Nuestra identidad diversa no es una zambumbia

EN UN MISMO SACO LAS  DIVERSIDADES,  PODRÍAN CONVERTIRSE EN UNA ZAMBUMBIA, EN OTRO RECURSO UNICULTURAL PARA  NEGAR LA  INTERCULTURALIDAD    

Al camarada Presidente Nicolás Maduro y a los otros  hijos de Chávez Diosdado Cabello Rondón, Elías Jaua y Rafael Ramírez. Al Ministro del ppp la Cultura Pedro Calzadilla y las Ministras del ppp la Educación Marian Hanson y Yadira Córdoba

A  la memoria imperecedera del Comandante Supremo  Hugo Chávez y del Cacique de la Resistencia indígena contemporánea Sabino Romero.

I

    º ¿Seremos capaces de entender un día que nuestra diversidad étnica, cultural y humana, irreductible, no sustituye a la interculturalidad como instrumento de enlace, de unidad y de solicitud de la   confraternidad entre pueblos, culturas y civilizaciones diferentes para construir en el amor al prójimo  la paz con justicia en una sociedad socialista y radicalmente diferente?

     º ¿Seremos capaces de entender que todo intento de criollizar la  interculturalidad es la negación radical de toda interculturalidad bajo la óptica reductora y fetichizada de la cultura única mestiza?

    º ¿Seremos capaces de entender que la interculturalidad no se limita ni es exclusiva de los pueblos originarios, pero que tampoco puede existir en nuestros países excluyendo por la vía de la criollización compulsiva, seductora y unilateral  a  los pueblos y culturas originarias?

      º Si nuestra diversidad cultural y nuestra interculturalidad no  comienza con los pueblos originarios y termina reconociéndolos en su presente histórico, no sólo en su pasado, entonces es verdad  que Venezuela, América y el Caribe comienzan con Colón y el mestizaje  hispánico, africano y europeo. Es el cuento de la invasión europea en América y África, donde no hay originarios, nadie es indígena y todos somos inmigrantes, sólo con el fin de desconocernos como dueños del territorio y saquear indefinidamente  tierras y territorios  de nadie: ¡Herrelonse gebiette! (lo que encontremos en estas tierras de nadie es nuestro, según los racistas alemanes)

II

UNIDAD Y DIVERSIDAD, DIVERSIDAD E INTERCULTURALIDAD, PIERNAS DE     

UN MISMO CUERPO  PERSONAL Y COLECTIVO EN MOVIMIENTO                                                                                            

                  Son múltiples los mecanismos utilizados  para no reconocer nuestra unidad político territorial en nuestra diversidad cultural y humana, para desconocer nuestras identidades específicas, desde lo más originario de cada pueblo; para desconocer que diversidad cultural y la interculturalidad son piernas distintas e inseparables del mismo cuerpo,  lo que permite caminar en términos radicalmente distintos al tradicional colonialismo interno que nos ha caracterizado hasta hoy, desde la primera independencia de nuestros países y que corremos el riesgo de seguirlo prolongando en el tránsito al socialismo.  De paso es necesario reconocer que los mecanismos de la integración indoamericana y caribeña con la Celac, Unasur, Alba, Mercosur, Petrocaribe nos hacen ver la extrema urgencia de afianzar con espíritu intercultural tanto nuestras identidades nacionales como  la presencia histórica y social de los pueblos, culturas y comunidades originarias, en tanto que son las más vulnerables frente al modelo  económico estrativista en el que descansan los países progresistas de Nuestra América o Abya Yala  y que dinamizan nuestros mecanismos de integración continental, incluyendo los mecanismos de integración bolivariana a través del Alba, que se asume como avanzada político - ideológica a tales fines.

    En otro sentido, es necesario insistir en que la geografía física y política nacional, tiene también su mapa geohistórico-cultural que nos hace nosotros mismos en nuestro territorio específico (la geografía física y política aludida) y al mismo tiempo nos comunica geohistóricamente y culturalmente, más allá de nuestras fronteras con la búsqueda incesante de la Patria Grande, sin negar nuestras Patrias Chicas y dentro de ellas y sus espacios interfronterizos, a los pueblos y comunidades originarias y otras variantes societarias e intersocietarias.

