LA PALABRA CIPAYO es de origen persa. Quiere decir --según el diccionario-- soldado indio al servicio de Francia, Portugal, Gran Bretaña. Es decir, alguien que se vende al extranjero, que relega la patria y sirve a intereses extraños. Pero la expresión va más allá del acto de servir a un país distinto al propio por una paga. Es algo más que una acción mercenaria: Implica sumisión, desarraigo, traición, conciencia en subasta.
*EN VENEZUELA se entronizó el cipayismo. La desesperación de un liderazgo incapaz de competir democráticamente; las sucesivas derrotas que éste ha sufrido, más la presión que ejerce un sector social fanatizado e irracional de la oposición, atizado por los medios de comunicación, conformó un fenómeno de claudicación, de supresión de toda noción de patria e interés nacional. Estos sentimientos fueron suplantados por una visión consular, subalternizada, de Venezuela. Chávez se convirtió en algo más que un adversario en el juego democrático, para transformarse en reto de vida o muerte.
*A CHÁVEZ, de acuerdo al desarrollo de esa lógica fatalista, fundamentalista, no se le acepta como rival en el terreno político; tampoco como ser humano. A Chávez, por tanto, hay que sacarlo del poder como sea, o bien asesinarlo. El análisis de cualquier discurso de la oposición --salvo contadas excepciones--, parte del supuesto de que Chávez es el mal y, por consiguiente, hay que acabar con él. Extirparlo de raíz.
*ESTA CONCEPCIÓN CATASTROFISTA, inducida por el odio y la impotencia, estimulada por la sensación de que Chávez es imbatible en el juego democrático, recurre lógicamente al recurso extremo: Apoyarse en el exterior, apelar al extranjero, convertir lo de afuera en muleta para actuar adentro. La frase pronunciada --en el 2003-- por una mujer con pasado guerrillero que vendió su alma al diablo, Ángela Zago, define el fenómeno: "Prefiero al jefe de un Ejército de ocupación extranjero en la presidencia de la República que a Hugo Chávez".
*ES ÉSA LA esencia del pensamiento cipayo; de la conciencia cipaya. De los que a diario esperan ansiosos lo que insinúa Bush sobre Venezuela; los que se frotan con deleite las manos por los ataques del Departamento de Estado; aquellas y aquellos que llegan al orgasmo con las declaraciones de Condoleezza Rice, todos ellos verían con júbilo a los marines USA. En la reciente crisis con Colombia se colocaron al lado de la oligarquía de esa nación. Fue vergonzoso cómo cerraron filas contra Venezuela, ofendieron a Chávez y elogiaron a Uribe, solidarizaron con los militares y la godarria de Colombia, con "El Tiempo" de Bogotá; en fin, cómo atacaron la posición del gobierno de su propio país. En esa línea, al unísono, estuvieron desde Ramos Allup hasta Pompeyo Márquez; desde Julio Borges hasta Teodoro Petkoff; desde Salas Römer hasta Velásquez; desde Globovisión hasta el Canal 2; desde periodistas y analistas hasta los dueños de medios; desde "El Nacional" hasta "El Universal".
Son los cipayos. Es la conciencia cipaya.-