversidad, por su riqueza cultural, por su amor a la naturaleza, por su creatividad, por su competencia intelectual y científica, por su calor humano, por su amor a lo nuevo y a la invención, pero sobre todo por los dones y poderes de su pueblo.

Lo que estamos viviendo hoy en este momento, mis compañeros y mis compañeras, mis hermanos y mis hermanas de todo el Brasil, puede ser resumido en pocas palabras: hoy es el día del reencuentro del Brasil consigo mismo.

Agradezco a Dios por llegar hasta donde llegué. Soy ahora el servidor público número uno de mi País.

Pido a Dios sabiduría para gobernar, discernimiento para juzgar, serenidad para administrar, coraje para decidir y un corazón del tamaño del Brasil para sentirme unido a cada ciudadano y ciudadana de este País en el día a día de los próximos cuatro años.

Viva el pueblo brasileño!




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