Comunicar para aprender a organizarnos

Hablar de ciudadanía nos remite a un ser humano individual pero también a la dimensión colectiva que nos permite alcanzar objetivos comunes y de mayor envergadura.

Ser ciudadano no se manifiesta sólo en la participación electoral del voto secreto sino en el ejercicio permanente en la garantía de los derechos y en el cumplimiento de sus deberes que resultan derechos para los demás. Derechos y deberes deben ser elementos centrales de la acción ciudadana y ninguno puede ser menospreciado pues dentro de la dialéctica ambos conforman una unidad e interdependencia.
 
Para Paulo Freire desde la teoría de la acción dialógica plantea que la organización es vital en la vida de los pueblos y en los seres humanos si se desea  alcanzar su emancipación y desarrollo de acuerdo a sus necesidades, intereses y expectativas individuales, grupales y colectivas. Esta organización debe estar acompañada con la colaboración y cooperación de todos sus miembros conforme a sus capacidades y competencias. Lo que les permite estar unidos y en solidaridad para lograr los objetivos y metas comunes. Y producir cultura que dé cuenta al propósito que los une para organizarse.
 
Todas estas acciones dialógicas la construcción y recreación de un discurso para la acción organizativa desde el lenguaje en todas sus formas (oral, escrito, gestual, simbólica) y a asumir la autoridad desde la coherencia de la palabra y acción.
 
Esa colaboración o cooperación que se da entre los sujetos de niveles distintos de función o tarea, se hace desde una mirada y sinergia frente a los objetivos y metas planteadas. Afirmándose en la causa que lo une para transformar y volcándose hacia la realidad que los reta y desafía.
 
En cuando a la unión y solidaridad los sujetos históricos en lucha frente a aquello que lo amenaza o lo aliena deben primero desmitificar la realidad y reconocer en sí mismo la adherencia a la idea opresora desde los saberes/prácticas hegemónicos para acciones contrahegemónicas.
 
Y si se trata de producir cultura es dejando de re-producir la cultura alienante que se opone al desarrollo real de los sujetos y producir la alternativa que es re-crear la originaria y junto a ésta hacer síntesis con todas las formas culturales históricas que tiene un pueblo pero que se decide por la que más conviene a todos y a largo plazo y porque la constituye auténticamente. Esto exige por tanto superar las contradicciones antagónicas presentes en nuestra cultura venezolana y latinoamericana. Ser consciente de ellas ya es un paso para evitarlas y buscar nuevos modos de qué y cómo hacer.
 
Ahora bien organizarse es un acto que exige una temporalidad y un espacio social concreto de encuentro, reflexión y actuación tanto del sujeto como individuo como parte de un colectivo. Y se da cuando estos tienen una necesidad que satisfacer o un anhelo por realizar. En principio la convocatoria hacia una causa común es el origen de la organización y dependiendo del desarrollo de las capacidades creativas y de la voluntad política de quienes se sienten afines a la causa se genera formas de trabajo común y entendimiento sobre lo que se busca e intenta organizar.
 
La misma naturaleza nos provee muchos ejemplos de organización básica. Se observa en un árbol o en una hoja de ese árbol como está organizada para responder a su fin, a su tarea, proveer oxigeno a la tierra. Y todo lo que lo conforma: las raíces, el tronco, las ramas y las hojas están diseñadas para adaptarse a las diversas situaciones ecológicas o del medio ambiente. Igual los animales tienen modos de organizar conforme a reglas e instintos naturales.
Así el ser humano en sociedad ha aprendido de la naturaleza incluso ha aplicado sus propias formas de organización y que en el tiempo a adecuado a sí mismo. También desde cada cultura los aportes en formas de organización tienen principios básicos y pueden ser reconocidos fácilmente. No así en las ciudades y megaciudades, donde el hombre y la mujer como grupo desde hace más de un siglo viene aprendiendo nuevas formas de organización más complejas contando con el apoyo de las tecnologías.
 
Aprender a organizarnos para los diversos propósitos sociopolíticos debe ser un empeño de las comunidades y las instituciones en función de intereses claros y en bien de todos. Aprender a organizarnos debe ser un acto deliberativo de todas fuerzas y movimientos populares. Pero el Estado con sus instituciones debe facilitar procesos de organización desde las comunidades y desde los intereses de los colectivos. Y más cuando tenemos a nuestro favor un marco constitucional sobre la participación democrática y las leyes del poder popular que conlleva a un telos como es la organización por parte del poder constituyente para la construcción del poder constituido.
 
Tenemos nuestra Constitución que establece derechos y deberes en el campo civil, político y referéndum popular, social y de las familias, cultural y educativo, económicos, de los pueblos indígenas y ambiental que nos invita y exige mayor organización para su cumplimiento y garantía, así como la inversión en educación, cultura y comunicación para hacernos más participativos y organizados en la acción como ciudadanos contralores de los planes y presupuestos orientados para alcanzar las metas planteadas desde las comunidades, desde las regiones y la nación venezolana.
 
Considero que el Poder Ciudadano y sus instituciones deben enfocar toda su acción en este sentido y dar direccionalidad a sus programas y planes institucionales así como a los servidores públicos de todos los poderes nacionales, regionales y municipales.


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Alice Socorro Peña Maldonado

Profesora de la Universidad Bolivariana de Venezuela. Lic. en Comunicación Social Magister en Comunicación Organizacional. Dra. en Ciencias para el Desarrollo Estratégico.

 alicesocorro2000@yahoo.es

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