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Atrás quedaron los días de las declaraciones destempladas, de la retórica. Hugo Chávez y Barack Obama demostraron ayer que tienen “prisa” en recomponer la relación, porque decidieron pasar por alto el protocolo político (la aprobación parlamentaria) que hubiera significado un cambio de embajadores.
“Obama tiene un estilo diferente”, refiere la escritora estadounidense, Eva Golinger, y vaya que lo muestra, hasta ahora, los dos líderes latinoamericanos que ha recibido en la Casa Blanca (Lula da Silva y Michelle Bachelet) lejos están de la derecha que siempre rodeó a George Bush.
En este nuevo contexto, “hace falta bajar las declaraciones temperamentales”, recomienda Félix Arellano, director de la Escuela de Estudios Internacionales de la UCV.
En las filas opositoras, la decisión del Gobierno de EE UU tampoco pasa desapercibida. Se produce justo cuando su dirigencia (a través de Antonio Ledezma) busca “oxígeno” donde históricamente lo han conseguido, en Washington.
El diálogo de Trinidad y Tobago, o tal vez Las venas abiertas de América Latina, el libro que Chávez le regaló a Obama, comienzan a dejarse sentir en una relación que, por lo que se ve, no volverá a los días del forcejeo, ni la retórica del pasado reciente.
