¿El genio nace o se hace?

No tengo una respuesta precisa sobre esta pregunta que me he estado haciendo los últimos meses. Pero creo que si hago memoria, en mi larga vida ya, me he topado con los dos casos sin percibirlos, solo percatándome de ello cuando aparece un hecho relevante que me lleva a pensar: esta persona es un genio, o esta persona se ha vuelto un genio, según sea la persona y el hecho relevante que haya podido resaltar en ella.

O tal vez valdría la pena pensar que esas personas nacen con ese “genio”, pero muchas de ellas lo tienen dormido y les aparece llegado el momento.

Cualquiera de las tres hipótesis, lo que quiero resaltar en este caso es el genio de Nicolás Maduro.

Sus vivencias desde tempranas etapas de su vida, lo ha paseado por los diferentes derroteros, por todos muy conocidos, que cualquier ser humano y básicamente viniendo de su origen, le ha tocado conocer y vivir. Habiéndose enrolado en el camino de la transformación de este país, dada su sensibilidad y su compromiso primigenio de luchar por los desposeídos, tuvo la mas grande escuela para su formación en lo adelante bajo la tutela del presidente Hugo Chávez. Después de la muerte de este gigante de la historia, a este trotamundos le ha tocado una responsabilidad que él mismo ha confesado en diferentes ocasiones que jamás pensó que le tocaría enfrentar y que tampoco buscó. Yo de eso no tengo dudas. Su formación, compromiso, y lealtad lo eran con un proyecto político orientado a favorecer a los desposeídos y despreciados del capital, los eternos y ancestrales pobres, pero siempre bajo la orientación y conducción del gigante de los nuevos tiempos y por muchos siglos, pero sin otra ambición más allá que la de apuntalar los nuevos cambios históricos. No es difícil seguirle su trayectoria desde los inicios de este proceso revolucionario. Todo está a la vista en su proceder.

Cuando fue Constituyente, poco puedo decir de su relevancia como personaje activo para impulsar los cambios que se avecinaban, pues la presencia de Hugo Chávez, en su condición no sólo de presidente y rector del nuevo proyecto de patria, sino de la luminaria viviente que era, eclipsaba al más brillante de sus colaboradores. Las directrices estaban en la mesa y tú te apuntas a favor o en contra. Nicolás estuvo allí y su participación le dio luego la estatura política, ética y moral para convertirse en el tercer presidente de la recién elegida Asamblea Nacional. Lo hizo con verdadera maestría como si viniera del cenáculo de los conocedores de las leyes y de la alta política.

Hasta allí, a mi juicio, todo era normal en un personaje que venía transitando los caminos de la política peligrosa de los duros años de la cuarta república. Luego, cuando lo nombran Canciller, confieso que me puse las manos en la cabeza. ¿Es que no hay otro candidato con mejor formación en el mundo de las relaciones de tercer nivel que pueda asumir ese rol?, me dije. Pero igualmente confieso hoy, que me equivoqué al dudar de su capacidad en este campo. Lo vi moverse en el terreno diplomático con un aplomo y una maestría digno de loa mejores egresados de la Escuela de formación de Diplomáticos de la UCV de mi tiempo. Toda participación, toda presencia en ese medio y toda gestión, le iban acumulando puntos de sobrada capacidad, pericia e inteligencia, y se desenvolvió como muy pocos ejemplos tenemos dadas las circunstancias en las que le tocó estar, dejando bien en alto la imagen de nuestro país en todos los escenarios en ésta época de conspiración permanente. El reconocimiento y apoyo de los mandatarios y demás líderes de la escena política que vinieron a su toma de posesión, dan fe de ello.

En fin, su hoja de vida en la política viva del país, es un libro abierto.

Pero hoy, con la responsabilidad que le ha tocado asumir, es cuando me pregunto a cual de las tres hipótesis, pertenece nuestro flamante presidente.

La evolución de la expresión de su pensamiento y compromiso con una causa, son evidentes. Su lenguaje, su retórica, su discurso apasionado, arropado por la humildad del que quiere aprender cada día más y hacer las cosas lo mejor posible, no para dejar su impronta, sino para cumplir con la palabra empeñada, merecen el mejor de los reconocimientos. Eso indudablemente, ha desatado la cólera, la iracundia y las más bajas pasiones de quienes imaginaban y esperaban que su participación en este nuevo rol, fuera precaria y deleznable. Pues bien, los ataques permanentes y desquiciados, lo que indican es que Nicolás va por el camino trazado por el creador del nuevo mundo posible.

Cada una de sus decisiones, sus novedosas ideas como el gobierno de calle, su vinculación directa y sin intermediarios con los problemas y la inmediata respuesta a los que vaya conociendo, la misión Patria Segura, entre otras, le acumulan día tras día nuevos créditos que nos auguran a todos los venezolanos, la garantía de los logros del proyecto político ideado por el gigante Hugo Chávez.

Apenas, con un mes en el poder, se le ha visto con el aplomo, la tolerancia, la humildad y la inteligencia de resolver los duros problemas que le han brotado como hierba mala sobre terreno fértil. Pero, los ha ido asumiendo, los ha ido enfrentando, los ha ido resolviendo y ha sabido coordinar con su equipo de gobierno las gestiones orientadas a descabezar la intolerancia y la conspiración permanente, tanto interna como externa.

No le he perdido pasos, no quiero que nadie me cuente que hizo, que dijo o que interpretó Nicolás. No quiero que la deformación de la información me cree dudas. Quiero saber de fuente primaria los resultados de su gestión. Sé muy bien, como él mismo lo ha dicho, que su lealtad con el presidente Chávez, lo ha puesto a pruebas y está cumpliendo con ese legado, incluso mas allá de sus fuerzas físicas o intelectuales, pero el resultado es grandioso. Sus detractores tendrán que batirse día a día, por buscar nuevos elementos de ataques contra este digno servidor público, hoy convertido en flamante presidente de la República puntera de los nuevos cambios en nuestro continente y de los eternos desposeídos del planeta.

Nicolás no tendrá la inteligencia que muchos se atribuyen sin tenerla, pero tiene lo principal para mandar: amor a la patria, honestidad, alto concepto de la soberanía e independencia de nuestro país, lealtad a los principios, voluntad de trabajo, humildad para pedir consejos y asesorías, nobleza para perdonar, tolerancia para comprender las carencias de quienes presumen de eruditos, y compromiso con la palabra empeñada. Esa es inteligencia magna. Con ese bagaje, va conduciendo los nuevos cambios dejados al comienzo por nuestro Libertador Simón Bolívar, y a la mitad por el segundo Libertador y comandante Supremo, Hugo Chávez Frías.

Sigue adelante presidente Maduro y como el Quijote, deja que los perros ladren, pues es muestra que vamos cabalgando.



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Marina Guaithero de Maica


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