¿Cómo asumir el reto de una movilización electoral sin la “maquinaria” Chávez?

Mi voto es directo, secreto, universal, rojo-rojito y Maduro!!!

La última proclama del Comandante Presidente Hugo Chávez (Q.E.P.D.) iniciaron con las palabras clave: Unidad, Lucha, Batalla y Victoria. En el despliegue de su discurso tuvieron la necesaria hilación: Unidad en la revolución para continuar la Lucha por las conquistas sociales, para estar prestos a la Batalla electoral y anti-imperialista, a fin de alcanzar la necesaria Victoria del Pueblo, por el Pueblo y para el Pueblo. En síntesis: Unidad en la Lucha para ir a la Batalla y asegurar la Victoria del Pueblo, que no es otra que la mayor suma de felicidad posible.

El Presidente nos tenía mal-acostumbrados al clarín de su voz aleccionadora y oportuna, que por si misma y la significación del mensaje servía para la movilización masiva de todo el aparato estatal, como de la maquinaria partidista y de los movimientos sociales en todos sus ámbitos territoriales y sectoriales. Es reconocida la vocación de formación ideológica y movilización del electorado por parte de los movimientos sociales de base, especialmente sectoriales; como también es reconocida la vocación de apoyo logístico, comunicacional y propagandístico de los partidos de la unión revolucionaria, como maquinaria electoral. Sin embargo, una simple palabra del Comandante Presidente bastaba para poner en marcha tanto la formación y movilización de los sectores sociales como la movilización de la “maquinaria” partidista, no solo del PSUV, sino de todos los partidos de la unión.

Ahora es el momento del reto, tanto para los movimientos sociales como para los partidos del Gran Polo Patriótico, en hacer en menos de quince días lo que con un simple llamado de atención y reflexión lograba el Comandante Presidente; lo cual requiere otro tipo de movilización, que no es otro que el llamado a la reflexión para incentivar el voto consciente del electorado progresista. No basta ser panfletario, ni es pertinente en tan poco tiempo intentar una cruzada ideológica que difícilmente llegaría, ni aún por todos los medios, a mentes y corazones del electorado medio.

Mientras que la oposición tiene, gracias a la disociación psicótica provocada por la manipulación mediática, un ejército de zombis que salen a votar por cualquier espantapájaros con la motivación puesta en odios, gracias a la maquinaria de odiólogos financiados por la N.E.D. del Departamento de Estado en los Estados Unidos de Norte-América, sea como sea votan; el electorado de izquierda progresista consciente votan con un mayor nivel de reflexión, de conciencia, recargado con un alto nivel emotivo de sentido contrario: votar por amor simple y desinteresado.

Pero quedan en medio de ambos sectores un significativo número de votantes con actitudes diversas: Los “¿cuánto hay pa´eso?”, caracterizados por un electorado mercenario o clientelar, mal-acostumbrado a aprovechar los momentos electorales para lograr apoyo a sus intereses particulares. Los “ni-ni”, que no gustan de ninguna de las opciones, cuyo electorado tradicionalmente es abstencionista, pues opta por dejar que los demás decidan, porque cree que su opinión no es decisiva o porque no le interesan las resultas del proceso o no gusta de ninguna opción. Y los “radicales”, que son los ultraperfeccionistas del progresismo utópico, para quienes ninguna opción es suficiente para afrontar el poder popular y, por consiguiente, prefieren no participar del estado convalidando con su voto un sistema que creen que se hundirá solo.

En todos estos casos, no se trata de convencer en menos de quince días a los contumaces electores de inercial tendencia abstencionista, sino más bien de hacer reflexionar a quienes forman parte de ese abstencionismo consuetudinario para que entiendan que es necesario salir a votar en forma consciente, pero con un voto Maduro, que no puede basarse en falsas promesas populistas o demagógicas, ni en falsas expectativas de logros personalistas, ni en el chantaje o subasta electoral.

