Binoculo N° 39

Traición a la patria

Recuerdo que en una oportunidad, siendo yo militante adolescente de los movimientos de izquierda, en el liceo donde estudiaba se produjo una discusión porque leímos que los dirigentes de la entonces Federación Revolucionaria de Estudiantes de la Universidad Central de Venezuela (FREUCV) habían traicionado sus principios, al negociar con copeyanos y adecos unos puestos en planchas salidoras. Tengo la escena de mi liceo en algún lugar de mi hipófisis porque me impresionó mucho. Creo que a partir de ese momento, tomé conciencia real de que en realidad no tenía conciencia de la palabra traición.

Esa tarde iba a mi casa sentado en el autobús y tenía como una fijación en torno a la palabra. Llegué como a las cinco y media, me comí un pan con mantequilla mojado en café, cuya mezcla y sabor son incomparables  y fui a buscar a  mi conciencia ambulante a su casa. Para entonces el Tío Miguel vivía; y  hablar con él me generaba tanto placer como hacer el amor, una actividad que recién estaba descubriendo. El viejo siempre cargaba su caja de Negro Primero, cigarro negro con filtro que terminó por vencerlo. Lo que no pudo el sistema. Con su voz trémula y rasgada, comenzó una explicación  muy coloquial de la traición, para luego ir filosofando: “si una mujer abandona a su marido por venirse con usted, tenga por seguro que a usted también lo traicionará. El hombre que traiciona a los amigos, termina traicionándose a sí mismo. Porque la traición no es un acto, sino una conducta. La traición, sea la que fuere, es el agravio, el maltrato, la desconsideración, el irrespeto, un comportamiento que siempre dolerá, y que en todos los casos hace mucho daño. Por eso no es posible perdonarla. Es perdonable la duda, es perdonable el miedo, incluso la cobardía, pero una traición no porque se está perdonando el origen del mal”.

Ese fue mi punto de partida para que, en el tiempo, desarrollara mis propios criterios sobre el tema traición. Ahora bien, si Miguel tenía razón en cuanto a que cualquier comportamiento que afecte a quienes nos rodean, siento que incluso se hace más complejo cuando se emplea el término “traición a la patria”. Creo que entonces tenemos que comenzar por el principio: ¿a qué se llama patria?

Y es que mucha gente piensa que patria es una cosa abstracta, apellido de términos con los que fuimos alienados en la escuela: “símbolos patrios” “historia patria” “nuestros patriotas” “la semana de la patria”. Y pienso que nuestras maestras y el propio Ministerio de Educación, en verdad no tenían conciencia del valor de la expresión y de lo profundo de su concepto. Por ello cuando escucho a alguien hablar de patria, me pregunto si realmente tiene idea de a qué se refiere. Porque hablan de patria como si ésta fuera una nube, una cosa etérea,  sin forma, irreal y sin ningún valor más allá de su utilización en fecha concreta para algún acto de escuela o del Gobierno.

En mi criterio, la patria es un hecho concreto: la tierra que lo vio nacer, la cotidianidad, la escuela, la primera novia, el primer poema, la canción que nunca se olvidó, la planta que uno sembró, el mango que tumbó del árbol, el gallo que canta en las mañanas, el perro que ladra, el río en el que nos bañamos, la playa que tanto disfrutamos, los niños y las niñas que nacen en esa tierra. La patria, como dice Alí Primera, es el hombre. Aunque los más oscuros intereses nos hablen de símbolos patrios como si fuera algo que es, pero no es. Por ello la gravedad de la expresión. Porque cuando se busca a alguien de afuera que no conoce todas esa vivencias, para que le resuelva el problema, sencillamente está traicionando todo lo que es,  y todo lo que representa su origen, su familia, sus amigos, sus poemas, sus mangos, el canto de sus gallos, el ladrido de sus perros. Es decir, sí es un traidor a la patria. Es decir, como dijo Miguel, “se traiciona a sí mismo”. En la dureza de la explicación del Tío, tan terriblemente drástico, con el tiempo aprendí que efectivamente la traición no es un acto, sino una conducta.

Es por ello que las acciones y los planteamientos de miembros de la oposición, no pueden tener otra calificación sino de traición. Y es una pregunta obligada. Cómo por el simple desacuerdo u odio a una persona, pueden asumir tal comportamiento. Porque es perfectamente válido estar en contra de Hugo y de su gobierno, del proceso que vivimos, incluso de sentir repulsa, porque como él mismo lo dice, no es monedita de oro. Pero de allí a pedir la intervención de la 4ta Flota de los Marines, de allí a permitir que venga alguien de afuera a decirnos lo que debemos hacer, de allí a suponer que lo nuestro es una mierda, pero lo extranjero es bueno, es simplemente traición a la patria, a lo que representa un pedazo de tierra cuyo simple olor nos evoca añoranzas, aroma de frutas colgando de árbol, a aguacero indetenible, a fritura de carretera, a bosta de vaca. La patria no es un ente etéreo, es una realidad, es lo que significa para quien con solo escuchar una canción, se ríe, canta y hasta llora de emoción.

Quien pida la intervención de otro país para que le resuelva los problemas de su propio país, es un traidor sin duda. Deberían preguntarle a los iraquíes, a los libios, o a los afganos, qué se siente que un soldado extranjero lo ponga contra la pared, lo requise, le pida documentos, se meta a su casa sin permiso. Y díganme si eso no es un acto de traición.  Es como decía Miguel: “La traición, sea la que fuere, es el agravio, el maltrato, la desconsideración, el irrespeto, un comportamiento que siempre dolerá, y que en todos los casos hace mucho daño”. Para mí, un traidor merece todo el reproche del mundo, incluso la muerte.

Caminito de hormiga…

Pregunta: ¿qué funcionario en Aragua cierra negocios y acosa empresas, para que luego vaya su papá diputado de la Asamblea Nacional, pida lo necesario para que lo dejen en paz?...   Habitantes del sector Cabriales de Valencia, denuncian que en la escuela Isabel Fernández de Ichazú, hay uno de los mejores negocios con el comedor, en detrimento de los niños. ¿Y dónde está el PAE?...  Ya es de antología los maltratos de lo que son objetos los clientes del Banco de Venezuela y Bicentenario en Valencia. Si Hugo supiera que los más maltratados son los abuelos de la tercera edad…   Un alto funcionario del aeropuerto de Valencia, convocó a los trabajadores para decirles que la nueva LOT los perjudica. ¿Cómo les parece?...    Nuevamente me preguntan por qué en un municipio tan grande y en desarrollo como Los Guayos, hay una sola agencia bancaria. Yo me sigo preguntando lo mismo.

rafaelolmos101@gmail.com



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Rafael Rodríguez Olmos

Periodista, analista político, profesor universitario y articulista. Desde hace nueve años mantiene su programa de radio ¿Aquí no es así?, que se transmite en Valencia por Tecnológica 93.7 FM.

 rafaelolmos101@gmail.com      @aureliano2327

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