Azimut revolucionario

¿La democracia representativa o represiva?

Hay una deuda social, moral y patriota que todavía a estas alturas del proceso no ha podido ser saldada en su integridad. La época represiva de las persecuciones, torturas y desapariciones de los años 60 y 70, cuando una larga lista de venezolanos fueron víctimas lamentables de la represión más funesta, agazapada entre verbenas dominicales y silencios cómplices de corporaciones mediáticas al servicio de esa política de muerte. ¿Cómo pudieron pasar desapercibidos en esa época para los medios y para los intelectuales de los derechos humanos que hoy parecieran aguerridos personajes, los libros de Díaz Rangel, de José Vicente o las denuncias de María Teresa tejero y Raquel Vera?. Una indiferencia cómplice se observa en la conducta de algunos dirigentes y muchas personas a pesar de estar identificadas políticamente con estos sectores entienden hoy y saben que la Venezuela de desapariciones y torturas existió verdaderamente y es la gente más pobre, nuestras comunidades más necesitadas quienes sufrieron las consecuencias más devastadoras de esta barbarie política que manejó el país durante esos años. Cuántos desaparecidos de aquellos años no fueron simplemente borrados del mapa por pensar distinto, pedir la reparación de una calle o lanzar un panfleto. Disparen primero y averiguen después… Esa era la consigna.

Hoy la nueva Asamblea Nacional , esta nueva asamblea electa en septiembre pasado, tiene el reto y el compromiso moral de abordar este tema con un ánimo justiciero, con un ánimo trascendental que logre poner de manifiesta que nunca más en Venezuela deben cometerse estos crimines políticos, estas persecuciones inhumanas que dejaron en nuestra población marcas muy difíciles de extinguir y que aún esperan por su reivindicación en el dolor de las ausencia de hermanos, padres, hijos, nietos o tíos.

La nueva ley contras el silencio y el olvido, que se discute en el ente parlamentario nacional, es parte de este proceso que será lento pero contundente para iniciar una brecha hacia la justicia del cúmulo de casos a nivel nacional que deben ser tratados. En Lara existen muchísimos de ellos y el trabajo del profesor Pedro Pablo Linárez ha sido revelador en ese aspecto. Igualmente los esfuerzos de Raúl Zurita (quien tuvo por cierto que cambiarse su nombre para mantenerse con vida debido a la ola de persecuciones de la que fue víctima en la época) nos revelan la magnitud de este genocidio.

Hoy es hora de no olvidar y de condenar el olvido… Vamos a reivindicar a estos héroes comunales, caídos en una lucha justa y emancipadora… La asamblea nacional asume el nuevo reto y la acompaña todo el pueblo… Hasta la victoria siempre… Patria socialista o muerte … VENCEREMOS…

artefactoca@gmail.com


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Luis Jonás Reyes


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