Ruralidades

Los betancouristas rabian y ríen

Recientemente escuchamos y vimos al camarada Alberto Nolia cuando decía que el partido Acción Democrática fue una de las agrupaciones políticas más grandes de América Latina, si se tomaba en cuenta el aspecto relativo a las poblaciones de cada país del continente. Lo que, en su momento (opina uno, más viejo que Nolia), se le atribuyó a la “habilidad y humanismo” del traidor Rómulo Betancourt, talanquero hacia el imperio venido del Partido Comunista, cofundador de la primera célula allá en la Costa Rica del comodín José “pepe” Figueres.

¿Es que en realidad Betancourt fue comunista? O peor, ¿fue acaso un “mirón a bordo”, preparado por la teta del mismo imperialismo, el cual en definitiva lo adoptó públicamente?

La experiencia, sólo la experiencia militante, nos indica lo segundo. Betancourt, desde que Rafael Simón Urbina lo foeteó cuando estudiante, se dejó reclutar por la CIA en ciernes. Su compromiso, desde entonces, independientemente de la no militancia de Urbina, fue filtrar al PCV con fichas pro-imprerialistas y simultáneamente, auparlo con dólares para la expansión del grupúsculo que le acompañaba y que la apertura democrática del Presidente Medida Angarita legalizó.

Más adelante hablaremos de algunos connotados ficheros que aún viven y ríen al lado diagonal de los sempiternos representantes de la burguesía apátrida. Mientras tanto, más del blandengue pedestal de ese auge y caída de los adecos (adeco es adeco… y se murieron), ese pueblo revolucionario que fortaleció a Acción Democrática y llevó al poder a Rómulo Gallegos. Pero el socio de Betancourt, Marcos Pérez Jiménez, se prestó al imperio mientras el Napoleón de Guatire tiro la piedra y escondió la mano (tildó a Gallegos de blandengue con los comunistas). Es decir, entre los dos tumbaron a Gallegos. Luego Pérez Jiménez mató a Chalbaud, su cuñado, y al asesino de éste Simón Urbina para, de paso, cobrar los foetazos (por m…a) a Betancourt.

Pues cáiganse amigos lectores, ese Betancourt, de cuyo partido queda la misma cantidad de militantes (Ramos Allup a la cabeza) de cuando Medina los legalizó fue quien, por órdenes de la CIA, captó e infiltró, por medio de sus secuaces primero, entre otros, a Manuel Caballero, allá en Francia cuando este gozaba de una beca de “Adela”. También a Pompeyo Márquez a través de personeros activos en los medios de comunicación, quien se especializó en la juventud adeca en el movimiento de las dos caretas con lo que confundió al mismo Kremlin, hasta “lamentarse” por el asesinato de Ruiz Pineda después de una reunión en El Junquito y separados, “Santos Yorme” hacia El Valle y Ruiz Pineda hacia San Agustín del Sur. ¿Quién pitó la ruta de Leonardo? ¿Acaso sería el “gran” David? Tarugo se llevó el secreto a la tumba.

Pero es que los pueblos, los seres humanos, saben más que los “estudiosos” cizañeros. Las bases del Partido Comunista y de la revolucionaria Acción Democrática, lo supieron primero. Esos “dirigentes” no son de confiar. Pero estos se empeñaron en darle argumentos a la burguesía. Teodoro, por su parte, para crearse el prestigio revolucionario que no logró en las montañas de Falcón, asumió como suya la “acción heroica” del tren de El Encanto, en la que Américo Martín fue el artícife de la orden desde las serranías de El Guapo, a la manera de Carlos Andrés Pérez de culpar “por los muertos que yo maté” a los comunistas, que fue lo que hizo Teodoro, después de pasar agachado durante décadas: “A esos guardias los mandó a matar Guillermo García Ponce”. Cobarde, después que te dio la mano en el túnel del San Carlos.

Entonces, compatriotas bolivarianos que son la mayoría en este, nuestro País, incluidos los que no quieran a Chávez, esos son parte de los que se suman a la jerarquía católica (Porras y compañía) para reírse por la muerte de William Lara y Guillermo García Ponce. La carcajada se escuchó a leguas, Cardenal Urosa.


Patria, Socialismo o barbarie.

pedromendez_bna@yahoo.es



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Pedro Méndez


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