     En el caso de Venezuela hemos insistido siempre, en que somos simultáneamente un país amazónico, guayanés, llanero, andino y caribeño  que nos hace parte integral y diferencial al mismo tiempo de todo el continente y el Caribe.  Nos somos únicamente llaneros o caribeños. Si no tomamos en cuenta todos los factores geohistóricos-culturales, no podemos entender nuestra diversidad cultural y étnica y la sociodiversidad interna para construir la interculturalidad de lo venezolano en el contexto nuestro-americano.(1) Todo ello es fundamental tomarlo en consideración para el pleno funcionamiento  de los mecanismos de integración  continental sobre bases radicalmente distintas al colonialismo interno. Particularmente nuestros pueblos y comunidades indígenas, ancestralmente han creado las vías de comunicación e integración iniciales sobre los cuales ha descansado no sólo el proceso de conquista y de resistencia a la conquista o la anticonquista, sino también el proceso de independencia y de resistencia al capitalismo y al colonialismo interno. La llamada ruta de Losada, no es  otra cosa, que la misma ruta de los pueblos caribes de Guaicaipuro y Terepaima. La Campaña Admirable de hace 200 años, el paso de los Andes hasta Ayacucho y el Alto Perú, los caminos para el encuentro entre Bolívar y San Martin, los caminos marítimos entre Bolívar y Alejandro Petión,  tienen huellas antiguas y remotas anteriores a las huellas de los barcos de Colón, sus exploradores  e invasores en la búsqueda de El Dorado. Estos caminos de indios, incluyendo los más secretos e inéditos, como parte de un conocimiento palmo a palmo de la ecología, sirvieron de base y orientación estratégica a los levantamientos de las cimarroneras, producto de alianzas inter-étnicas, geoestratégicas y bioestratégicas entre  indígenas y afroamericanos.

       Pero veamos aquí lo fundamental hoy: sin las nuevas herramientas de las filosofías indias del Buen Vivir, -que no es sólo un slogan, ni exclusivas de las culturas andinas-; sin entender su relación de convivencia con los territorios y con el cosmos,   resultaría difícil y hasta traumático, montar procesos de organización social y comunal de largo alcance histórico, así como vías de comunicación e integración con los ecosistemas, partiendo de cero, de artificios y de la nada, vale decir, del supuesto vacío cultural y territorial para la construcción de las comunas y otros requerimientos del proceso.  Por eso es importante entender, sin necesidad de caer en ningún indiocentrismo o en un telurismo o nativismo extremos, que los pueblos, culturas, sociedades y comunidades originarias, han representado y siguen representando claves ocultas y manifiestas para los primeros puntos de referencia irremplazable en la construcción participativa, multiétnica y pluricultural y vocación intercultural de nuestras originalidades y especificidades como países y continente, como lo ha vislumbrado entre otros, Eduardo Galeano. Pero  fundamentalmente para los nuevos procesos de integración continental y planetario, superando el colonialismo interno, que es el mejor aliado invisible todavía a los nuevos libertadores-, de una integración reproductora de nuevas formas de dominación. Integración desintegradora de la indianidad, que arrastraría los viejos vicios anti-indígenas de la revolución mexicana y de las llamadas políticas indigenistas anti-indígenas como disolvente de los Estados Nacionales o de las viejas modalidades del desarrollismo brasileiro. Todo ello dejaría vedados de antemano y para siempre, las perspectivas y aportes de los indosocialismos y del indoamericanismo, tan solicitados con la urgencia del caso, por nuestro Comandante - Presidente  Hugo Chávez.

      Allí están también las herramientas de la nueva antropología crítica: la lingüística, la arqueología, la etnohistoria y las etnociencias, que permiten afianzar una interculturalidad dinámica, que no antagonice república con pueblos originarios y patrias chicas con patria grande;   de construcción participativa y protagónica con nuestros propios pueblos indígenas, afroamericanos, indoamericanos, euroamericanos, asiático-americanos, criollos y mestizos múltiples. Todo intento de búsqueda de la unidad, toda visión de síntesis, debe superar necesariamente la concepción reductora de la proclamada unicidad del pensamiento único y excluyente del cientificismo de la ilustración.  Las grandes síntesis, en el decir de Esteban Emilio Mosonyi, deben ser poli-dialécticas, que no anulen nuestras diversidades y no despachen alegremente las  múltiples complejidades de nuestras sociedades. De allí la aberración que constituye presentar la llamada cultura criolla o cultura nacional como una especie de cultura de síntesis (en su versión más acabada) que superaría lo indígena, lo afroamericano e incluso lo hispánico para dejarnos en el vacío cultural y en las peligrosas nostalgias anglonorteamericanas, germánicas, francófilas y en general, bajo un reduccionismo cultural limitado y limitante de la exclusividad europeizante de lo grecorromano y de lo judeo-cristiano. Algo que comenzó en nuestro caso con el fetiche cultural del mestizaje con el mito ideologizante de la cultura única mestiza (fundamentalismo hispanocentrista). Este fetiche cultural es complementario al fetiche de la mercancía de la sociedad capitalista, denunciado por Carlos Marx.

III

ºººººº EL SALTO A LA INTERCULTURALIDAD EN UN PAÍS MULTIÉTNICO Y PLURICULTURAL POR LA CONSTITUCIÓN BOLIVARIANA.

