Sindéresis

Del asesino convicto Peña, al paciente cancerado Alfredo

Cristiano alguno que se precie en practicar elementos holísticos de solidaridad humana, jamás se mostrará gozoso ante las adversidades naturales de un ser humano. Y cuando se trate de enfermedades de máximo padecimiento, este comportamiento debe hacerse sentir por lo menos con la discrecionalidad. Pero la verdad que con el comportamiento histórico que en los últimos diez años ha mantenido el ex alcalde Mayor Alfredo Peña, cualquiera habrá de calificarlo por lo menos de lamentable.

El tipo se ganó la confianza del noble presidente Chávez, sobre todo porque fue importante ficha de izquierda y durante la cuarta república se convirtió en severo crítico mediático de las políticas socio-económicas de los partidos AD Y Copei. Y así se logró colar entre los personeros más cercanos del presidente. Pero cuando el político actúa sin la exacta medida que sus convicciones le exijan, entonces llegan las contradicciones y con ello se desnudan sus verdaderos intereses. Eso ha pasado con algunos “históricos”, como Teodoro y una gruesa dirigencia masista, con Américo Martin, Puerta Aponte y últimamente con los inefables Albornoz y Henry Falcón, arrinconados todos en la pata más chueca de mesa opositora. Y entonces, el inconfesable Alfredo pudo mostrar sus más groseros ímpetus, después que con los votos chavistas se apoltronó en la Alcaldía Mayor de Caracas.


Comenzó por ósmosis de sus verdaderas intenciones, contraviniendo las políticas de la revolución. Quería echarle plomo indiscriminado al hampa. Disparen primero y después vemos, parecía ordenar cual impúdico digepolero. Ataviaba su cabeza con un casco policiaco y él mismo salía con un asesino neoyorquino llamado Bratton contratado por él, para asesinar gente en los barrios de la capital. Pero el día del golpe de abril llegó al éxtasis de sus conductas criminales y orquestó junto a los hoy condenados, Simonovis y Forero, el crimen más horrendo que contra pueblo alguno, jamás se haya visto.

Hoy, por serias noticias que llegan desde Miami, donde se esconde Peña, el individuo, al parecer padece de cáncer terminal. Una enfermedad posible en cualquier cristiano presto a las vicisitudes de la naturaleza. Mucha de su gente como sus viejos amigos de El Nacional y la familia Henríquez Otero, le dan hoy la espalda, al punto que ha tomado medidas judiciales por una deuda millonaria, que no se sabe cómo salió. Y se aguzan los sentidos con discreción en su padecimiento, sin dejar de ver detrás de ese hostil panorama, las más crueles acciones que contra los caraqueños más pobres, Alfredo peña pudo urdir.

n_lacruz@yahoo.com


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Neri La Cruz


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