A propósito de la conmemoración de los hechos de abril de 2002 y de su vigencia en el marco de la coyuntura actual

Insurgencia del Poder Popular y salto cualitativo de la conciencia de clase en Venezuela

El carácter sistémico de la lucha revolucionaria en el devenir histórico venezolano:

La historia de Venezuela está signada por un legado de lucha revolucionaria. La resistencia indígena, las rebeliones contra el esclavismo, la guerra de independencia, la guerra federal, así como las diversas formas de resistencia popular-revolucionaria desarrolladas durante el siglo veinte, constituyen los hitos más representativos que en conjunto se han estructurado y se han articulado como un todo con la revolución bolivariana, entendida como proceso y producto del movimiento revolucionario en su devenir histórico.

Asimismo, se han presentado hechos específicos (también concebidos como parte de un todo orgánico-dialéctico en relación con los movimientos y procesos referidos), entre los cuales se destacan por su vigencia y por su vinculación directa con el contexto actual, la rebelión popular del 27 de febrero de 1989 y las rebeliones de carácter cívico-militar de 1992.

Dichos procesos y hechos conforman todo un entramado de relaciones en el marco de la lucha por la independencia, la libertad, la justicia social, la democracia y las reivindicaciones objetivas y subjetivas de la población venezolana. En la realidad contemporánea, se concentran en el movimiento que impulsa a la revolución bolivariana, por la liberación nacional (sin reduccionismos o chovinismos), la construcción del poder popular como medio y como fin para la configuración de nuevas relaciones sociales, y por supuesto la lucha de clases como categoría esencial en el combate contra el capitalismo y el imperialismo (en las escalas nacional y mundial respectivamente).



La revolución bolivariana, proceso-producto de la crisis:

A partir de la década de los ochenta del siglo veinte, se configuró un escenario convulso en todos los ámbitos. La situación económica del país mostraba indicadores alarmantes en cuanto a desempleo, niveles de pobreza, exclusión social. A su vez la gran mayoría de la población no tenía acceso a servicios básicos (dichos aspectos contrastaban con la opulencia y el derroche que explicitaban la oligarquía, la clase política y el espejismo de los medios de comunicación).

En el plano ético-político, se produjo un gran descontento ante escándalos de corrupción que permearon todos los estratos del poder público. Es decir, se trató de una crisis sistémica de la sociedad venezolana, crisis que se convirtió en un caldo de cultivo para que el pueblo trabajador adquiriera conciencia de clase e iniciara todo un proceso de resistencia contra el capitalismo en su fase neoliberal (resistencia que inicialmente fue fragmentada y sectorial, y en la medida en que hubo avances en los niveles de organización y de conciencia, la misma se tornó relativamente orgánica).

La crisis en cuestión llegó a un punto de ebullición con la radicalización de las medidas neoliberales por parte del gobierno recién instaurado de Carlos Andrés Pérez, ante lo cual, se produjo un estallido en las principales ciudades del país el 27 de febrero de 1989. Se trató de una rebelión popular sin parangón en la historia de Venezuela, por su carácter espontáneo, por su capacidad de movilización, por el impacto que produjo en la subjetividad de la población, y por supuesto por las heridas causadas a raíz de la feroz represión implementada por los aparatos de seguridad del Estado venezolano (al servicio del orden social dominante: una lumpen-burguesía subordinada a los intereses del capital trasnacional).

Si bien este hecho derivó en una masacre contra el pueblo (las cifras más conservadoras –las oficiales- calculan centenares de asesinados durante la rebelión), de manera simultánea constituye todo un salto cualitativo para la subjetividad del pueblo venezolano y un avance cuantitativo sin precedentes en la correlación de fuerzas políticas de la formación económico-social venezolana. La conciencia de clase del pueblo se fortaleció a partir del reconocimiento de la lucha de clases, pues se explicitó la voracidad del capitalismo y la hipocresía de los aparatos al servicio de la burguesía (instituciones del gobierno, medios de comunicación, jerarquía de la iglesia católica, entre otros).

El nuevo escenario subjetivo-objetivo agudizó las contradicciones en todas las instancias. El movimiento popular-revolucionario se fue consolidando de manera paulatina y vertiginosa en todos los sectores. Tal situación propició la emergencia de la rebelión cívico-militar del 4 de febrero de 1992, y en estrecha relación, el liderazgo del Comandante Hugo Rafael Chávez Frías.