      La Constitución Bolivariana de 1999  representó un salto constitucional en redondo al definir nuestra democracia como participativa y protagónica, con un Estado de derecho y de justicia y un país multiétnico y pluricultural al  reconocer  los derechos originarios, históricos y  específicos de los pueblos y comunidades indígenas. Esto en el marco del espíritu intercultural de Venezuela expresado en el artículo 100 de la Constitución Bolivariana. Que no es un artículo más, sino que entra en sintonía  -y articulación- con el sentido del  Prólogo y el marco referencial de la Constitución Bolivariana en su conjunto.

    Sin embargo, no necesariamente todo  esto significa de antemano  su traducción concreta en políticas públicas del Estado y como tratamiento positivamente distintivo y respetuoso por parte de la sociedad nacional, asumidos como venezolanos plenos de este presente histórico, sin renunciar a su condición de indígenas, de pueblos originarios, con sus atributos étnicos territoriales, lingüísticos y culturales.

       Son tan específicos e irreductibles estos derechos, que fue necesario crear  un capítulo propio dentro de la nueva Constitución Bolivariana para el  establecimiento y consagración de los mismos; lo cual no significaba un privilegio frente al resto de los venezolanos, de los mismos afrodescendientes y descendientes de indígenas, campesinos, sub-urbanos y urbanos. O de los mismos eurodescendientes en tanto parte de la cultura dominante, pero externamente dominados como parte de lo nacional. Se trataba de un mecanismo de justicia y equidad que en la democracia formal y  representativa se consideraba contrario a la llamada igualdad ante la ley, según la  clásica interpretación liberal y neoliberal. Por el contrario, en una Constitución  multiétnica y pluricultural, la verdadera igualdad ante la ley, la establecen para los pueblos indígenas los derechos originarios, históricos y específicos en el marco de la interculturalidad y de la educación intercultural bilingüe.  Dicho sea de paso,  la interculturalidad tampoco queda restringida a los pueblos y comunidades indígenas, sino que, como lo plantea el art. 100 de la CRBV, la interculturalidad se hace extensiva a todos las culturas integrantes de la venezolanidad en términos de igualdad.   Esto por sí solo demuestra que la interculturalidad compromete la naturaleza del Estado bolivariano y de la sociedad nacional, que requiere y amerita un tratamiento específico e irreductible para el ejercicio pleno de los derechos culturales y educativos de toda la sociedad venezolana y particularmente para la sostenibilidad y sentido  operativo   de los derechos originarios, históricos y específicos de los pueblos y comunidades indígenas. 

      Son por tanto los pueblos originarios los que comenzaron a abrir el abanico de la diversidad para la inclusión política, económica,  socio-cultural y humana de todos los demás sectores de la venezolanidad, incluyendo los afrodescendientes y los mismos indomestizos o descendientes de indígenas (todavía invisibilizados  -sobre todo, estos últimos-   bajo nombres genéricos de mestizos,  criollos, pardos o morenos, como La Morenita de México; o en todo caso, el tratamiento como campesinos y  obreros al margen de su conciencia etnohistórica, pasando por su conciencia etnohistórica como descendientes de sangre y/o  de cultura de los pueblos originarios).  De cualquier forma, lo normal es que el abanico comience a abrirse con sentido de justicia y equidad, no por donde está más abierto, sino por donde está más cerrado. Es un mecanismo de justicia y equidad que no se opone a la igualdad entre los venezolanos, sino que la articula, la ejecuta y la consolida si se traduce a políticas concretas con sentido estratégico. Por eso no niega que la interculturalidad se haga extensiva incluso a expresiones de la venezolanidad en sus manifestaciones europeas culturalmente más vulnerables, con lenguas en peligro de extinción como la minoría venezolana-alemana de El Jarillo y  de la   Colonia Tovar o el mismo castellano en algunas zonas fronterizas de habla nacional diferente. Sin olvidar las prioridades de reivindicar los idiomas, pueblos y culturas indígenas, como el caso del pemón, el yanomami, el yeral y otros idiomas en las fronteras con Brasil (ya que allí -como lo apuntamos en un seminario de lingüística de Mercorsur en Foz de Iguazú, Brasil- la diversidad lingüística no se limita al castellano, el portuñol y el portugués brasileño, ni el bilingüismo en Los Andes, tampoco se limita al castellano y  al quechua; y en  Paraguay al guaraní y al castellano).

