Deseo de represión (un análisis del objeto del deseo escuálido)

Una de las mayores desgracias de la oposición nacional radica en el oscuro objeto de su deseo más profundo: la represión; ese proceso que jamás se materializa por esa terca manía de Chávez de no consagrarse como un dictador tiránico y déspota. Su fijación es tal y tan consuetudinaria que no cesan en su anhelo de buscar el más mínimo gesto para desatar toda la esquizofrenia posible. Ya lo decía Eduardo Galeano cuando mostraba su extrañeza por esa extraña dictadura en la cual se gritaba a los cuatro vientos y por todos los medios de comunicación posible que no había libertad de expresión.

El opositor, como animal que le busca el sentido a la vida en la acérrima contraposición a cualquier cosa que diga Chávez, tiene como fantasía única corroborar su hipótesis existencial: Que Chávez es un dictador que va a coartar las libertades de todos los venezolanos. Con esto espera que se desencadene un cierto maremágnum social, que a su vez haga correr la sangre de todo aquel que alguna vez le hizo una mueca de aprobación a cualquier gesto chavista. Es decir, que al final de todo proyecta, en la imagen del presidente Chávez, su sangriento anhelo de venganza de esos “pat’en suelo” que desde hace 11 años le robaron su modo de vida.

Pero como todos bien sabemos la fantasía, el deseo en los humanos, no es más que un objeto imaginario e inalcanzable. Y además existe la paradoja: una vez que se consigue irremediablemente deja de convertirse en deseo. Pongamos un ejemplo muy sencillo: dos pequeños hermanos que se pelean por un juguete. El infante que no tiene el juguete tiene deseo de éste, pero porque la construcción de su propio deseo esta en el otro niño. Si el padre diese el objeto del que lo posee al que clama por él la situación se invertirá. Así que, irremediable y salomónicamente, un buen padre decidirá comprar un juguete exactamente igual para aquel que gime desconsoladamente. Nada más desajustado a una solución. Apenas el niño tenga el objeto del deseo en sus manos perderá absoluto interés en éste y empezará a forjarse alguna nueva necesidad con la cual atentar con la cordura paternal.

La oposición no puede atravesar la fantasía, hacerla realidad, quedarse sin su objeto de deseo. Por varias razones. Una, porque no existe todavía ninguna evidencia que este sea real, ergo, posibilidad de que se coarte la libertad de expresión en el país. La lluvia de improperios y agresiones por todas las vías que se hacen hacia el gobierno, y hacia la propia figura del presidente Chávez es muestra de ello. ¿En qué país con amenazas a la libertad de expresión, seamos reiterativos con ello, esta amenaza es noticia de primera página, se anuncia con bombos y platillos la pérdida de la libertad de expresión en radios y programas de opinión? Qué extraño dictador, volviendo a Galeano, este Chávez que soporta cualquier tipo de comentarios institucionales y hasta personales por todos los medios de comunicación sin haber arremetido aún.

Pero por otra parte, la oposición no puede darse el lujo de llegar a la verificación, materializar su deseo. Porque entonces empezaría a perder sentido su propia existencia. Tendría que buscar una nueva forma de reconocerse a sí misma. Tendría que reinventarse desde su propio deseo. Por eso vive en ese éxtasis orgásmico ante cada gesto de gobierno. Porque, como todo deseo, la satisfacción del mismo no está en consumarlo, sino en creer que se está a punto de hacerlo. Por eso inventan una nueva historia sobre el peligro inminente de la pérdida de las libertades democráticas. Otra vez atentan contra el derecho del “pueblo” a la información. Ese juego de esquizofrenia perenne que nos lleva a levantar, una vez más, aquella vieja consigna que reza: “Chávez los tiene locos” 

berrizbeitia@gmail.com



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