La emergencia del liderazgo de Chávez y el proyecto enarbolado por el Movimiento Bolivariano Revolución 200 (MBR200), representaron en su momento, la vanguardia del movimiento revolucionario, pues además de despertar la conciencia histórica y la herencia libertaria patriótica y libertaria legada en el devenir histórico de la lucha popular, logró posicionar un referente político acorde con las aspiraciones del pueblo.



La revolución bolivariana en el gobierno: la lucha de clases en pleno desarrollo:

La dinámica social y la nueva correlación de fuerzas (favorable para el movimiento revolucionario liderado por el Comandante Chávez), generaron las condiciones para que la revolución bolivariana tomara el poder por la vía electoral (es decir, por la vía dispuesta por el régimen del Estado burgués), a pesar de la polarización dada a partir de la conformación del bloque de derecha en torno a la candidatura única de Henrique Salas Romer. El carácter burgués del Estado, constituyó el origen de las contradicciones dadas en los primeros años del gobierno de Chávez.

Las contradicciones se agudizaron de manera proporcional a la promoción de políticas revolucionarias en áreas como la atención social, la economía, principalmente por la promulgación de la Ley de Tierras, la Ley de Pesca y la Ley de Hidrocarburos (vía Ley Habilitante), y ante las posiciones asumidas en materia de política internacional (ante escenarios como el ALCA). La revolución bolivariana a través del gobierno venezolano, estaba atentando contra los intereses de la oligarquía criolla e incluso contra la lógica de dominación imperialista, al punto de asumir una política de reimpulso a la OPEP, así como el control de PDVSA, como medidas estratégicas para fortalecer a Venezuela (y por ende a la revolución bolivariana) en el ámbito geopolítico y geoeconómico.

La orientación del gobierno de Chávez permitió explicitar la lucha de clases (ahora evidenciada cotidiana y vivencialmente). La coyuntura descrita someramente, motivó la reacción de todos los sectores de la derecha (empresas privadas, gremios, sindicatos de trabajadores desclasados, partidos políticos, ONGs, Iglesia Católica, entre otros), relacionados con los intereses de la oligarquía y el imperialismo. A través de paros escalonados, movilizaciones de masas y sobre todo, mediante un accionar sistémico y sistemático de los medios de comunicación masivos al servicio del capital, se generó un clima conflictivo y se diseñó y ejecutó un golpe de Estado de signo fascista.

Al derrocar (secuestrar) al presidente Chávez, con base en una campaña distorsionadora de la realidad, la derecha exhibió su desprecio a la voluntad y la inteligencia del pueblo venezolano y explicitó su rostro antidemocrático y fascista (su verdadero rostro). De un plumazo se eliminó la constitución y el Estado de derecho, se adelantó una represión contra la dirigencia y la base social bolivariana. Se asedió la embajada de Cuba, se cometieron desmanes como el arresto y la agresión contra el Ministro del Interior de entonces (Ramón Rodríguez Chacín), y contra el Gobernador del Estado Táchira (Ronald Blanco La Cruz).

Todo lo anterior, contó con la promoción y el apoyo irrestricto de los medios de comunicación privados, ante lo cual, se produjo un fenómeno inédito en nuestra historia, con el apoyo de medios comunitarios, y primordialmente a partir de un salto cualitativo extraordinario en su conciencia de clase, el pueblo venezolano tuvo la capacidad de discernir la verdad y asumió de manera heroica la resistencia que derivó en la revolución de abril de los días 12 y 13 de abril de 2002.

La revolución de abril de 2002, constituye en la modesta opinión de quien escribe, la insurgencia del Poder Popular como hecho concreto, como praxis revolucionaria. El poder popular como movimiento orgánico, como bloque histórico-político, con un proyecto, con una identidad subjetiva (identidad de clase, e identidad con las luchas revolucionarias de todo el continente), forjada a través del devenir histórico, en la cual se reconocen como parte integrante de un todo (concebido como movimiento patriótico y bolivariano) todos los explotados y los marginalizados del sistema capitalista, en conjunto con las expresiones organizativas de carácter popular y revolucionario.