     Todo esto explica en líneas generales por qué la interculturalidad como otro principio rector de políticas públicas y especialmente de políticas culturales y educativas y particularmente la Educación Intercultural Bilingüe con los pueblos y comunidades indígenas, necesitan un tratamiento específico e inconfundible dentro de los lineamientos generales de la educación nacional bolivariana. Lineamientos nacionales, que también deben ser de construcción participativa con los propios sujetos, actores y actrices invisibilizados en medio milenio de conquista y colonización.- Se trate de pueblos indígenas, afrodescendientes, indodescendientes, campesinos, sub urbanos y urbanos, criollos y mestizos múltiples. El problema es de clases, como se evidencia claramente. Pero también la cultura dominante crea un ámbito de privilegios lingüísticos, étnicos, socioculturales y territoriales sobre los pueblos nativos, culturas y clases subalternas. Esto  requiere de un tratamiento muy particular en un país como Venezuela, que si bien tiene orígenes remotos y trayectoria exacerbada de internacionalismo libertario único, tiene todavía un problema crónico de identidad nacional y cultural, donde el malinchismo se sobrepone a la xenofobia, como las dos caras patológicas de un mismo proceso de dominación imperialista y colonial.  Esto lo vio con mucha claridad en su tiempo nuestro insigne camarada César Rengifo, quien definió a Venezuela como un país cogío donde todo lo que viene de afuera, siempre es mejor.

IV

  MÁS CLARO NO CANTA UN GALLO: LA ORGANIZACIÓN ESPECÍFICA DE LOS SUJETOS, IMPLICA TRATAMIENTO ESPECÍFICO

     De este modo, también entendemos y comprendemos la necesidad de como la sociedad patriarcal, que ha privilegiado al hombre en detrimento de la mujer como madre y maestra de vida, incluyendo a la Madre Tierra, debe tener su tratamiento específico. Nada más claro que las mujeres se organizan como mujeres, que los indígenas se organizan como indígenas, igual que los afrodescendientes, sin negar por ello el enlace intercultural en la causa y el proyecto común de liberación.  Queremos dejar claro, que las formas de organización específica de cada uno de estos sectores, sujetos, actores y actrices, habla por sí solo de la necesidad del  tratamiento específico de cada una de esas problemáticas en el marco del  proyecto común de largo alcance histórico. Algo que en la práctica está negado de antemano en cualquier propuesta del capitalismo neoliberal.(2) La lucha de los pueblos indígenas en la cuarta república, enfrentaba hasta el desconocimiento del derecho a organizarse con movimientos propios.  A  nadie se le ocurriría por ejemplo, darle a un niño o niña el mismo trato que a un joven o un adulto, si bien tenemos claro que el niño también es persona. Así como nadie entiende la diversidad etaria o sexual metida en el mismo saco de la diversidad étnica, sociocultural y humana.  Cada una de ellas requiere de un tratamiento especial y diferenciado dentro de la totalidad.

V

ººººººº EN CONCLUSIÓN

    Hacer un amasijo de todas las diversidades, metidas en un mismo saco, representaría una aberración para desconocer el papel cardinal de la interculturalidad.  Es la interculturalidad el eje articulador de la unidad en nuestras diversidades étnicas, lingüísticas, culturales, societarias e intersocietarias, comunales e intercomunales.  Es la interculturalidad el eje articulardor  de los derechos culturales y educativos, de las relaciones interculturales y de la misma educación intercultural bilingüe y plurilingüe, partiendo del reconocimiento de la  cultura propia, la educación propia, la historia propia al  salir de la falsa  dicotomía entre la supuesta cultura general como antagónica  o negadora de  la cultura propia. Hay que superar la falsa opción entre lo local y regional y la supuesta universalidad que se  nos opone, nos niega y nos sigue invisibilizando. Y donde los pueblos, culturas, sociedades y comunidades originarias siguen siendo las más vulnerables en todo el eslabón.

   En síntesis, a una correcta política de cancillería, de relación pacífica con todos los pueblos y  con la casi totalidad de los gobiernos del planeta, nos corresponde articular, en la hora de los procesos de integración continental, una política que supere progresivamente las viejas y nuevas modalidades de colonialismo interno. Vale decir, una política intercultural de nuestra política exterior anti-imperialista y anticolonialista. De paz con justicia para construir el socialismo del siglo XXI. (3)

1. Ver en Aporrea: Venezuela, una y diversa.

2.-Claro, hay  países capitalistas de orientación neoliberal donde existe esa lucha organizada y diferenciada. Pero ello, lejos de ser un logro de los gobiernos es un logro de la lucha sostenida de los pueblos y sus movimientos sociales.

3.- Hace algunos años, con el Frente Bolivariano de la Cancillería, discutimos un papel de trabajo denominado Hacia una política intercultural de la Cancillería. El mismo fue enviado  en ese entonces al Canciller Nicolás Maduro.

guaicaipurosrr07@hotmail.com

 



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Saúl Rivas-Rivas


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