Estas elecciones son un nuevo momento histórico que vive nuestro país, porque la cohesión, coherencia y fortaleza del Comandante ya no está en cuerpo, lo que pudiera hacer suponer a algunos sectores que ahora si es posible tomar el cielo por asalto para iniciar una desventura hacia las malas experiencias de los balcanes o el medio oriente. Por ello, es necesario lograr el voto de abstencionistas y de oportunistas por igual, porque mientras más ventaja tengan los resultados mayor será la paz y estabilidad que reinaría en nuestro futuro inminente. Hay que buscar ese voto pero tenemos apenas menos de quince días para lograrlo y con una alta diferencia electoral libre de dudas.

Bastaría lograr el éxito de la movilización para captar la atención y acción del voto revolucionario, bolivariano y socialista de la población y la militancia en alcanzar una descomunal diferencia en la victoria soñada por el Comandante, y que esa misma plenitud y unión prosiga en la selección masiva de las candidaturas para optar a cargos municipales de los siguientes comicios electorales, sin caer en la tentación de apoyar la ineptitud y/o la corrupción de gestiones vergonzosas; para sentir, sin triunfalismo alguno, que ambas formas de organización sirven para sostener la revolución más allá del siglo XXI, hasta el 2100pre (dosmil-siempre). Debemos pasar del doloroso luto a la entusiasmo por una nueva contienda electoral, empezando por izar todas las banderas, de las astas, del corazón y la de la reflexión ideológica, para parafrasear al Comandante diciendo: “Desde mi corazón … y con mi mente: Maduro Presidente!

“Desde mi corazón … y con mi mente: ¡Maduro Presidente!.

Para lograr un voto consciente, bastaría reflexionar sobre los aspectos siguientes:

Es cierto que Nicolás Maduro es el candidato hijo político de Chávez, del cual el Comandante dijo: “Desde mi corazón: ¡Maduro Presidente!” y que encarecidamente nos pidió que en caso de confirmarse su ausencia, votáramos por Nicolás Maduro. Pero el voto no es solo un aspecto sentimental y emotivo, sino una decisión de conciencia que exige el uso de un análisis o síntesis reflexiva para elegir la mejor opción.

En primer lugar, Nicolás Maduro es todo un líder internacional que en su experiencia sindical, laboral, constitucionalista, legislativa y social ha demostrado ética, honestidad, responsabilidad, compromiso, formación ideológica y un alto sentido progresista de una Latino-América Unida en un Mundo Multipolar.

De paso, le tocó ser el canciller en la peor época que ha vivido la diplomacia mundial después de las dos guerras industrialistas y de la crisis de los misiles rusos en Cuba, pero de la cual salió no solo ileso, sino con los galardones de haber consolidado las mejores relaciones diplomáticas y comerciales con la mayor cantidad de pueblos del Mundo, que superamos el examen periódico universal de derechos humanos realizado a Venezuela ante Naciones Unidas, en el cual el imperialismo sionista de Estados Unidos e Israel no lograron desvirtuar los inmensos logros que en materia de desarrollo humano y respeto a los derechos humanos tuvo este proceso revolucionario en toda su vigencia, frente a los incumplimientos de los gobiernos del pasado, aún impunes.

Asimismo, le tocó a Nicolás Maduro la preparación de la participación de Venezuela en importantes Cumbres Mundiales de Naciones Unidas como las de Cambio Climático, Ambiente y Desarrollo, Contra el Hambre, Contra Guerras e Intervencionismo; además de hacer cumplir los viejos acuerdos energéticos del Caribe, como el Pacto de San José, suscrito por Rafael Caldera pero que nunca se aplicó, sino para rebajar injustamente la venta de petróleo a las empresas estadounidenses, no para ayudar a su pueblo, sino a las pocas familias sionistas dueñas de medio mundo.

Otra prueba de su talento diplomático y político fue la brillante exposición y defensa de Venezuela frente al intervencionismo desestabilizador en naciones del medio oriente, Centro y Sur-América, entre otras, con connotado éxito en dicha labor que existe coincidencia en los países del mundo en haber tenido un canciller ejemplar e impecable.

Igualmente, en lo familiar, social y político, es de conducta ética y fama intachable.

Comparando estas virtudes con la oferta capitalista y neoliberal, no hay coincidencia alguna ni en su reputación como persona, como jefe, como hijo, como marido, ni como legislador, ni como gobernante, ni como dirigente partidista, ni siquiera como hombre, aunque reconocemos y respetamos el derecho a la diversidad sexual.

