La crisis del Titanic y el hundimiento del capitalismo

Este mes se cumplieron 100 años del momento en el cual el más famoso transatlántico del siglo XX se estrelló a las 11 de la noche con un Iceberg, pasadas las dos de la mañana del día 15 de abril de 1912 asomó por última vez su majestuosa figura fuera del mar. Pero aquello que hace de éste el suceso naval más famoso del siglo XX y quizás el más conocido de la historia en su tipo, no es la cantidad de fallecidos en él sino las implicaciones con respecto al sentimiento de superioridad constructiva y tecnológica con la que abrió y cerró el siglo pasado.

En el naufragio se produjeron 1517 víctimas, según se menciona la tragedia marítima de mayor envergadura en tiempos de paz. El hundimiento del Wilhelm Gustloff dejó cerca de 9343 fallecidos, siendo cualitativamente superior, por debajo de éste hay otros hundimientos que se sucedieron bajo el mismo contexto, la operación Aníbal, que consistió en el desalojo de Prusia Oriental y Polonia en el marco de la Segunda Guerra mundial. Estos datos permiten comprender las significaciones del caso Titanic y quizás desmitificarlo un poco.

La fama del suceso, se debe especialmente al significado del hundimiento en su viaje inaugural de uno de los barcos más grande de su época, no el más grande porque medía lo mismo que el RMS Olympic, pero sí el más lujoso e imponente como símbolo de la majestuosidad y poderío tecnológico de la sociedad occidental en el comienzo de un nuevo siglo, se hundió sin remedio aquel del que se pensaba sería imposible tal cosa. Estos hechos llevan a reflexionar frecuentemente sobre la prepotencia, la inclemencia de la naturaleza, la soberbia humana y las ambiciones desbordadas, pero no es sobre esos lugares comunes sobre los que centraré mi análisis, quiero permitirme hacer uno de carácter sociopolítico.

Suele leerse sobre la tragedia que no tuvo distingos de clase, que murieron los pasajeros tanto de primera, segunda y tercera clase por igual, muy pocas veces se escucha un reclamo con relación a esto o una afirmación contraria. El director de cine David Cameron afirmaba en días recientes que el Titanic representa una metáfora de la sociedad mundial actual, un microcosmos del mundo de la época y del contemporáneo. Tomaré esa afirmación para hacer de este suceso una metáfora social.

En el barco viajaban sectores representativos de la sociedad europea de la época y que lo son de nuestra vida actual, divididos socialmente en clases se les colocaba en espacios destinados de este modo: la primera clase, cercana a la parte superior y con acceso a la piscina, el gimnasio y un gran salón donde disfrutar de comidas y música entre otras cosas; la segunda clase que sueles ser más compleja de caracterizar se ubicaba al medio en habitaciones bastante pequeñas y con pocas comodidades; la tercera clase por supuesto se encuentra al fondo del barco, casi encima de los trabajadores y con casi nulas posibilidades de disfrute del viaje.

El costo del boleto de primera clase era de 3.100 dólares lo que por supuesto limitaba el número de pasajeros, además de constituirse por personajes de la alta burguesía y algunos nobles que viajaban con el objetivo de participar en semejante suceso, llevando consigo a los miembros de sus familias. A diferencia de éstos el costo del boleto para tercera clase era de 33 dólares, lo que no deja de ser costoso para las personas pobres que abordaron el barco en su mayoría buscando emigrar hacia Estados Unidos, por lo que muchos iban también con su familia. Por otro lado se encuentran los trabajadores del barco y tripulación, también perteneciente a las clases bajas.

De la totalidad de los 329 pasajeros de la primera clase sobrevivieron 199, lo que representa el 60%, fallecieron solo 4 mujeres y 1 niño. De la tercera clase fallecieron 536 de los 710 a bordo, salvándose nada más que 170 representando un del 25%, los detalles son imposibles de obtener debido a que no hubo un tratamiento cuidadoso sobre los fallecidos. Se contaba con 20 botes salvavidas con una capacidad para cerca de 1200 personas, casi la mitad de los que se encontraban a bordo, debían ser llenados con hasta 60 personas pero abordaron un promedio de 35 por bote.

Estas cifras muestran que planificado o no hubo una actuación por parte de la tripulación que permitió salvar la mayor cantidad de pasajeros de la primera clase, quizás sabiendo las limitaciones en número de los botes salvavidas. Posteriormente el tratamiento de los cuerpos se dio bajo un sesgo clasista, la mayoría de los cuerpos se recuperaron en función de la vestimenta que llevaban, en el caso de caber sólo se recogían aquellos que pudieran identificarse con la primera clase; de igual modo fueron colocados con respecto a su condición social, la primera clase recibió ataúdes, mientras que la tercera y segunda bolsas de lona. Claro, unos viajaban por placer y lujo, otros por una urgente necesidad material.

De ese modo, el Titanic muestra un microcosmos, representación de un sistema en el cual por encima de la “universalidad de la persona humana” se encuentra el sector social, el dinero con el que se paga el viaje, la clase social a la que se pertenece; lo que determina por supuesto cuál será el lugar que toque una vez que el sistema se dirija irremediablemente a su destrucción. Cabría recordar otra metáfora cinematográfica de este tema, el carácter de clase detrás de 2012 y cómo se maneja el tema de la salvación de la humanidad.

Así como el Titanic se dirigías a toda velocidad hacia un iceberg, que se consideraba inofensivo ante el poder y la fuerza del barco; hoy el sistema capitalista se encamina apresuradamente hacia las condiciones de su propio hundimiento, el acelerado crecimiento de la pobreza y la desigualdad social, el aumento de una deuda impagable y por sobre todas las cosas la imposición de la economía financiera por encima de la economía real. Al igual que en el caso del transatlántico, la crisis producida por una incorrecta dirección y administración conducirá a que sus consecuencias las paguen los más pobres para permitir que la mayor cantidad de ricos se salven, nada más basta ver a quien afectan las medidas económicas tomadas por los políticos, pero hay una diferencia con el 15 de abril de 1912, los capitanes, arquitectos y dueños del sistema no tendrán la dignidad de hundirse con su nave. 

Si el capitalismo se hunde abandonemos el barco!        

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