Binóculo Nº 20

Labrada a mano

No puedo quejarme de mi ejercicio como periodista. No he tenido beneficios económicos, porque como le digo a mis alumnos, un periodista no es como un médico, abogado o ingeniero, que negocian un contrato y se ganan un montón de dinero. Eso no es posible en el periodismo. A menos que el periodista se dedique a la palangre y se rebusque de la mejor manera posible para equilibrar el desequilibrio económico que le representa un salario pírrico en cualquier medio de comunicación. Por ello siempre he dicho que el periodismo tiene mucho de apostolado. En mi caso, he cubierto todas las áreas del periodismo, no solo escrito, radial y televisivo, sino que llegué a hacer crónica, un género que se cultiva poco en el país, que es bastante difícil, pero extraordinariamente relajante y satisfactorio.

Es decir, cubrir todas las áreas de esta difícil profesión, me permitió aprender a oír, comprender, observar, estudiar, analizar, a no juzgar; y a reseñar de la manera más objetiva posible el hecho periodístico a fin de llevarlo al lector de la forma más prístina permisible. Fue una escuela extraordinaria porque si bien es cierto que tanto el estudio como la formación debe ser permanente, no lo es menos que la cotidianidad es una enseñanza con la que uno se nutre más… Y se hace más humano.

Llegué a la fuente del periodismo que realmente amo –la política- bastante temprano, con todo ese back ground que me formó. Cubrí Miraflores, el Congreso y los partidos políticos. Eso, aunado a mi formación de militante comunista, me permitió entender aún más a las personas, en especial a la dirigencia con la que tenía contactos todos los días. Con algunos dirigentes de esos partidos –es decir, de la derecha- me unió incluso lazos de amistad. De algunos, incluso del alto gobierno, conocí su vida personal. Me sorprendieron mucho. No podía imaginar que un dirigente adeco, con aspiraciones a ser alcalde de Caracas, tuviera profundos conocimientos de ópera. O alguien que a veces daba contradictorias declaraciones de prensa, fuera un avezado analista del cine francés o alemán. Con alguno de ellos, con quienes no tenía la más mínima coincidencia en materia política, me extasiaba conversando sobre Lezama Lima y el olor a fruta que genera su novela Paradiso. Sobre la guerra de Yazungos y canudos en un episodio brasilero de 1896 que Vargas Llosa magistralmente plasmó en su novela La guerra del Fin del Mundo. Cuando yo pensaba que era la única persona que en Venezuela había leído a Roberto Artl, uno de esos dirigentes, copeyano, había leído Los Lanzallamas, una de las tres obras del escritor argentino. A uno de estos dirigentes, adeco, le encantaba uno de los filósofos españoles que más me impresionó: Baltasar Gracián. Un genio de la sátira que plasmó todas sus reflexiones y la burla a la sociedad española en su obra El Criticón. Con otro de esos dirigentes pasaba tardes enteras conversando sobre la obra de García Márquez y cuál trabajo nos había impresionado más. Hablando en voz alta en una oportunidad en pleno Congreso, descubrí que más de uno de esos políticos (adecos, copeyanos y masistas) había leído El Aleph de Borges.

Es decir, no solo sabían de cine, música, literatura, sino que estaban al día con los grandes pensadores, sin importar si fueran marxista, positivistas o funcionalistas. Hablaban de los futurólogos. Sabían quién era Drucker, Thurow o Tuffler, andaban todo el tiempo con un libro bajo el brazo. Por la copeyana y erudita Mercedes Pulido conocí a Jorge Volpi. Creo que fue Ramón Guillermo Aveledo quien me habló en detalles de Elena Poniatowska

Quiero decir. Podías saber que esos dirigentes eran diametralmente opuestos a tus conceptos políticos, pero tenían un nivel de cultura y de formación que debía ser respetado en su justa dimensión. En verdad reflexiono en torno a si eso tenía algún valor o no. Pero en lo personal, extraño esas conversaciones.