No podría haber tenido la oposición la peor opción qué ofrecer al país, porque ni como empresario capitalista ha tenido mayor éxito que recibir en herencia lo que no logró por sus méritos o esfuerzos y, aún así, dilapidarlos en costosos gustos inconfesables. Si existiera alguna sombra de duda al momento de ejercer tu derecho al voto, piensa en quién de las candidaturas ofrece la mejor opción de líder y dirigente para ser el Presidente de la República Bolivariana de Venezuela ante las actuales condiciones mundiales de guerra continuada para sostenerse el imperialismo sionista mundial.

Incluso, si se tuviese que convencer a alguna persona del sector mercenario o clientelar, es fácil escuchar su petición, sus necesidades inmediatas y explicarle que no hay otra opción electoral que pueda cumplir con sus reivindicaciones, que no sea la opción del socialismo bolivariano que representa Nicolás Maduro, a quien podrá transmitirse tales necesidades y requerimientos y que en menos de los seis años que gobernaría, como mínimo, podrá solventar tales necesidades; pues en el capitalismo y neoliberalismo no hay solución social posible.

Bastaría ver lo que ha pasado con Grecia, España, Portugal, Francia, Italia y hasta las pretensiones imperio-mercantilistas de Gran Bretaña y Alemania, países en los que se ha rebajado los salarios, se ha aumentado la jornada diaria de trabajo, se han reducido las ayudas e inversiones sociales en salud, educación, cultura, deporte, recreación, alimentación, cesación laboral, además de haber aumentado la edad de jubilación y, por si fuera poco, una avalancha de especulación en precios de los bienes y servicios de primera necesidad, inalcanzables para el salario medio de la poca población empleada y, para colmo, el aumento de los impuestos de diversos tipos.

El volver a la política del neoliberalismo capitalista implicaría la imposibilidad de regular los precios de los productos y servicios de primera necesidad, implicaría un impacto económico y social negativo para la gran mayoría del país, pero en beneficio de los empresarios; como ocurrió en Estados Unidos y Europa con la crisis del sistema financiero, que ha sido enfrentada pagando dinero a los bancos, en lugar de a los ahorristas, pero que aún así han fallado en las ayudas y esfumaron el dinero, mientras miles de familias se quedan sin vivienda, vehículos y con deudas cuya moratoria se apga con cárcel y es heredada por sus hijos, aunque los padres se suiciden por no pagarla.

Por si fuera poco, aunque Nicolás Maduro presentó al Consejo Nacional Electoral el mismo proyecto original del Plan de Desarrollo Económico y Social de la Nación 2012-2019 presentado por el Comandante Presidente, la versión que irá a la Asamblea Nacional es la compilación que hiciera el Gran Polo Patriótico de las recomendaciones formuladas por las organizaciones e instancias del poder popular tanto territoriales como sectoriales, en la consulta pública masiva realizada por todo el país; lo que lo convierte en un Plan de Estado, totalmente sentido y mejorado por el Pueblo. Mientras que la opción capitalista solo ofreció el mismo paquetazo neoliberal capitalista, con la salvedad hipócrita de haberle borrado los párrafos comprometedores que indicaban la aplicación de las mismas medidas económicas imperantes en la crisis actual de Europa y Estados Unidos.

Entre dejar el país a las organizaciones e instancias del poder popular o entregarlo para las empresas trasnacionales retomen lo que ya se había recuperado no tiene comparación; pues es pasar de haber logrado todo el poder para el Pueblo, a pretender confiscar todo el poder para una minoría rica de oligarcas ineptos y corruptos, improductivos y apátridas. En ello se incluye volver a pasar a la entrega de la riqueza petrolera, gasífera, mineral, biodiversidad, del agua, entre otros, para ser vendidos al mayor postor trasnacional.

