Llegando a la utopía

Las mayorías de las Constituciones rezan: “Los seres humanos constituyen el centro de todos los esfuerzos”, es una gran generalidad, pero, construyendo el socialismo la Constitución se debe adecuar al humanismo socialista utilizando las mejores herramientas para lograrlo. La incorporación a la Constitución de la norma de que el ser humano es el centro de todos los esfuerzos de nuestro proceso revolucionario debe ser al mismo tiempo realidad social y programa de trabajo futuro.

La cultura revolucionaria tiene sus raíces teóricas en el marxismo-leninismo, cuya práctica debe ser el interés material para el beneficio colectivo, y con esto, el desarrollo del ser humano, todo en conjunto ocupa un lugar central del esfuerzo del gobierno, porque, la finalidad es el desarrollo general instaurando completamente el sistema económico al socialismo, única manera de preparar la transición industrial, la soberanía alimentaria y una verdadera legislación para construir el socialismo.

Ahora sabemos que no todos los caminos revolucionarios llevan al socialismo. Cualquier camino no es válido para construir el socialismo, hay que escoger el mejor una vez que se confronte el marxismo y el capitalismo, las dos no se apegan a la realidad socio-económica y ambiental de nuestro tiempo. Requerimos dominar la revolución científica de la mano con la implementación del sistema económico como punto crucial del proceso social para desarrollarlo.

La revolución debe transformar las condiciones materiales, espirituales, bajo la guía de la educación que descubra a la cultura de un modo comprensible y claro el supuesto a partir del cual, se experimente la coincidencia ideológica con la práctica de un sistema científico que se gane al pueblo para actuar duradera y activamente a partir de la inmediata participación de la gente en las decisiones económicas de la nación.

Toda revolución debe responder a metas realistas, un puerto de llegada posible, y es responsabilidad de los líderes asegurar que esto se cumpla a tiempo con sacrificios justos. El siglo XXI no está para procesos eternos, la tecnología actual transforma en ridículas esas revoluciones que requieren décadas para realizar las transformaciones fundamentales. Todos tenemos sueños, metas, que la tecnología en un gran porcentaje hacen realidad, la revolución es una meta compartida, una visión de un Estado futuro, comunitario, sin prometer generalidades para que la gente compre al gobierno.

Liderazgo no es una cuestión de estilo, ser líder no significa aprovecharse de la ignorancia de la gente, o del que mejor habla o tiene la agenda copada. La responsabilidad del líder, es proveer un sueño definiendo una ruta, formar nuevos liderazgos que lo puedan reemplazar, lograr más y mas resultados, aceptar las criticas, garantizar sostenibilidad, comunicar y compartir el poder con el pueblo elevando el nivel de dirección en todas las estructuras públicas, es además, fiscalizar el trabajo educativo-ideológico de la revolución.

Lideres que ocultan las implicaciones de los problemas, la mayoría de la gente no está dispuesta a aceptar ese ocultamiento, no se puede ir descubriendo con el pasar de los años que la manipulación de los problemas necesitan nuevas manipulaciones para ocultar la corrupción o el pésimo manejo económico sosteniendo la devaluación, o prometiendo soluciones maquillaje para las misiones y los consejos comunales sin proyectar una reingeniería social en las estructuras políticas como en la salud y en la educación, logros, hasta ahora, más político que social.

Hay que explicar con más hechos como seria la vida en un sistema nuevo con una verdadera participación del pueblo y con suficiente detalle aprovechando la experiencia de la gente, de tal manera que el gobierno tenga más credibilidad. La ruta es tan importante como el destino y debe ser compartida, ya es hora de decir que este proceso es representativo, y si esta representación marca los hitos de lo que será el proceso 10 años más tarde entonces es necesario comunicar al pueblo el camino que debería seguir, asegurándose de energizar la visión de la gente con los logros obtenidos para trazar el camino con una verdadera revolución.

En revolución la calidad de la comunicación efectiva es proporcional a la sencillez y simplicidad, menos palabras es mejor en los funcionarios que viven el proceso con el discurso de campaña o directores que solo hablen y analizan, cansan, hasta perder apoyo. Es una estrategia positiva cuando se explica las proyecciones en poco tiempo, los resultados, son los pilares del triunfo en ellos se asientan el futuro del proceso, pero, si, a cada rato decimos:”no es poco lo que se ha logrado” estamos vendiendo conformismo.

Saber medir los resultados revolucionarios por parte del pueblo sin influencias de ningún tipo, es lo que hace falta, es fundamental para avanzar, de lo contrario preguntémonos: ¿ya sabemos cuál es el camino para no retroceder y solo avanzar? Y, si sabemos que ya no vamos a retroceder ¿la sostenibilidad dependerá de la demagogia o de los resultados?

Solo usted sabe a ciencia cierta si estamos o no llegando a la utopía.



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Raúl Crespo


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