Traigo todo eso a colación, porque me asombra los niveles de ignorancia del liderazgo político venezolano. En ambos bandos. De hecho, la mayoría adolece una cultura de leer la prensa. Por alguna razón que no entiendo, están convencidos de que pueden hacer política a través de las redes sociales. Piensan que a través de tuiter o escai pueden transmitir a los venezolanos una visión de país.

En mis cotidianas conversaciones con el Tío Miguel, tocamos tópicos que en ocasiones parecían baladíes. Si estuviera vivo, me restregaría algunas cosas en la cara que en su oportunidad le reproche. “Un dirigente político –me dijo en una ocasión- no solo es la expresión de los intereses de un colectivo. También es la expresión de sí mismo, porque cuando tú crees que no te están entendiendo, ellos están pensando que eres un perfecto imbécil. La formación de un dirigente debe ser holística, porque no basta solo la suma de sus partes. Si no se ocupa de su formación en todas las áreas del saber humano, aunque sea superficialmente, tendrá serios problemas para entender la complejidad de los hombres”.

Recordando esa opinión del tío, oteo por todos lados en la intención de encontrar algún dirigente que evidencie no solo un discurso inodoro, incoloro e insípido, sino que en su oratoria acumule unas 200 palabras cuya coherencia conduzcan a un interés del país. Por el contrario, pareciera que han labrado su mediocridad a fuego y martillo, como los malos orfebres. Se la han ganado con el sudor de sus frentes. Ignoro si es un síndrome de nuestros tiempos y si la nueva generación de dirigentes de otros países, adolece de las mismas fallas, pero es preocupante esto. Los ciudadanos le pasaron por encima. Es una de las razones por la que los partidos políticos pierden credibilidad. Cómo puede pretender un dirigente que quizás tenga 150 palabras en su vocabulario, convencer a un ciudadano que no solo fue a la universidad, sino que además, es cuarto o quinto nivel académico.

No sé si es posible crear una escuela de formación política para condicionar a todo el que tenga aspiración de asumir un cargo político a pasar por ella; pero creo que, sin duda, primero deben haber pasado por la escuela de analfabetismo…

Caminito de hormigas…

En el acto que organizó Enzo Scarano para darle el espaldarazo a Enrique Capriles, solo subieron al estrado los de Primero Justicia, lo que generó un fuerte malestar pues se interpretó como una bofetada a Ángel Álvarez, real artífice de Cuentas Claras. “Los aduladores de Enzo en la alcaldía le tienen arrechera Ángel y no mascan para buscar una oportunidad de pisarlo”. Será cierto ese comentario… Fue destituido José Barbour como Director de la CHET. En reunión en Fuerte Paramacay, el viceministro España le reclamó que el presupuesto 2012 era de 7 millones y ya había comprometido cinco, por lo que tiene abierto un expediente administrativo y una auditoría… Corpoelec le debe unos Bs. F. 700 millones a sus trabajadores a nivel nacional; encima rescinde las pólizas de La Previsora para supuestamente contratar con Constitución, pese a recibir un crédito por más de 2 mil millones con los cuales pagaría beneficios a sus trabajadores y además a La Previsora… Oficialistas y opositores se reunieron para celebrar con el Monje de Camoruco sus casi 80 años. La cordialidad, el disfrute y las risas, fueron la nota imperante. No obstante, a veces relucían los adeptos de Pablo Pérez y Enrique Capriles y entonces venían las discusiones entre Erika Mota, Ronald González, Sandy Aveledo y Pedro Díaz Blum. Ni de vaina mencionaban a Leopoldo López o Maricori. En esa mesa se notó la división y el futuro de la otra mesa: la MUD

rafaelolmos101@gmail.com



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Rafael Rodríguez Olmos

Periodista, analista político, profesor universitario y articulista. Desde hace nueve años mantiene su programa de radio ¿Aquí no es así?, que se transmite en Valencia por Tecnológica 93.7 FM.

 rafaelolmos101@gmail.com      @aureliano2327

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