Basta conocer el discurso opositor para crear el contra-discurso: Que se regala petróleo y dinero a Cuba, Nicaragua, Bolivia u otros países; lo que no es verdad, simplemente se aplican las mismas ventajas del Acuerdo de San José a todos los pueblos de LatinoAmérica y el Caribe con precios internacionales del petróleo y sus derivados, pero con facilidades de pago en dinero y en especie, sin intereses usureros. Pero quienes se quejan mintiendo sobre eso, nunca se opusieron a que las trasnacionales petroleras siguieran en el país, gracias a la nacionalización chucuta, sin pagar las regalías y la renta que debían pagar contractualmente, de casi 17 % y 34 % del precio del producto, que de paso era de 7 $/Barril cuando Chávez ganó las elecciones, por lo que nos robaban hasta con el precio y sin pagar impuestos sin que periodistas, dirigentes partidistas, legisladores o similares protestaran al respecto. Ahora que Chávez les subió la regalía ¡a casi 34% y la renta al 50%, cualquier ventaja comercial que se aplique a los pueblos pobres de LatinoAmérica y el Caribe es ridícula frente al casi 80% del ingreso petrolero nacional que iba a parar a manos de pocas familias del sionismo imperialista yanqui, que callaban cómplices esa dirigencia.

Igual, su discurso de acabar con la inseguridad con plomo al hampa, sin destacar que la mayor parte de la criminalidad deriva del consumo de alcohol y drogas, que solo esas familias ricas de la oligarquía venezolana puede producir y distribuir impunemente; que en México, Nueva York, San Pablo, Río, Bogotá y otros países existe una criminalidad mucho mayor pero que no es colocada en primera plana en la prensa de esos países; incluso en la prensa venezolana privada se totalizan las muertes por accidentes de tránsito, enfermedades, crímenes pasionales, enfrentamientos policiales y de bandas, suicidios y demás hechos, colocados como si todos fueran por inseguridad personal. La presencia de fuerza policial en el pasado nunca ha sido para otra cosa que reprimir el pueblo pobre, mientras las bandas de criminales de cuello blanco siguen impúnes.

Ni hablar del paquetazo social, que una simple valoración de menos de tres bolívares por dólar provocara una grave especulación del mercado capitalista, aún no enfrentada con la Ley de Precios Justos o anti Especulación, como debiera imponerse. Aún recordamos las desapariciones y genocidio que provocaron con los disturbios de febrero de 1989, por aquel verdadero paquetazo, que hoy se aplica en Estados Unidos y Europa, donde hace falta un pueblo como el nuestro para enfrentarlo y líder como nuestro comandante o su hijo ideológico, Nicolás Maduro, para afrontarlo y vencerlo.

Algún día sabremos cómo fue infectado con virus cancerígeno intenso el Comandante y otros dirigentes latinoamericanos, como se supo la infección radiactiva contra Yaser Arafat en Palestina y que ya es conocido las investigaciones en esta materia desde los años setenta en Estados Unidos, con laboratorios de guerra, donde incluso fue creado el Virus de Inmunodeficiencia Adquirida o VIH, que produce el SIDA o su síndrome. Pero podemos contar con Nicolás Maduro, como la mejor opción presidencial en estos comicios históricos en los que está en juego más que la estabilidad del proceso revolucionario venezolano, la estabilidad política del mundo ante el imperiosionismo.

Por supuesto, es importante la búsqueda de personas que no votaron en los procesos electorales presidenciales y, sobre todo, estadales del 2012, pese a que se habían inscrito en PSUV, que estaban anotados en el compromiso voluntario del 1 x 10 de las patrullas y que se habían inscrito en las Misiones Sociales.

Igualmente es importante conocer que la búsqueda de la territorialidad del electorado, en función de sus mesas de votación, sin necesidad de desmontar los previos compromisos del 1 x 10 y las patrullas funcionales o sectoriales.

Finalmente, la verdadera consigna revolucionaria es TODO EL PODER PARA EL PUEBLO, solo será una realidad cuando las estructuras políticas de las organizaciones e instancias del poder popular sean las que tomen decisiones de incidencia territorial y sectorial en asambleas permanentes y simultáneas en todo el país, como para llegar a la conclusión que cualquier cargo ejecutivo o legislativo será poco mas de una conserjería municipal, estadal o nacional, pues siempre mandará el Pueblo.

No le des más vuelta: ¡Vota consciente: Maduro Presidente!

edwardscastillo@gmail.com
Ecologista


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Edwards Castillo-R.

Ecologista, Humanista y Socialista

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