A diferencia de su antecedente más significativo (la rebelión de febrero de 1989), el levantamiento popular de abril de 2002, tuvo objetivos precisos y específicos. La experiencia forjada durante décadas de lucha, y los niveles de organización alcanzados, potenciaron la capacidad de comunicación, movilización y de ejecutar acciones y medidas para contrarrestar y superar a la derecha fascista en la correlación de fuerzas y en todos los escenarios objetivos y subjetivos (en la calle, en el plano militar e incluso en los medios, pues los últimos se vieron obligados a difundir la retoma del poder por parte del presidente Chávez).

En definitiva, fue una expresión de poder, capaz de derrumbar los poderes fácticos implantados mediante el golpe de Estado. Si bien, es innegable que el accionar de los militares patriotas y constitucionalistas fue crucial, dicho accionar se cimentó y se fundamentó en la rebelión popular. Sin la movilización masiva y multitudinaria del pueblo (movilización aplastante y contundente, tanto en términos cualitativos como cuantitativos), no se hubiera acelerado la victoria militar del sector patriótico de las Fuerzas Armadas (existen registros y testimonios que evidencian los planes de intervención militar de los Estados Unidos de Norteamérica). Según algunos analistas políticos, es muy probable que ante una confrontación interna de las Fuerzas Armadas venezolanas, se hubiera desarrollado una guerra civil y una invasión.

En esencia, la revolución de abril, hecho concreto en el que se configuraron orgánicamente la rebelión popular y los sectores patriotas de las Fuerzas Armadas (impregnados de conciencia de clase), constituye una demostración de fuerza y de poder (también un tipo de relación entre el pueblo –civil- y el pueblo en armas). De un tipo de poder, el poder popular, un poder insurgente y revolucionario concebido como medio y como fin para la construcción del proyecto de la revolución bolivariana.

El avance y la potencia alcanzada por el movimiento bolivariano a partir de los hechos de abril de 2002, constituyeron la base social y política de la revolución, para derrotar contundentemente a la oligarquía y el imperialismo en diversos escenarios posteriores. En primer término, en el paro petrolero de diciembre de 2002-enero de 2002, y en segundo término en las contiendas electorales de 2004 (referéndum) y en 2006 (elecciones presidenciales), en ambas la victoria bolivariana fue aplastante, por lo cual se configuró una correlación de fuerzas notablemente favorable.

A partir de la correlación de fuerzas referida, prosiguió el avance de los niveles de conciencia y los niveles de organización del pueblo, aspecto que preparó las condiciones para que se impulsara desde el gobierno la política de los Consejos Comunales (como una expresión del poder popular, instancia orgánica del Estado). A pesar de las contradicciones, las experiencias en este ámbito han potenciado subjetiva y objetivamente al movimiento bolivariano. Pues se ha fortalecido el tejido social, y se ha avanzado significativamente en la expresión organizativa de los sectores populares.

Actualmente, existen múltiples y muy diversas formas-expresiones de organización revolucionaria desde las bases (poder popular en la praxis: “formales” en los Consejos Comunales, informales en colectivos, frentes, y fuerzas revolucionarias en general), las cuales confluyen en la necesidad de profundizar el proceso revolucionario, mediante la construcción del socialismo bolivariano. Hoy el poder popular representa la fuerza fundamental del movimiento patriótico-bolivariano, para la confrontación electoral de octubre y en el marco de la agudización de la lucha de clases.

El escenario de agresión permanente por parte del imperialismo, la agenda de violencia que propugnan los sectores de derecha, con base en la estructuración de grupos armados (fortalecidos por la invasión de paramilitares colombianos), la ofensiva terrorista de los medios, las posturas reaccionarias de la iglesia y de diversos sectores, exigen en conjunto el fortalecimiento del poder popular como medio y como fin para la construcción del socialismo bolivariano.

Por tanto, se precisa el fortalecimiento del poder popular como auténtica expresión del movimiento bolivariano como un todo orgánico. Lo cual pasa por potenciar al Gran Polo Patriótico como instancia de articulación popular-revolucionaria, y reconocer el hecho electoral como una coyuntura fundamental, pero asumir la victoria de la revolución en el plano de la construcción desde lo concreto, a partir de la destrucción del Estado burgués y de la transformación revolucionaria de las relaciones sociales.



* Investigador de la Universidad Nacional Experimental de la Seguridad (Táchira)

Integrante de la Dirección del COLECTIVO PEDRO CORREA

boltxevike89@hotmail.com


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Jorge Forero*

Integrante del Colectivo Pedro Correa / Profesor e Investigador

 boltxevike89@hotmail.com      @jorgeforero89

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